jueves, 30 de diciembre de 2021

En busca del Espejo Escondido.

DIA IV

Seguimos en lo escondido, en el huerto escondido, oculto a los ojos curiosos y a las visitas bullangueras. Los sucios pies de los orcos no han hollado este jardín, no conocen el sendero para llegar hasta aquí. Sólo este vergel es habitado por hombres camperos y mujeres hacendosas. Apenas si se ven algunos viajeros como nosotros, felizmente hospedados por los nativos cordiales. Si bien hemos llegado hace poco, casi que se podría hablar de una nueva comunidad vacacional, eventual: los viajeros con los oriundos de este pago.
Al mediodía decidimos ir a conocer, no obstante, otro sitio escondido, otro rincón mágico. El Lago Espejo Escondido. De difícil acceso, arribamos con ansias. Vimos un cuadro singular desde una esquina estratégica para la contemplación: más montañas arropadas de un verde oscuro con sus cimas peladas, unas aguas azuladas con líneas blancas, plantas acuáticas orillando sus tallos, una cascadita tímida para acoger una ermita y un río turquesa cristalino con largos troncos caídos que aparecían sobre la superficie para avistar al caminante. También pececillos de estas aguas frías salían para ver quién andaba por allí, o para saludarnos con sus saltos patagónicos. Recorrer ese río abajo fue otra experiencia sensible que nos hizo emocionar. Fue para el ocaso. Fue para el recuerdo.
Y así de contentos y sensibilizados, volvimos a la querida Villa, con el secreto del Espejo Escondido, espejando un cielo claro y profundo.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Hortus conclusus: una exploración, una sensación.

 DIA III


Jornada larga, día intenso.

De caminata matinal explorando la Villa Traful, el "Huerto Cerrado".

Asombrados por la quietud del lago, la ausencia de viento, el espejo natural. Siempre de mañana.

Conmovidos por el camposanto del lugar, cercado por altísimos pinos en cuyo centro se hallaban pintorescas cruces y musgosas tumbas desde donde nacían múltiples y variadas flores que daban al cementerio un aire encantador y terrible a la vez, por su belleza salvaje, por su aspecto dinosíaco. Huerto cerrado dentro del otro huerto cerrado. Silvestre y pequeño jardín de aquel otro gran jardín trafuleño; evocaciones edénicas inexorables.

(Algunos habíanse propuesto alcanzar el Mirador del Viento, pero sólo llegaron pocos. El viento, no había entrado en escena todavía.)

Al mediodía apareció el viento sin aviso. Desde el muelle veíamos su furia, arrogancia o vanidad, peinando los colihues y formando olas dulces.

Por la tarde, lo mejor del día. Nos adentramos lago adentro con una lancha para conquistar una remota ínsula que hallábase oculta a nuestros ojos, en un brazo huidizo del inmenso lago. Quisimos también superar las olas, enfrentar el viento, nadar en profundidad, pescar en movimiento... en una palabra, sentir que aún seguíamos vivos. Que conservábamos el pathos-ethos-logos

Sí. Refrescar nuestras mentes y nuestros espíritus. Revisar nuestra capacidad de asombro. Padecer la anchura, la hondura, la altura y la largura de todo este huerto cerrado, desde su epicentro. Allí, a flote, pudimos contemplar la magnificencia de un paisaje verdaderamente deslumbrante. Y en el crepúsculo, procurando el ocio en medio de la acción y de la adrenalina, logramos divisar los juegos de las luces, el choque de fuerzas puras, las sombras graciosas,... el aleteo de los ángeles. Experiencia desgarradora volviendo de la travesía. Llanto interior, plegaria muda. 

Y por la noche, con el cuerpo cansado pero con el espíritu en alto y la mente esclarecida, luego de una cena olvidable, fuimos al conocido muelle a intentar dar con la presa deseada, con la trucha de los sueños -o de las obsesiones. Algunos fueron a despuntar el vicio, y al ver que el sueño ganaba cada más terreno, decidieron volver -los más esperanzados se quedaron hasta el alba. Sin embargo, cuando estábamos por retornar, un cuerno de fuego se vislumbró en el horizonte. Creíamos, al principio, que era una zarza ardiendo. Después un eclipse lunar. Finalmente distinguimos con seguridad la forma embelesadora de una luna en cuarto menguante. Primero roja, luego naranja y poco a poco se fue tornando plateada y hasta blanca cuando regresábamos de la pesca nocturna. Un auténtico regalo del Creador. Ese nacimiento de luna nos recordó en qué fiesta seguíamos: la fiesta del niño nacido. Ese don, del hijo dado.

Y ese rojo inicial convertido luego en blanco purísimo era todo un símbolo del día de los Santos Inocentes que celebrábamos: martirio e inocencia, sangre derramada y blancas vestiduras.

¡Primer grito de victoria del Niño Rey!

lunes, 27 de diciembre de 2021

Llegando al Traful, que ya estaba.

 DIA II


"Nos ha sido dado"...

Continuamos en la fiesta del gozoso "nos ha sido dado". La fiesta del Don y del Donante. Celebramos la manifestación del Regalo; de los inmerecidos regalos; de todos los regalos que existen, pequeños y grandes.


En esta corriente de gratis date proseguíamos nuestro viaje sureño. Sorprendiendonos por la transformación abrupta del paisaje: de la desnuda estepa a la exuberancia de la Naturaleza, a la explosión de vida por el agua que se derrama del cielo copiosamente. Apenas unas gentiles piceas cual mensajeras del mítico rey de estas latitudes nos anunciaban y advertían la inminencia del encuentro con una nueva luz... que podría enceguecernos.

Pero seguíamos el destino rutero con determinación. Cuando en una curva, de las tantas que abundan por la ruta 40°, vislumbramos un volcán. El volcán Lanín que ciertamente nos causó cierto pavor por su presencia repentina y desafiante, aunque distante. Desde entonces el volcánico observaba nuestro andar, imperturbable. Más adelante, una gigante olla nos animaba a descubrir las últimas causas de su forma de cráter con sus corrales de piedras que la circundaban. Terminaciones telúricas asombrosas, de eso se trataba.

Nos aproximábamos a la meta. Si bien disfrutábamos el paseo, recreándonos incansablemente, queríamos llegar. Y al llegar, queríamos reposar. Y posar la mirada contemplativa sobre el objeto. Con un enfoque creacionista. Con una perspectiva lumínica. Para seguir viviendo de lo contemplado, de lo dado, de lo concebido por el Creador.

Para dialogar con Él, sobre Su idea en las cosas, de Sus cosas. Sobre el porqué de todo eso que veníamos viendo y contemplando con tanta fruición: sobre el cráter, sobre el volcán, sobre los corrales de piedra, sobre el reino mineral, sobre el reino vegetal, sobre el árbol aquel, sobre la roca aquella, sobre todo, de todo; todas las cosas, las cosas, la cosa, la idea, la esencia, la verdad. Nuestra mente receptora y Su mente creadora, sin más. Nuestra mente que se esforzará en ser, al menos por unas vacaciones, dócil, atenta y benévola.

Para ello, una vez arribados en Villa Traful y acomodados los trastos y comido el queso compañero, nos acercamos respetuosamente a saludar el Lago. A sentir, primero, su agua fría besando los pies. Y detenerse en su orilla para mirarlo, y mirarlo, y mirarlo. Entonces fue que nos dimos cuenta que la admiración de este cuadro no suscitaba el vértigo y no producía el temblor que generan los océanos al ser admirados.

¿Por qué? Difícil cuestión.

¿Será que en el misterio de los lagos, con aus montañas y sus bosques, todo está ceñido, enmarcado con sus contornos precisos?

¿Será que se subestima la indomable energía que se contiene en estos parajes y se presume de un poder de dominación que no existe?

¿Será que no se es un niño indefenso como ocurre cuando se está frente al mar?

¿Será tiempo, permanencia?

¿Por ventura habrá que obligarse a superar la embriaguez que se producen en los sentidos ante tanta invasión de lo bello en sus múltiples percepciones?

Porque habrá inmensidad en el mar, pero hay austeridad.

Hay la esplendidez de las montañas, pero hay austeridad.

(¿Estaré utilizando bien el término "austeridad"?).

Sin embargo, aquí cuesta captar la austeridad, si es que la hay. Aquí todo rebosa, excede, estalla en colores, sonidos y aromas. En infinidad de armonías. Decir que este entorno natural es un verdadero festín de los sentidos, es decir poco. Pero nada excusa descubrir la verdad que se esconde en este lago, en este bosque, en este monte. 

En este locus amoenus.  Y para eso tenemos más días, aunque no muchos...


《¡Emite lucem tuam et veritatem tuam!》

domingo, 26 de diciembre de 2021

Al Sur, por el "Corral de piedra".

 DIA I


Llegó nuevamente la hora de partir, con los amigos, a vacar. Esta vez no será a la mar; no será Miramar del '19. Será el Sur. El sur patagónico, una vez más.

Partimos de la ciudad en busca de claridad. Partimos en la claridad de la Navidad a la claridad de la Natura. En la luz que nos permite ver la luz. La luz de la res. Luz participada de la luz eterna. Luz que ordena y orienta. Así de iluminados, pues, nos disponíamos al viaje.

Viaje comenzado con un queso ahumado y un licor de hierbas para aliviar el espíritu. Espíritu que se iba  aliviando y dilatando con preciosos sones de Juan Sebastián Bach. Espíritu en expansión por la extensión y la belleza de la estepa malargüina que se iba presentando ante los sentidos de los viajantes.

Y Malargüe, ¡y cierra Cuyo! El anchuroso desierto de piedra. "El corral de piedra". Siempre por la ruta 40°, con la Cordillera y el Río Grande escoltando la travesía. Divisando en el andar calmo por el trecho pedregoso todos los perfiles posibles de las montañas sureñas, lejanas, poco observadas. Contemplando con gratuito asombro las sublimes ablaciones del divino Escultor sobre aquellas vastas zonas de pura roca. Mirando las verticales paredes de irregulares formas con sus variados colores. Prestando especial atención a los degradé de los montes que cada tanto asoman en la sinuosa huella, sorprendiendo entre valles y  quebradas. Apareciendo figuras, singulares, cada vez más extrañas a medida que el camino avanzaba. Rocas volcánicas cual gigantes racimos de uva sabiamente colocadas sobre la tierruca. Meteoritos de un tiempo inmemorial, inmemorial como la época en que los titanes supieron luchar o jugar en este campo hinóspito, o cuando los dinosaurios paseaban hollando el terreno virgen. 

Tierra que por momentos evocaba aquella otra de Mordor donde la atmósfera es caliginosa y el Monte de la Tentación atrae con oscuros artificios. Pero también tierra que, profundamente, recordaba aquella otra donde mana leche y miel. Veíamos murallas chinas naturales que se perdían en lontananza. Veíamos una ciudad hecha de pilares rocosos  construídos por quién sabe dónde y quién sabe cuándo. Veíamos barcos y arcas petrificados que se hundían por doquier. Estrías en las cuestas cordilleranas, cumbres desnudas, peñones altivos y vigilantes, volcanes temibles y nieves eternas podíamos ver. Todo nos hacía estremecer, todo nos emocionaba.

Y todo acontecía aún dentro de los lindes de nuestra comarca mendocina. Las horas pasaban y pasaban, y uno creía divisar el confín del mundo, imaginaba arribar al faro del fin del mundo. Y, sin embargo, el tiempo parecía haberse detenido, con el sol fijo en su cenit, ahuyentando cualquier sombra.

(Parábola navideña que nos era dada, que nos era nacida, despertándonos de un viejo sueño, quitándonos un peculiar cansancio.)

Bajo esta lumbre generosa lo contemplábamos todo, lo elogiábamos todo, y las canciones se rehacían. 

Candelaria de los caminos.

Fiesta de las luces.

Luminosidades que sólo el sol mendocino puede generar sobre lo pétreo de aquí. 

Reino mineral que comparte sus tesoros con los que saben aquerenciarse aquí.

¡Qué poco saben los que te ignoran o menosprecian, estepa colorida!

¡Qué pocos se te acercan para buscar y beber tus propias luces!

Pedregal inmenso que te manifiestas a los corazones de carne. Que quiebras los corazones. Que hieres con tu presencia silente, austera, adusta.

Monstrensca. 

+++

Seguimos surfeando la pétrea ola en el coche de eléctrico azul... El sol se va poniendo. Nuestros rostros se van iluminando. Y una ilusión nos espera al fin de esta jornada, cuando el derrotero inicial se acabe en Zapala...

sábado, 25 de diciembre de 2021

Paradojas navideñas, grandes alegrías del corazón.

 




Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso", "Dios fuerte", "Padre para siempre", "Príncipe de la paz". 

Is 9,6

Lc 2, 7-12: Pastores y Mt 2, 9-12: Magos.


¡Oh Paradoja navideña cantada por el Profeta!

Paradoja inconcebible para la mente humillada pero secretamente diseñada para el misterioso corazón del hombre.

Corazón que gime anhelando que las paradojas anunciadas se manifiesten y se realicen.

Promesas resguardadas en paradojas que mantienen en tensión el espíritu humano, como aquel Niño "envuelto en pañales y recostado en un pesebre" atrae irresistiblemente a los pastores vigilantes: signo de contradiccion, santo y seña de nuestra fe.

¡Oh Luz inmarcecible y sempiterna que apareces en una cunita de paja, en lo escondido de una cueva, en el medio de la noche oscura, en pleno invierno frío!

Silencio total, condición indispensable para acercarse al Misterio, para permanecer en la paradoja, adorando, adorando con asombro, por el asombro, asombro esperanzado que permite ver la Estrella en el fondo de las tinieblas, en el horizonte de la existencia; humilde obediencia que camina y camina en busca del Hijo recién nacido y donado.

Niño pequeñito y frágil que sin embargo eres el "Dios Fuerte".

Hijo primogénito nacido de la Mujer que eres el "Padre para siempre".

Niñito necesitado y alumbrado que ya eres, no obstante, el "Consejero maravilloso".

Bebe rodeado de heno y escoltado por animales que eres nombrado "Príncipe de la Paz".

¡Oh Divino Principito ya preanunciado entre paradojas y en enigmas: Tu nacimiento no ha venido a anular las paradojas y los enigmas sino que ha traído Tu gracia y Tu verdad para vivir siempre en y de Tu presencia, adorando Tu misterio de salvación mientras andamos continuamente -como magos y pastores- por esta tierra de sombras, por esta Belén sinuosa!

Hijo y Niño consejero, fuerte, paternal y principesco, Soberano de todo lo creado, has venido a liberarnos y rescatarnos, y por eso estamos felices y agradecidos.


Porque Navidad es así.

Porque Tu Natividad, oh Cristo, es y será así.

Porque Navidad es hoy, y es todos los días.

En misterio, en paradoja, en enigma.

En Gracia, en Verdad, en Luz.

Con fe y adoración.

En el amor agradecido y rebosante de júbilo. 


¡Gracias, gracias, eternas gracias mi Señor Jesús!


lunes, 20 de diciembre de 2021

CARTA A UN CATECÚMENO ZAMBERO




Los Gamos, Año 124 de la Tercera Edad

Querido Juan Sebastián Saravia:

Te escribo desde mi humilde habitación, en estos días calurosos de enero. Como ya sabes, tengo prisión domiciliaria por dieciocho años. Así lo dictaminó el tirano del juez, el Dr Atilio Masón Felsenburgh, luego de encontrar nuestra guarida clandestina donde nos reuníamos a tocar zambas en tiempos de pandemia. Se me encontró culpable de violar la cuarentena, ignorar la ley seca, golpear violentamente a la autoridad, balear dos policías y entonar cantos patrióticos prohibidos en el calabozo. Gracias al cielo, El Marqués del Godoy intervino en mi favor para evitar la perpetua. Las cosas han cambiado mucho estos últimos años. Hemos perdido terreno en todas las cuadernas. Recuerdo con nostalgia lo que fueron estos pueblos, cuando no existían cines, ni casas de cambio. He llorado amargamente la demolición del último molino. El gobernador decidió construir en su lugar un edificio para la revista "Las hobbits libres y atrevidas". Pero no quiero atormentarte; de lo que pasa aquí, será motivo de otra carta. Quiera el cielo que puedas venir, así conversamos cara a cara. También para que puedas traerme más tabaco y whisky, que empieza a escasear, y el contrabando se hace cada vez más difícil. Lamento mucho lo de tu primo, fue muy heroico de su parte arriesgar su vida para traerme la botella que le pedí. Es una lástima que lo hayan ejecutado. Pero ya habrá tiempo de llorar sobre su tumba. 

Debo confesarte, que le he tomado cierto aprecio a mi prisión. Secretamente, fui descubriendo los beneficios de estar preso. Ya no tengo que trabajar, y puedo dedicar mis años finales a ser monje, y prepararme para la muerte. 

He leído atentamente tu carta, donde me describes tus dudas respecto a las disputas entre zamberos y tonaderos. Con gozo he advertido que no hay curiosidad maligna en tus líneas. Es entendible, que siendo un iniciado en el folclore, aún no tengas un discernimiento propio, y no comprendas las divisiones que han surgido las últimas décadas.

Como bien describís en el cuarto párrafo, tienes una gran inclinación por las zambas, pero te confundes con la actitud decidida de la secta de los tonaderos, cuyo lema es "o canto tonada, o no canto nada". Son cuyanos decididos, hombres de bien e intransigentes. Su valentía y sus discursos conmueven. Conservan las formas y las tradiciones, y cada vez tienen más adeptos. Por otra parte, distingues el folclore progresista, y has visto que su resultado es un tanto amanerado, femenino e inconsistente. Es un buen ejemplo  Abel Pintos, o la Sole, que cediendo en las formas, han terminado mal, muy mal. La Sole pasó de revolear el poncho, a revolear todas sus prendas. Y por último, observas una minoría silenciosa, que no hace alaridos, ni predica. Si, estos son los zamberos. Los que aún aman los clásicos chalchaleros. Los que se siguen conmoviendo con Tiempo Cereal, o Angélica, por mencionar algunos temas. Es un gran desafío poner por escrito un tema tan arduo como este. Pero espero poder brindar luz al respecto, siendo lo más sintético posible.

Hijo mío, lo primero que quiero decirte, es que elimines la dialéctica en este asunto. Que el folclore haya caído en el progresismo, no nos transforma en lo opuesto, no nos debe empujar hacia el otro extremo, en este caso, únicamente la tonada. Si haces así, estarías paradójicamente dependiendo del curso del progre. Mientras más progre se vuelva el folclore, más tonadero hemos de volvernos. No, así no funcionas las cosas. No dejes que te marquen el ritmo. 

En segundo lugar, has de comprender que esta disputa es moderna. Antes no fue así. Hubo un tiempo en que nuestros abuelos cantaban zambas y tonadas, cuecas y gatos, escondidos y chacareras. Todo, todo convivía en armonía. Aún así, cada género tenía su momento. La vida es así, hay un tiempo para reír y otro para llorar. Ciertamente la zamba posee un estilo más profundo, más visceral. No es de extrañar, que con los tiempos oscuros que corren, tanto la zamba como la tonada, se hayan vuelto más relevantes. Esto no está mal. Quien está lejos de casa, no hace más que recordar su casa. Con la reforma del folclore, y la aparición pachanguera, todo se fue al diablo. A veces pienso que es la falta de esperanza y el pesimismo, lo que nos lleva a tomar decisiones extremas. Quiero decir con esto, que esta disputa no siempre existió, y si nos remontamos al origen, no deberíamos ver ninguna contradicción entre una zamba y una tonada. 

En tercer lugar, presta atención a los recortes, y tómalo como una señal de que algo anda mal. Observa los progres, se rasgarán las vestiduras al escuchar un conjunto que sea al estilo chalcha, y lo tildarán de obsoleto, de jurásico, fuera de moda. Verás como se complacen en sus burlas, sus ironías, y una seguridad despiadada en sus palabras. Desechan lo viejo y toman lo nuevo. Luego observa los tonaderos, ellos también recortan el folclore. Parten de una primicia, y la aplican en todas sus vidas. Dogmatizan lo que no es dogma. Hacen de los accidentes, sustancia. Poseen la misma seguridad que los otros. Querido Juan, la seguridad es el peor enemigo en este asunto. Desconfía mucho de los convencidos, es una clara señal de que piensan haber agotado el folclore. Esto no puede ser más que ignorancia. 

La actitud que más me cierra, es la que no cierra. ¡Qué hermosa paradoja! ¡Ábrete al folclore!. No tomes posiciones definidas, busca, discierne, deléitate con la zamba y la tonada. Ten cuidado con todo, mantén los ojos abiertos, y verás, que al ejercitarte en ello, encontrarás la belleza allí donde esté. Te sorprenderás al observar, que hasta en los progres hay canciones rescatables. Nada es bueno por ser viejo, nada es bueno por ser nuevo, nada es malo por ser viejo, nada es malo por ser nuevo. Encuentra la esencia del folclore, y verás que su raíz, puede asomar en la superficie de cualquier lugar. Si conoces la raíz, si has probado su sabia, reconocerás al instante sus brotes. 

Hijo mío, sabes que mi debilidad son las zambas, pero amo las tonadas, y hasta me puedo conmover con una buena chacarera santiagueña. Soy cuyano, y la tonada me es propia, pero también soy argentino, y me son propias todas sus fronteras. Deléitate en la abundancia del folclore, y descubre lo rico que es. No seas bobo tampoco, que mi discurso no es aceptar todo, ni ser open mind chamigo. 

Por último, te recomiendo que leas de este blog, los escritos "Pathos Zambero" o "Soy Zamba". Allí verás las costumbres que tenemos. He tomado de mi biblioteca mis devocionarios "Para Zambarte" y el "Zamberio" donde encontrarás las zambas de las horas. Te enviaré con mi esclavo todo esto, con una estampa de Sam Basilio, nuestro patrono. Luego de esta carta, me abocaré a realizar una lista de zambas patriarcales, para que puedas acudir a ellas con tranquilidad. 

Espero verte pronto, saluda de mi parte a tu tía Carolina, dile que aquí todavía hay solterones de bien. 

Tuyo, Don Virulana de los Gamos

PD: Apresúrate con el asunto del tabaco, acude a Gandalf si es necesario. Otea la noche, y sabrás que algo se avecina. 





miércoles, 15 de diciembre de 2021

Añoranzas Trastornadas

 El siguiente episodio ocurrió un atardecer, en la maravillosa hora dorada en la que los árboles cobran luz propia. Rojo era el cielo y grande el sauce bajo el cual, dos amigos conversaron. Ya estaban medios ebrios, como ocurre cuando hablan de todo lo divino y lo humano.  Para concluir la plática, uno tomó su vieja guitarra, y entonó estos versos improvisados. Desde el vamos que el canto, viniendo de quien vino, no poseía rima ni métrica ni poseía. Su versión original ha sido olvidada, pero decía mas o menos lo siguiente: 





"¿Cómo es posible amigo, sufrir por lo que sufro?

¿Cómo es posible tener nostalgia, por no sentir nostalgia?

¿Dónde quedaron los días, los días de nuestra infancia?

Busco la realidad y en realidad no la encuentro...


¿Cuándo fue que se embotaron, se embotaron los sentidos?

¿Cuándo fue que sin quererlo, olvidamos estar vivos?

La lluvia ya no es lluvia, el vino ya no es vino, 

Y no salgo de mi asombro, al saber que no me asombro.


¡Ay, amigo! debe disculparme, por estos versos intrincados,

no pierda usted la paciencia, si no encuentro mi inocencia,

poco a poco la fui sepultando, con la pronta adolescencia,

y mi mente nublada, va entonando esta payada.


Me entristezco de las cosas, de las cosas olvidadas,

el placer de la existencia, de lo presente y cotidiano.

Saborear cada momento, con pureza en la mirada,

sentir a cada instante, la belleza de mi entorno.


¿Cómo he de volver, a descubrir a mis amigos?

¿Qué debo hacer, para estar en mi jardín?

¿En qué nota se toca, la zamba que tanto se?

¿Por qué diablos este cigarrillo, no lo puedo disfrutar?


No se me enoje amigo, si recito con apuro

justamente es mi condena, razonar con ansiedad

Es que a veces ni los libros, ni las horas de verdad

nadie quiere venderme, venderme la serenidad


Yo maldigo muchas cosas, cosas que debo usar,

comenzando por el celular, y todo tipo de pantalla,

Maldigo la música pagana, y los ruidos de la ciudad, 

Maldigo las empresas, los dólares y las finanzas


Quiero también reprochar, al hombre clerical,

a las confusiones religiosas, que mitigaron mi alegre andar.

Al que de chico me enseñó, que el santo es similar,

al mojigato de cara larga, y castrado en su accionar...

........

Al llegar a esta parte del relato, justo cuando el cantor comenzaba a exaltarse, comenzando el derrotero de sus pasiones, se vio interrumpido por su madre, que desde la ventana de la cocina le dijo:

-Hijo mío, vas a llegar tarde al psicólogo-








lunes, 4 de octubre de 2021

Y tú acudiste, raudo y veloz...

 Y tú acudiste, raudo y veloz.

Por un ANÓNIMO 



"Y a ti, niño, te llamarán..."


Torpes y abundantes son los proemios que consiguen ser una molestia para el lector. Ellos son semejantes a un camarero que, atendiendo a su única y simplísima función de guiarnos desde la entrada de un restaurante hasta nuestra mesa, logra, con sus excesivas y confusas palabras, ser un estorbo; y así arruinar los primeros (y a veces más) pasos que damos en una velada que prometía ser hermosa y provechosa. Intentaré, pues, ser conciso. Este escrito ha venido a parar aquí a causa de un bochornoso negocio. Una deuda, para ser más específico. Deuda, como resulta evidente, de carácter público.
Es sabido por todos que en los tiempos que corren, las demostraciones de amor (incluso las honestas) han sido despojadas de su tan necesario velo de intimidad. Y tiene que ver, sin dudas, con el afán moderno por develar: el expreso rechazo por lo revelado y la adicción a lo develado. Pero, lamentablemente, yo no soy ajeno a mis tiempos, y además, como he adelantado, me apremia una deuda. Una deuda que, como ya habrán imaginado, tiene que ver con una demostración afectiva. Para salvaguardar algún vestigio de aquel sacro velo de nuestra intimidad, omitiré usar los nombres de quienes fuimos los protagonistas de esta historia. Así, entonces, yo seré yo y diré lo que tenga para decir y tú serás tú, y lo verás.

A ti, niño, te llamaron. Y tú acudiste, raudo y veloz (pues la vocación no se ignora). Te llamaron, indigno como eres, a ser Profeta del Altísimo. Y tú acudiste, raudo y veloz. Te llamaron (como al burro) para ir delante del Señor. Y tú acudiste, raudo y veloz. Te llamaron a anunciar-me la Buena Noticia. Y tú, acudiste raudo y veloz...
Non erat ille lux, sed ut testimonium perhiberet de lumine...

No importó si tenías que descender a mi cavernosa ultratumba para responder a aquel llamado, para liberarme de mis ataduras; o, pensándolo bien: importaba demasiado, por eso lo hiciste sin titubear. Tuviste aquella injustificable y (aparentemente) altanera impasibilidad que tiene quien es enviado a hacer algo que excede sus fuerzas por completo. Ahora, gracias a ti, creo que hace falta alguien muy humilde (y no alguien muy seguro de sí mismo) para llevar a cabo aquellas misiones que los hombres no son dignos de emprender; aunque la gente suele creer que éstas requieren de hombres fuertes y valerosos. Paradójicamente, los enviados a realizar éstas conquistas son pequeños, simples y torpes. No te ofendas, hermano, si te llamo pequeño, simple y torpe; puesto que ahí radica tu grandeza, tu magnanimidad, y tu prudencia.

Mi Frodo de Cirith Ungol: ¿qué extraño poder cargabas contigo? ¿Qué incandescente e inefable Anuncio estaba hilvanado entre tus palabras tan humanas, tan simplonas, tan razonables? Quién puede saberlo... Tú me diste mensaje de Luz, pero no era el franciscano "donde haya obscuridad, que yo ponga luz". Tú diste a luz en mí al Mensaje. No venciste a las tinieblas, niño, eso no te fue dado, pero mereciste, oh prestigio invaluable, corona de gloria, rescatarme de ellas. Penetraste éstas temibles y cruentas tinieblas; y una vez dentro, anunciaste al Cristo Vivo, al Dios vivificante; pero, ¡oh soberana paradoja!, no lo gritaste a los cuatro vientos, antes bien lo enterraste como la semilla de mostaza, imperceptible. Aquel que me sostiene, Aquel que me salva, Aquel que excede todo lo que yo puedo ser, Aquel por el que yo soy... Él tan Divino enterrado como una inasible semilla entre tus palabras tan humanas.

Por ésta, "tu" operación de rescate (diremos tú, aunque bien sepamos que corresponde decir "Su"), yo te doy gracias (nunca suficientes). Mi Sócrates Bautista. Y en un, no poco debatido, arrebato final, confieso que no puedo más que amarte, pues por ti irrumpió el Amor en mi vida, por ti mi vida se adentró al Amor.
Sea ésta una simplísima y brevísima demostración pública de mi amor agradecido, de mi agradecimiento amoroso. Sea una intencionalmente ínfima, pero aliviante, devolución de honores, que no salda sino lo más superficial de nuestro hondo encuentro. De nuestro encuentro en lo hondo.


domingo, 22 de agosto de 2021

"Bienaventurantes".


Mt 5, 3-20:     

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.




Bienaventurados los pobres...


Por ser los mejores amigos de Jesús. 

Por conocer y acompañar al Cristo Pobre.

Por haber oído a Dios quien dijo: Ego sum pauper.

Por saberse favorecidos por el Altísimo. 

Por haber descubierto la predilección que el Padre les tiene. 

Porque procuran abandonarse totalmente en Sus manos.

Porque fueron alzados de la basura por Yahveh.

Porque han creído que el reino que Cristo inauguró era para ellos.

Porque rechazan tener como propio siquiera un alfiler.

Porque han comprendido que ni el propio cuerpo les pertenece.

Porque desean quebrantar sus más íntimas inclinaciones.

Porque molestan a la gente decente de este mundo.

Porque gritan el Cielo con sus vidas desprendidas.

Porque carecen de pretensiones y ambiciones desmedidas.

Porque quieren volver a su estado natural. 

Porque son invisibles a los hombres pero importantes a los Ángeles. 

Porque son desesperadamente libres.

Porque son eternos.


Bienaventurados los mansos...


Por haberse enamorado de Aquel a quien oyeron decir: Aprendan de Mí, que soy manso.

Por ser aquellos que añoran el primer Edén: la tierra ordenada de Adán. 

Por ser hermanos de todas las criaturas.

Por ser los custodios de la antigua melodía de la Creación. 

Porque lograron poseerse, dándose sin medida.

Porque lo esperan todo de lo Alto.

Porque albergaron sólo una inquietud: domesticar al Dios salvaje.

Porque hacen temblar a los demonios con la fuerza del Cordero.

Porque la serenidad que poseen sacude los cimientos del orbe.

Porque la dulcedumbre que manifiestan confunde a los mortales.

Porque suavemente sedujeron al Rey y pisotearon a los prepotentes.

Porque la violencia que tienen no es de este mundo ni para este siglo.

Porque arrancaron de raíz todas las pasiones perturbadoras.

Porque son tan despreciables como los pobres pero encantadores a los ojos de los Santos.

Porque son divinos conquistadores.


Bienaventurados los que lloran...


Los que lloran por sus pecados día y noche.

Los que son “pinchados” en el alma por Dios.

Los que gimen como los pecadores del Evangelio. 

Los que se deshacen en lágrimas como el Padre Anatoly de Ostrov.

Los que se dan un buen llanto sin miramientos.

Los que se atreven a llorar desconsoladamente por el pecado del mundo.

Los únicos que entendieron esta vida como un Valle de Lágrimas.

Los que se deleitan en el Cristo lloroso.

Los que se recrean en la Virgen lacrimosa. 

Los que lloran a escondidas por los escándalos de la Iglesia.

Los que lavan la tierra de sus crímenes con sus benditas lágrimas. 

Los que lloran por lo que realmente hay que llorar.

Los que conocen el poder de las lágrimas evangélicas. 

Los llorones para un mundo que desconoce el país de este sagrado llanto. 

Porque a estos se les prometió que cada lágrima derramada, por Él será enjugada.


Y porque reirán tanto, tanto, tanto...


Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia...


Hambrientos y sedientos por la Santidad.

Por otra justicia que no está en los tribunales.

¡Esos "intensos"!

Los hombres de deseos como el Profeta Daniel.

Los insatisfechos.

Los insaciables.

Los inquietos.

Los movedizos. 

Los inconformes.

Los apasionados.

Los vehementes.

Los fogosos.

Los volcánicos. 

Los buscadores.

Los buceadores.

Los andariegos.

Los caminantes.

Los peregrinos.

Los aventureros.

Los insoportables.

Los atormentados.

Los trastornados.

Los impertinentes.

Los inoportunos.

Los incorrectos.

Los insurrectos.

Los enfermos.

Los “locos por Cristo”.

Los que quieren desquitarse por el Reino. 

Los que quieren ajustar cuentas con Dios como el vaquero trapense.


Los que no van a parar...

...hasta dar con el Rostro de Jesucristo;

El único que sacia el corazón herido.


Bienaventurados los misericordiosos...


Los que nunca van a estar de moda

(Aunque se diga lo contrario).

Esos seres angelicales. 

Los que intuyeron que Dios es Amor.

Los que cayeron en la cuenta del Amor sin límites. 

Los que padecen la misma patología trinitaria.

Los que cargan con un peso universal.

Los que aprendieron a mendigar.

Los que se reconocieron hijos pródigos. 

Los que acogieron el imperativo del Maestro de ser misericordiosos como el Padre

(Sin resistencias).

Los obedientes a la divina orden: Misericordia quiero, no sacrificios”.

Los miserables con los miserables.

Los escandalizantes encubridores de la miseria.

Los nuevos Atlas que sostienen el cosmos.


Ellos serán alcanzados por el Compasivo de una manera fascinante, inconcebible.

Triunfal.


Bienaventurados los limpios de corazón...


Porque ven.

Porque se ven en Su Corazón. 

Porque lo ven todo.

Porque son los auténticos videntes.

Porque son puro ojos.

Porque se sentarán entre Querubines y Serafines.

Porque son como niños bienamados.

Los pequeñuelos con capucha. 

Los que hurtaron la luz del Tabor.

Que han sido “cotransfigurados” con Cristo.

Que han “codescendido” al infierno con Cristo.

Porque ascenderán con Él entre aclamaciones.

Porque tendrán las mejores moradas en la casa del Padre.

Porque se parecen a la Madre de Jesús.

Porque viven alegres.


Bienaventurados los que trabajan por la paz...


Aquellos que no tienen un lugar seguro en la tierra.

Aquellos que no son comprendidos ni siquiera en su propia Casa. 

Aquellos que se atraen enemigos secretamente. 

Aquellos que despiertan hostilidades desconocidas.

Aquellos cuya presencia desafía y altera el orden establecido.

Aquellos cuyo grito de guerra es: Pax!

Aquellos feroces combatientes que han llegado al lugar de reposo.

Aquellos que prefieren al Cristo crucificado antes que al Cristo de los látigos.

Los que se asemejan al Dios de la Paz.


Felices ellos por ser hijos en el Hijo.

Porque son llamados por su verdadero nombre.

Porque siguen a Jesús siempre obediente al Padre. 

Porque su trabajo es el más digno y excelente.

Porque aceptaron de buen grado los consejos evangélicos. 

Porque son familia de la Santa Trinidad.

Porque viven la comunión de los Santos.

Porque por su paz de corazón convierten a multitudes. 

Porque están reconciliados consigo mismo.

Porque reconcilian a los hombres en la verdad y en la caridad.

Porque unen cielo y tierra.

Porque están tranquilos con Dios y con la Virgen.

Porque aman hasta el extremo. 


Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia...


Por vivir una justicia mayor que los fariseos. 

Por vivir esa justicia superior que permite el ingreso al reino de los cielos.

Por vivir la justicia que se besa con la paz y con la gloria.

Porque cuestionan a los "justos" que encarnan la letra y se olvidan del espíritu

Porque son perseguidos por los fariseos y los escribas de turno.

Porque son excomulgados por la norma y la rúbrica.

Porque detectan y fustigan las tradiciones humanas.

Porque la verdadera justicia la encontraron sólo en la vida de Jesús. 

Porque se obsesionaron con el Evangelio. 


lo vendieron todo para comprar este campo donde yace el tesoro escondido.

lo despreciaron todo con tal de conocer a Jesucristo

Y esta locura de vivir por Él y para Él les trajo innumerables molestias sin fin. 


Perseguidos.

Humillados.

Abatidos.

Injuriados.

Calumniados.

Incomprendidos.

Destratados.

Maltratados.

Despreciados.

Menospreciados.

Olvidados.

Incomprendidos.

Aplastados.

Golpeados.

Malheridos.

Marginados.

Abandonados.

Odiados.

Aborrecidos.


Por un Nombre que está sobre todo nombre.

Por una Buena Nueva que supera toda feliz noticia.

Por un Espíritu que sopla donde quiere.

Por una Revelación que revoluciona todo y a todos. 

Por una Cruz fiel que sostuvo la Salvación preanunciada.

Por una Madre amable y admirable.

Por una Iglesia que es Madre y Maestra, Esposa y Doncella.

Por la Jerusalén celeste.

Por la Eternidad.


Bienaventurados los humildes, los silenciosos y los orantes.

Porque Dios es Humildad.

Es Silencio.

Es Oración.



Bienaventurados, felices, dichosos sean los: «bienaventurantes»