miércoles, 26 de abril de 2017

ANÁSTASIS GALLARDA

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Era casi media noche cuando Don Virulana se encaminó al claro del bosque. Aquella caminata diaria a través de los árboles sombríos, tenía un solo sentido: observar las únicas compañeras: la luna y las estrellas.  Pues si, este gallardo no sabía cómo, pero tenía la certeza de que ellas le darían la señal que hace tiempo esperaba. El Viru, se había internado a vivir en soledad desde hacía 37 años, y nada menos que en el bosque Las Tinieblas. Esto, por supuesto, no había sido idea suya, sino de su sabio maestro, el anciano Oscaruis. El motivo era obtener sabiduría y olvidarse un momentito de las mujeres, debilidad pasional encarnada. Apesumbrado pero obediente, había ido a parar en una pequeña cueva que hacía de celda, metida en las profundidades del bosque. Su aspecto, que en algo había cambiado, seguía igual de flaco, aunque su barba había crecido largamente unos 10 metros, y una lechuza vivía allí abrigada.
Finalmente llegó al claro y contempló su fiel compañera, que lo recibió con un saludo frío como el acero. Y según el rito antiguo, encendió un cigarrillo rubio que ya estaba rancio por los años. Largando lentas bocanadas, pensaba preocupado en sus cofres de cigarros, pues se estaban agotando, y su maestro aún no lo llamaba. "¿Acaso se habrá olvidado?", y recordó que hace ocho días había visto allí mismo un signo extraño: algo semejante a un ave oscuro cruzar la luna, y luego ocho nubes veloces con forma de sandalias. Suspirando la última pitada, oyó un sonido grave provenir desde muy lejos, lo cual lo llenó de espanto, al igual que la lechuza que asustada montó en vuelo dando un chillido. El miedo lo dejó atónito y agudizó todos sus sentidos. De pronto, una voz como de trueno prorrumpió diciendo: - ¡Vuelve filio mío, llega la hora!-. Era la voz de Osacrius.
Instantes después, recuperado el aliento, corrió a toda marcha a buscar sus cosas. Hubiera llegado en cuestión de minutos, si no hubiera olvidado enrollar su barba, y la cuestión es que tuvo que pasar toda la noche desatando su barba de un algarrobo. Finalmente para el alba, ya tenía listo sus cosas: su bastón, su petaca de whisky, el último atado de cigarrillos, su boina y su chaleco de oveja. Al fin, el camino de vuelta, rumbo al monte "El Monte del Anciano" "Peligro".
Y así fue como caminó durante cinco semanas si reparo, cruzando montes y ríos, verdes valles y quebradas, hasta introducirse en un sendero de planicie. Mientras caminaba pensó: "¡Que hermoso prado para fumar un cigarrets!", olvidando que era la décimo novena vez en día que lo hacía. Y fue justo cuando aspiraba, que vió a lo lejos un peregrino que venía por un sendero alternativo, en misma dirección de él. Este, se llenó de miedo y ansiedad, pues no veía un ser humano desde su partida, y esta excitación, hizo que apurara unos cuantos sorbos de whiskys, hasta perder la memoria.
-¡Despierta dormilón!- Dijo el extraño sacudiéndolo. Don Virula abrió los ojos mareao, y vió la carompa de un negro africano. Medio aturdido respondió:
-Disculpe, extraño ser, uf! mi cabeza da vueltas-
El extraño al oír esto, lo reconoció, y riendo largamente exclamó:
-¡Don Virula! ¡Que gran alegría verlo al fin! ¡Estás igual!- Este respondió:
-¡Don Ojota, pero si es usted! ¡Le ha crecido al fin una pelusa en su barbilla! ¡Qué sorpresa! ¡Hagamos un vació a las llamas y bebamos un buen vino que debemos charlar como nunca!-
Y así fue, esa noche, bajo un sauce, no faltó nada: carne, ensalada, vinos, guitarra, fogón, y unos cofe creem digestivos. Una vez los labios color púrpura, El barbudo preguntó:
-Dime, amigo oscuro, ¿de dónde vienes y a dónde vas?, ¿qué ha hecho contigo el camino estos 37 años?- A lo que respondió
-Pues, es una historia larga, verá, un año después de tu partida misteriosa, me llamó mi maestro secretamente y me envió a buscarte. He andado todos estos años buscándolo en los caminos, y aquí estas, espero que Abba Oscarius no se haya enojado aún.-
-Espero que no- dijo Don Virula, y le contó de su retiro. Esa noche hablaron hasta que el fuego no chispió, y la lengua no obedeció mas.
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Luego de despertar 3 días después, ambos, copa aún en mano, reanudaron su marcha rumbo al monte donde habitan los sabios consejeros.
Cuatro semanas después, por el camino, vieron abajo en la quebrada tres peregrino en misma dirección, y si el encuentro anterior fue alegre, más aún fue este al encontrarse con nada menos que Dom Abbuba, quien ya estaba muy encorvado y pelado, disimulado el melón por una gran capucha verde, El duque del Godoy, quien el tiempo le había estirado los miembros varios metros, llegando a medir 4 metros, (este tenía por esposa a la Elfa del Este) y Jhon el menor, cuya nariz llegaba al suelo.
Allí mismo prepararon un jabalí al disco, y le comentaron a los dos, que hacía 37 años que el sabio maestro los había enviado a proteger las fronteras, llevando una vida austera llena de peligros, penas y soledad, hasta que finalmente se decreto la paz, y volvían a casa. Los cinco caminantes reanudaron felices la marcha.
Después de caminar varias semanas, Don Ojota advirtió a sus amigos del lugar que debían atravesar, nada mas que la región de las ninfas hechiceras. No debían prestar oídos a sus seducciones, pues caerían en un encanto para siempre.
Poco a poco el paisaje comenzó a llenarse de flores y dulces fragancias, y los gallardos comenzaron a sentirse muy felices interiormente. Don Virula, mirando a Abbuba, vió que este sonreía estúpidamente. De pronto Don Ojota exclamó con aire soñador:
-Que bello es el amor- A lo que el duque contestó:
-Mi bella Verunil, vuelvo por ti-.
Don Virula se alarmó un poco al ver estos signos, pero pronto lo olvidó todo, viendo elfas hermosas tocando las cítaras, cantando tonadas, ¡Y los cogollos iban para él! Luego otras dos le ofrecieron vino y cigarros, mientras lo adulaban. El flaco estaba en éxtasis. De pronto, siete ninfas levantaron hojas de palmera, y pudo ver Virula que tras esas palmas, se encontraba la elfa Angylem, reposada sobre almohadas, coronada de plata, haciéndole señas para que se acerque. El flaco hubiera dormido para siempre, si no hubiera sucedido un curioso hecho: en el interín, por esos santos artilugios, Virula miró al costado sobre su hombro, y vió con sorpresa que en un rincón, rodeados de las más hermosas elfas, que aplaudían y les besaban los pies, se encontraban Jimmy el Cazador, y Zaqueus de la Guerma, quién tocaba una viola, una canicón que decía "Feliz angustia, razón de mi desvelo..."
Cuando esto ocurrió, claramente despertó del sueño, y vió con susto como unas mujeres horripilantes se llevaban a sus amigos. Despertarlos no fue fácil, sobre todo a Jimmy el cazador. Hubiera sido imposible de no ser que Don Ojota encontró escondido su vehículo "La Zafibrother". Al reconocer su bocina, finalmente despertó. Huyeron rápidamente en el automóvil.
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Puestos en camino, sentían todos cierta Melany, hasta que Zaqueus cebó unos mates con una extraña pócima, "Me la dió mi abuela, cura las melancolías, prueben" y poco a poco recuperaron el ánimo.
-Qué curioso es encontrarnos nuevamente, queridos amigos- rompió el silencio Jimmy, a lo que Zaqueus respondió:
-Si, hace años no nos veíamos, al menos desde que Oscarius nos envió a rescatar siete elfas, víctimas de las ninfas-
-¡Con que a ustedes también los envió el maestresala!- Cortó Abubba,
-Amigos, creo que aquí hay algo más que la casualidad-Respondió el del Godoy, y añadió -Pues vean, todos fuimos enviados por el mismo Abba, y todos juntos estamos volviendo- ,
-Claro- dijo Ojota - él nos trae de vuelta, la pregunta es para qué- A lo que Jhon contestó:
-Sea lo que sea, se me ocurre que esta cuaresma vivida, requiere una pascua. Intuyo que algo se avecina, no me pregunten qué, pero algo nos encomendará.
Todos quedaron pensativos y encendieron el fuego del cigarro, cigarro que recordarán como el día del encuentro, lo cual les trajo muchos recuerdos., recuerdos de sus juventudes, cuando se paseaban por las noches, en el bello pueblo del Mistol, donde no habían pesares.
Ocho días después llegaron al pié del Monte, y todos se llenaron de un Santo Temor. Dejaron el auto de lado, y subieron en silencio, mas El Venerable anciano les había salido al encuentro:
-Felices mis gallardos, hace tiempo los espero, alegran mis días finales- dijo.
Al oír esto, quedaron encandilados por la luz que brotaba de su cuerpo, hasta que poco a poco comenzaron a verlo.
El maestro los invitó a pasar, y allí les mostró grandes maravillas y profundos secretos. Su misión consistía en devolverle el brillo a las cosas, luchar a fuego y espada contra el enemigo que había puesto un velo en el orbe, para que nadie vea su belleza, para que el hombre olvide que en cada cosa, existe un belleza infinita, que habla del Hacedor. Para que nadie vea, oiga, huela ni toque, la huella que Él ha dejado en todo, para que podamos encontrarlo.
Allí permanecieron durante un tiempo, y les fue devuelto un viejo blog lleno de polvo, para no olvidar jamás esta consigna, para que los días no adormecieran la vista. Románticos y soñadores, vuelven sobre esta epopeya... Y aquí, se encuentran pequeños destellos de lo que han visto los gallardos, sobre realidades indescriptibles...

Una semana después, Don Virula y Don Ojota salieron al balcón a encender sus pipas, y el morocho preguntó al huesudo:
-¿Aún no ha vuelto? Este respondió:
-No, Don Hilario se demora, sus noticias son escasas, esperemos que haya cumplido su misión-
Acababa de lanzar una bocanada de humo, cuando vieron llegar por el camino un grupo de jóvenes gallardos, dispuestos a prestar su espada por la causa mas noble.


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                                                                                    Don Virulana de Los Gamos

martes, 25 de abril de 2017

Pascuas de un amigo gallardo.



¿Se puede ser romántico sin amigos?
¿Podrá el romántico ser tal sin antes ser amical?
¿Es que se puede tener amigos no gallardos siendo romántico?
El amigo de un romántico, ¿tendrá que ser gallardo indefectiblemente?
Miran los astros estupefactos las cavilaciones de un caminante nocturno.
Y es el mismo andariego vigía que espera de las estrellas alguna respuesta.
Mas, por ventura, ¿es que yo elegí amigos gallardos para devenir romántico en un mundo asustado?
¿Es primero la gallardía o el don de la amistad gallarda? ¿Se dará al mismo tiempo?
Las alas de mi imaginación -¿o mis pies?- pasean por el mundo y me pregunto:
¿Es que ya no hay gallardos porque no existen veras amistades,
o es por ausencia de gallardos romanticismos que asistimos a la agonía de la amistad en el orbe entero?

Vuelve la mirada a mi lejana Comarca y se estremecen mis entrañas de gozo al saber que todavía allá, en mi bendita Mendoza, existe una aldea de gallardos amigos.
Que se seque mi lengua y mi mano derecha y que mis rodillas vacilen si me olvido de mis compañeros de batallas y baladas.
Si avanza el peregrino por sendas desconocidas y peligrosas, es porque lo alienta el recuerdo de Gallardos que dejaron sus Galas en servicio de la Belleza.
Sólo andando y andando como mendigo o como girovano,
pero nunca con los ojos cerrados para ver huellas en rostros humanos y en caminos desesperados,
es que uno hace la experiencia de la fealdad que campea a diestra y siniestra en periferias y en capitales del mundo.
Guarda, amigo Gallardo, que esta fealdad no es la creación fascinante del gran regalo del universo,
ni proviene de aquella Mano Hacedora de maravillas y hermosuras.
No.
Es aquella muy otra que pinta el hombre contemporáneo.
Es aquella muy otra que inspira el que es Feo y Malo.
Es aquella muy, ¡muy!, otra que paraliza un andar enamorado.
Más es, recordadlo bien, la gallardía de los amigos que siempre acompañan en mil viajes -en EL Viaje- lo que mueve los pasos frágiles y los pensamientos tímidos.
La promesa de un reencuentro con los amigos gallardos -con El Amigo Gallardo- es lo que siempre animará al peregrino de la paz celeste a continuar el rumbo de nuestros antepasados.

¿Seremos el último escuadrón de amigos poetas que quede sobre el planeta cantando nostalgias y maranathás?
No podría saberlo.

Sin gala desde la romántica Italia,
Don Hilario de Jesús.♧