lunes, 5 de junio de 2023

Pablo d´Ors y la escritura como ejercicio espiritual.

 

Queridos amigos gallardos:

Es de mi agrado presentarles a un hombre especial de nuestra era. Su nombre es Pablo d´Ors, y es español. Sacerdote y escritor, lo conocí hace un año, aproximadamente. Fue una bendición haber llegado hasta él, por los caminos de la imparable búsqueda existencial. Mi encuentro con él acaeció en la librería Ágape de nuestra comarca. Tomé un libro que se encontraba en el escaparate de las últimas novedades. Su nombre era: "El olvido de sí". Y lo abrí, y me puse a hojearlo. Lo que me había atraído fue la tapa misma del libro en donde se encontraba una ermita que ya había visto antes, y que tanto me gusta y me cautiva (después me vine a enterar que se trataba de la famosa ermita donde vivió un buen tiempo hasta su trágica muerte el santo Charles de Foucauld en Tamanrasset, Argelia). Pero también me atrajo el nombre del autor, al que asocié con otro escritor de renombre, aunque no había leído nada de él (Eugenio d´Ors, abuelo de Pablo d´Ors). Finalmente lo que me terminó de convencer de llevarme el libro, luego de haberlo hojeado rápido pero atentamente, era el tema de la obra: precisamente la vida de Charles de Foucauld. Ésta figura, desde hacía ya un tiempo que venía persiguiéndome, provocándome y admirándome. Por lo que no dudé un instante más: parecía que el mismo santo quería entablar relación conmigo. En verdad, la relación que desde allí comenzó a florecer fue de a tres: Charles, Pablo y yo. Porque Pablo, el escritor español, utilizando el recurso literario de la biografía, se metía en el corazón mismo de Charles quien, en el libro, es el que relata sus asombrosas vivencias en primera persona, cual si se tratara de una autobiografía. Pero agrego algo más, con el peligro de que esto ya suene a trabalenguas, leyendo con fruición el libro descubría en lo que leía como una especie de "autobiografía secreta": me iba reconociendo paulatinamente en el itinerario -interior- que el mismo Charles iba describiendo en su diario personal (¿o era Pablo d´Ors?). Como sea, uno me llevó el otro y el otro me llevó al otro, y al mismo tiempo los dos me llevaron a mi propia interioridad y a Dios. Y éste fue, en definitiva, el gran descubrimiento para mí. Ésta, la bendición que dije al principio.

En cuanto al "Hermano universal", con este libro de d´Ors se terminó de confirmar en mí la sincera admiración y profunda devoción hacia este increíble santo de nuestra época moderna. Mucho más podría -y sería justicia, en verdad- hablar sobre este amado hermanito de Jesús. Pero no es el motivo de la entrada de ahora. Me interesa presentarles a Pablo d´Ors, pero era necesario que supiesen cómo comenzó, ahora sí, mi relación con este excelente escritor y gran contemplativo. Acabado el libro "El olvido de sí", que tanto lo subrayé, meditando y orando con sus textos, quise seguir bebiendo de la sabiduría de su Autor. Asique continué buscando para saber más de él por internet, y fue en You Tube donde empezaron a aparecer muchas conferencias de él, a cual más jugosa e interesante que la anterior. Sus temas principales son los grandes temas del hombre de siempre (amor, persona, comunión, dolor, luz, oración, silencio, servicio, plenitud, sentido, vida, verdad, misterio etc.). Parejamente buscaba más libros de él para leer (tiene una docena escritos a la fecha), pero no podía hallar otro suyo en las librerías de nuestro pago. Fue en Chile, en una librería comercial, donde encontré nuevamente en la vidriera el último libro suyo: "Biografía de la luz", una lectura mística del Evangelio (2021). Nuevamente me devoré el libro, e hice mal, pues hay que alimentarse y nutrirse con obras así (por eso ya lo releeré con calma, cuando Don Virula me lo devuelva...). Poco después, me leí su otro librito famosísimo titulado "Biografía del silencio", cuya obra lo había posicionado mundialmente como buen escritor dado el éxito editorial que tuvo. No lo leí porque fuera un "best seller", claro está, sino porque su Autor me tenía "enganchado". Sin embargo, no me resultó gran cosa este último en comparación con los otros dos, aunque contiene su enseñanza, indudablemente. Y el último que leí de él -por el momento-, uno de los últimos que escribió también (2017), fue "Entusiasmo", una obra de ficción en donde Pablo d´Ors relata su autobiografía. ¡Impresionante!

Empero, no quisiera cansarlos más con esta introducción, que me parecía por otra parte oportuna también para dar cuenta de cómo los lectores (la mayoría de los Gallardos que seguimos de camino) nos vamos relacionando con los libros y los autores, que a su vez nos llevan y guían hacia nuevas relaciones, que también nos seguirán abriendo nuevos rumbos. Son historias mínimas y bellas que van formando parte esencial de nuestra propia biografía, animada siempre por la búsqueda eterna del corazón, de la belleza, del amor, de la sabiduría y de la felicidad. De Dios. Aún así, también me motivaba compartirles estas experiencias para que se animen a leer alguno de los libros mencionados, o cualquiera que encuentren de este hombre porque, les aseguro, no los defraudará. No los defraudará, si son auténticos buscadores de la verdad y amantes de la vida plena.

Ahora sí me voy despidiendo, dejándoles en el post una maravillosa conferencia que vi hace poco del citado escritor en donde presenta y enseña un tema especialmente importante para este blog de jóvenes escritores -o que intentan serlo-, amigos todos, que tenemos Fe en un mundo incrédulo y acédico. Realmente entusiasma esta exposición magistral, en donde la poética y la mística se besan. Y no digo más... Sólo dejo a continuación una racimo de frases, casi a modo de sentencias sapienciales, que fueron apareciendo durante la charla y que un servidor fue apuntando cual abeja que liba delicioso néctar para la gallarda comunidad literaria.

Atte.,

H.

***

"El silencio nos cambia a nosotros. Las palabras cambian el mundo".

"La poética de la mística es cómo hacer que las palabras nazcan del silencio (de la oración)".

"La novela es la épica del individuo".

"Un buen escritor es, sobre todo, el que sabe generar expectativa, suspenso".

"Todo buen escritor debe acabar en «¡fuego!»: incendiar el corazón de sus lectores".

"El escritor es el creador y el orante es el testigo. El prototipo del escritor es la Virgen María porque de su nada, de su vacío, de su virginidad y disponibilidad, da a luz la creación más perfecta: Jesús. Y San José es el testigo silencioso por antonomasia de este milagro".

"Si hay experiencia (contemplación) y expresión (creación) nace algo hermoso y único".

[Tesis] "La escritura creativa puede ser -y de hecho es- un ejercicio espiritual".

"Espiritual significa conciencia del cuerpo y de la mente. Espiritualidad es conciencia de lo natural. Escritura espiritual será aquella que haga justica narrativa a lo que el hombre es, que de una imagen lo más completa e íntegra posible del ser humano, y el ser humano es: cuerpo-mente-espíritu".    

[Condiciones del Escritor] "Los auténticos escritores son los espirituales".

"Un escritor nace de una tríada: una vocación, un oficio y un estilo de vida [los libros, los otros, el escritorio]. Vocación es una voz interior que te dice «escribe». Oficio es responder a esa voz poniéndola por obra".

"No basta ser llamado, hay que dar tiempo. Dedicar tiempo a la escritura (como a la oración) es frustrante". 

"El escritor (como el orante) lo es siempre, no sólo cuando escribe (o se sienta para rezar). El escritor va teniendo en su vida poco a poco un actitud creativa (como el orante una actitud contemplativa)".

[Los libros] "Es la expresión de otros la que de alguna manera despierta el deseo de la tuya propia". 

"El primer consejo que le doy a los jóvenes que quieren escribir es: «lean mucho». La escritura nace de la lectura. Los libros son hijos de los libros".

"Escribir es insertarse en una tradición literaria".

"No podemos no escribir al principio al estilo de los que admiramos. Por eso la principal virtud del escritor novel es la admiración".

"La adquisición de la originalidad, de la propia voz no se llega sin pasar por voces ajenas. Es el otro el que te conduce a ti mismo. Esto cuando uno es joven no lo entiende, pues piensa que está copiando. ¡Copiad todo lo que queréis!".

"La palabra propia nace de la ajena".

[Los otros] "Un escritor es alguien que se interesa por los demás, por el otro. Pero al principio es egocéntrico, pero luego debe atravesar ese ego."

"¡Los escritores buscamos hermanos!".

[El escritorio] "Es el templo del escritor".

"Debe ser una certera combinación entre orden y caos que da como resultado la belleza y la verosimilitud".

[Práctica] "Lo primero es la mano. Escribir es, primordialmente, un oficio manual. ¡Hay que fiarse de la mano!. Escribo primero, y me encuentro con la idea. Las ideas nacen de la propia escritura. La escritura creativa te revela lo que tu no sabes que sabías. La escritura creativa, antes que un acto de comunicación, es un acto de revelación."

"Escritor es aquel que es capaz de soportar mucho tiempo su propia estupidez. La imagen que te devuelve lo que escribes es que eres un estúpido.

"«Una luz brilla en las tinieblas». Una flor nace de un estercolero. Escritor es el que tiene coraje y perseverancia para estar en el estercolero".

"Esto es un ataque permanente a tu vanidad. Los mejores libros salen de la muerte del escritor".

"La literatura que sale del «yo pequeño» es completamente prescindible, por ese debe morir. Sólo vale el libro que sale del «yo profundo», que es universal, y de éstos hay pocos".

"Para que el «yo profundo» nazca hay que purificar la mirada, el corazón; hay que redimirse. Y esto se consigue amando el camino. Poner el foco en el oficio de escribir, aunque no halla resultados".

"No se puede escribir (ni orar) con prisa. Hay que amar la escritura (como la plegaria) más allá de que venga o no la luz".

[Géneros fundamentales] "Ficción (actitud de demócrata) y ensayo (actitud de dictador)".

[Temas] "Vida, amor y muerte. Los buenos libros enseñan esto". 

"El drama de la separación (el peor: los ideales -mente- de los instintos -cuerpo-. Por tanto, el tema de la literatura es el corazón, la unidad".

[Conclusiones] "La mirada compasiva es más honda y lúcida que la despiadada".

"La literatura de la luz es un enorme desafío narrativo".

"Hay que escribir novelas que ayuden a bien morir".

"No se cuenta bien lo que no se vive".

"El dilema del escritor es: deslumbrar -se apunta a sí mismo- o alumbrar -da a luz a otro-"-

"El reto del novelista es: mirar la risa de Dios ante la ingenuidad del hombre y mirar la risa del hombre ante aquellos hombres que todavía creen en Dios".

[Final] "LA POÉTICA NECESITA DE LA MÍSTICA".





jueves, 1 de junio de 2023

Sobre el amor, la vida, el corazón, y otros fuegos...

 *Las notas a continuación, escritas de un tirón, son el fruto de varias charlas animosas y prolongadas con ciertos amigos gallardos, a saber: Don Virula de los Gamos, El Marqués del Godoy y Zaqueus de la Guerma. Aún así, cabe aclarar que todo lo expuesto en el siguiente texto, no necesaria y cabalmente responde a todo el pensamiento o criterio al respecto de cada buen amigo y mejor conversador que acabo de mentar. Por tanto, asumo la responsabilidad de lo que me brotó del corazón, y volqué ayer en el celular. No obstante lo dicho, sí me atrevo a afirmar que entre estos amigos, al dialogar gustosamente como habituamos, compartimos y cultivamos una actitud contemplativa, observadora y escrutadora ante los fenómenos y/o acontecimientos del hombre de hoy y su mundo, y especialmente de la Iglesia actual (aunque en los apuntes que siguen no trato explícitamente del tema eclesial). Y creo que esto es muy importante en la amistad -además de otras razones, indudablemente-: que haya una afinidad en la mirada, una simpatía común, un parentesco espiritual a la hora de contemplar la realidad de las cosas, de abrirse a la vida y a la verdad -que se traduce en un estilo determinado para charlar y, sobre todo, en unas ganas de escuchar al amigo interlocutor-. No puedo excederme ahora, en este punto, aunque quisiera (tal vez otro amigo gallardo de los mencionados podría recoger el guante literario) ya que estas breves líneas sólo pretenden ser una aclaración -tal vez, innecesaria- del escrito de marras que podrán comentar libremente a continuación, o sencillamente leerlo con atención y pensarlo -que si los lleva a pensar, creo que ya me daría por contento-.

H.

 

Claude Monet


Nacimos para gozar.

Experimentamos, por la tensión o el drama de nuestras vidas, el llamado vehemente e insistente a un gozo ilimitado y completo, perfecto y excelente que se padece porque se lo vive desde el deseo profundo del corazón. Y tal deseo nos hace sufrir constantemente por su contingencia y fragilidad, por su volatilidad y su tendencia radical a la dispersión y a la multiplicidad de los objetos y de las criaturas. Hemos dicho que el hombre es su deseo o lo que anhela. Que el hombre es el deseo que lo devora. Pero, ¿esto es así? En verdad no. 

El hombre es el corazón. El hombre es espíritu. Es consciencia, preferirán otros. Se mantiene la verdad de que el hombre está hecho para el gozo y la contemplación. (O que el gozo consiste en la contemplación.) Pero, ¿qué es lo que se contempla? ¿Qué es lo que causa gozo cuando se lo contempla? ¿Qué sea lo contemplado que produce gozo y claridad? El amor. Va mejor: el Amor, con mayúsculas. Entonces, el corazón, el hombre, está hecho, ordenadamente diseñado para el amor, para contemplar el amor. Contemplar es un modo de poseer, de recibir y de acoger lo contemplado, haciendo tuyo el objeto de contemplación pero también asimilándote a lo contemplado: este es el milagro de la contemplación amorosa, que une e integra, marida al que contempla con lo contemplado. Es, pues, la posesión de ese amor lo que colma el corazón de dicha y de quietud.

Nacimos para la contemplación del Amor.

Pero, ¿se puede tener esa experiencia ahora, aquí, en esta vida mortal? ¿Se puede vivir plenamente en nuestra condición humana, en y desde la herida esencial? La plenitud de la vida, o más exactamente, la plenitud personal que es la vida en abundancia tiene su significado y su orientación sólo y por el amor. Porque el corazón busca el amor esencialmente. Porque el amor es el ser y es la vida, y es la verdad y el bien. Y todo es uno y lo mismo. Y el corazón es uno y único, intocable en su ser propio. Y el corazón tiende con vehemencia a la Unidad y a la Perfección, en una palabra, al Ser. El corazón quiere el Ser, no otra cosa. Y nosotros sabemos -o vamos aprendiendo a saber en los caminos de la existencia- que el corazón empuja y retorna a la vez a ese centro y a esa raíz, a esa Nada y a ese Todo. No le molesta al corazón esta paradoja de su realidad íntima, de esta contradicción que se manifiesta y expresa ante el mundo. Al que es hombre de verdad, entonces, tampoco debería molestarle o angustiarle, o incluso hacerle desesperar, esta paradoja vital. Porque esta paradoja vital, y por aquí va un secreto, no hay que comprenderla; hay que asumirla y vivirla con intensidad, honestidad y simplicidad.

Es así que se podrá ir viviendo, ir sabiendo vivir desde ahora, una vida plena, libre y pacífica. Una vida donde haya luz, y ninguna sombra. Donde haya sinceridad pura, y ningún repliegue ni doblez. Donde haya humildad y comunión, y no la "soberbia de la vida" que destruye y que aísla. Con el corazón se vive en la intemperie, pero sin miedos; al contrario, sólo existe la confianza y el coraje. Con el corazón se vive en el océano, pero sin dudas ni vértigos; sino con espontaneidad y en el baño inmenso del sosiego y del silencio, que nadie ni nada podrá arrebatar. Porque el corazón también es -o, por lo menos, éste es su hábitat natural-: el océano y la intemperie. Y la majestad de la montaña, donde el espíritu se encuentra en su lugar.

¿Se puede vivir así? ¡Hay que vivir así! Si queremos, precisamente, vivir: ¡éste es el único camino! Camino que al mismo tiempo es, en verdad, posición y estancia. Presencia. Instante presente. No hay caminos para el corazón. O él mismo es el camino. O, quizás, todo lo que llamamos "camino" sea el viaje hacia el propio corazón, es decir, la búsqueda del hombre. Y cuando esté el hombre, entonces sí, ya estaremos en condiciones de vivir la vida como hay que vivirla. Como el Ser impele y atrae a vivirla. O se vive únicamente así o no se vive de ninguna manera. O alumbramos el corazón o abortamos.

Porque si se vive, se vive en la verdad; en el amor y en el dolor a la vez. De lo contrario, estaremos condenados desde ahora a llamarle "vida" a lo que no es otra cosa que "muerte", falsedad, mentira. Esta impostura de la verdadera vida es lo que propone, o, más bien, impone el mundo de hoy al hombre gregario. Esta sociedad que es fundamentalmente consumista, ególatra e hipócrita, e irremediablemente superficial. Todas las estructuras temporales y todos los esquemas formales de pensamiento hay que destruirlos en uno, para que, lentamente y delicadamente, nazca el Hombre con corazón, del propio corazón. El Hombrecorazón. Esto entiendo por "abolición del hombre": todo conspira para que no nos volvamos al corazón.  O dicho de otra manera, para que no nos encontremos con nosotros mismos. Y si esto no acontece, en cuanto antes, ¡ay de nosotros! ¡Amalaya con tales existencias! Ésta es, quizá, la crisis profunda que atraviesa la humanidad en nuestros días. Porque ir al corazón profundo- ser hombre- me vuelve humano, y por lo tanto solidario con los otros hombres, sin hacer acepción de personas. Aunque lo principal de esta tarea -y esta gracia- es que, retornando al corazón, no sólo arribo a la humanidad sino que descubro -otro gran secreto- divinidad...

Sí, hay divinidad en mí, además de humanidad. ¿Por qué se le dice a la gente otra cosa? ¿Por qué se le miente, se la maldice y atormenta sin llevarla a esta realidad profunda y esencial? ¿Por qué se la juzga y condena previamente arrinconándola en los márgenes de la civilización? Hay un dios en tal enfermo, en esa prostituta, en el borracho aquél, en este mendigo. En la viuda y en el huérfano se esconden cielos inexplorados. Sólo el FUEGO puede despertar a los deshechos humanos del sueño infernal, de provocarlos y elevarlos, aunque sea por un breve instante, a la altura de su condición humanodivina. Para eso hay que ser fuego, y sólo el corazón es el receptáculo adecuado para el Fuego que siempre está viniendo, para todos los fuegos que han de incendiar la tierra hasta la consumación de los siglos.

Es cierto que hay otros Poderes oscuros y ocultos muy interesados en que los hombres no lleguemos a esta certeza y convicción inamovibles, a esta claridad y orden en el misterio de nuestra creación y de toda la Creación. "Somos eternos, somos eternos, somos eternos". Este es el rumor de nuestro latir que oímos diariamente, todo el tiempo y en cualquier parte. Todo esto tiene un nombre -entre varios- en la tradición bíblica y cristiana: 《VIDA ETERNA》. ¿Y si la recibimos de una buena vez? No hay otro requisito que éste: abrir los brazos. Tener sed, querer recibir. ¿No es hora de creer que en nosotros hay realmente Vida Eterna? El corazón, hablando con propiedad, ya cree esto; lo sabe, lo aguanta, lo es. Queda que nosotros descendamos hasta allí. ¡Qué sorpresa nos llevaríamos!

Sólo en el corazón habita la Presencia del Ser.
Sólo allí descubro Unidad, Orden, Verdad, Bondad, Belleza y Perfección.
Sólo desde allí podré vivir en serio y a fondo la vida, y me daré cuenta que esto significa vivir para los demás. Que el corazón busca corazones. 
Este es el dinamismo fundamental del espíritu, que es sabiduría y es misericordia.

Que amor busca amor.

Que amor saca más amor.

Que amor se paga con amor. 

Que todo es amor.

Que《el amor es más fuerte que la muerte》.

Que《DIOS ES AMOR》.

 

 D.H.

martes, 30 de mayo de 2023

LOS DISCÍPULOS DE EMAÚS


* A propósito de la entrada: "El Forastero del Camino", quisiera subir a la plataforma una rumia del mismo texto evangélico, ¡tan conmovedor!, que finalmente plasmé en un escrito para leerlo y compartirlo en una charla entre amigos, de esto hará unos cuantos años.

   Y también, aprovecho para recordarles a los viejos amigos "gallardos" -los que sigan despiertos y anhelantes detrás de sus pantallas- que este blog "sin gala" cumple el próximo Día de la Hispanidad sus 10 años desde su creación (junto al escritor del último post, Deo gratias). ¡Una década, señores! Manifiesto con gratitud y regocijo, pues, que esta bitácora literaria, como la niña del evangelio, parece que -todavía- «no está muerta, sino que duerme».

H.


Jaime Domínguez Montes


(Lc 24, 13-35)


En esta preciosa escena evangélica lo que podemos contemplar de entrada es, una vez más, la paradoja cristiana. ¿Cuál? El misterio del “grano de mostaza”: la Acción Divina invisible en lo humanamente imposible. En este evangelio, el designio de Dios que pone fe y esperanza en la más ingrata incredulidad y negra desesperanza. Sucede que, discípulos suyos, el mismísimo día de la Resurrección, habiendo sido testigos directos de los que presenciaron el Acontecimiento, decidieron “tomarse el palo”. Sin embargo, algo los acosa en esa huida a Emaús; saben en el fondo que eran unos cobardes, unos tontos y unos faltos de fe. ¿Quién no ha experimentado esto alguna vez? Por eso hablan de lo recién ocurrido -las “últimas noticias”-: pasión, muerte y supuesta resurrección del Maestro Ieshua. Después de todo, tan indiferentes no son; sencillamente, lastimosamente, eran unos pobres incrédulos… como nosotros. Lo único bueno que conservaban, pero que bien podrían haber perdido de no habérseles aparecido el Señor a tiempo (¡Él siempre se adelanta!), era seguir “dándole rosca” al asunto, era seguir conversando sobre aquella Figura, esa Persona, que decía ser el Mesías. ¡Vaya si también no nos ha pasado de hablar de Jesús sin ser realmente conscientes de que Él nos está escuchando, de que Él está “en medio de nosotros”! Pero no nos damos cuenta la mayoría de las veces. Me pregunto si la santidad tan deseada por nuestros corazones no consistiera simplemente en un caer en la cuenta continuamente de que Cristo está con nosotros y “camina” a nuestro lado. Esto se llama Fe y esto es lo que constantemente hay que “poner a punto”, actualizar, cultivar y custodiar. ¡Y pensar!...

Entonces, los discípulos de Emaús tenían “algo” que les impedía ver, reconocer, descubrir al Resucitado. No entendían, por ejemplo, que el modo de actuar de Dios siempre es discreto. Quizás tampoco sabían que Dios se manifiesta en el silencio, no en tanta charlatanería y vanas polémicas, aunque se trate de cosas “santas” o de asuntos “eclesiales”. ¡Y cuántas cosas más se pueden sumar a este obstáculo para reconocer al Señor! Las vendas del corazón ciego pueden ser: preocupaciones, angustias, ensimismamiento, egoísmos, ambiciones, codicia, vanidades… en una palabra: EGO. Con todo, Dios se hace hombre y aparece en esta escena como un hombre que camina con ellos; un forastero con nosotros. Se pone de manifiesto cuando entabla diálogo con los discípulos que carecían de la inteligencia de la fe, de la comprensión del misterio cristiano. ¡Y cuán a menudo nos pasa, lamentablemente! No conocemos las Escrituras Santas, no recibimos las Palabras “de espíritu y vida”, no las rumiamos, no nos esforzamos por atender los designios divinos, no contemplamos el misterio de la Redención. ¡Por eso estaban tristes los discípulos; por la Cruz, por la Sangre derramada! Sin Cruz no hay Gloria, sin Sangre no hay Redención. Y sin Resurrección no hay evangelización.  Lo decimos con los labios más, desgraciadamente, no lo experimentamos de verdad. Y esto nos sucede con el misterio de Cristo, Señor Nuestro, como también con el misterio de Su Esposa, la Santa Iglesia católica. Debe haber cruz, debe haber sangre, para que se nos abran las puertas del Paraíso, para que descienda el Cielo a la Tierra... Por todo esto, y más, somos cabezaduras por definición. Duros de corazón. Insensibles al Misterio de Cristo, y de Cristo Resucitado. Nos repele esta idea: que el Señor vive y tiene un Cuerpo glorioso y “en carne” se encuentra, ahora mismo, en la Santísima Trinidad, “a la derecha del Padre”. Pero el mismo Maestro se anticipa, se apiada luego y finalmente nos da la inteligencia para conocer y gustar Su Palabra. El Espíritu Santo nos revela al Cristo de las Sagradas Escrituras: toda la Biblia habla de Él. Esta es la clave de lectura. Y así, caminando con el Señor, muchas veces aunque no seamos del todo conscientes de esta verdad, leyendo la Biblia nos dan ganas de que Jesús “se quede con nosotros” hasta el fin. ¡Qué experiencia dulce y maravillosa. “¿No es verdad que nuestro corazón estaba ardiendo dentro de nosotros, mientras nos hablaba en el camino, mientras nos abría las Escrituras?”, se dijeron entre sí los discípulos apenas había desparecido el Viajero misterioso. Esta es una lección: si nos habituásemos a hacer Lectio Divina con amor y fidelidad, veríamos cómo la Palabra de Dios nos transformaría -invisiblemente, escondidamente- en “otros Cristos”, y nos iría causando un gran deleite y felicidad y paz... “¡Cuán dulce son a mi paladar tus palabras! Más que la miel en mi boca… son la alegría de mi corazón”, canta el Salmista (Sal 118: “Elogio de la Palabra Divina”). La Palabra de Dios es luz (II Pedro 1,19) y consuelo (Rom 15,4). Nos empuja a obrar bien y nos lleva a enseñar con eficacia (II Tim 3,16)…

En resumen: el fruto de la Palaba Divina es la perfección interior en la fe, en la esperanza y en la caridad. Pero hay más, se podría interpretar perfectamente -como lo han hecho teólogos- que después de esta exégesis de Moisés y de los Profetas hecha por Cristo, está la comida, el partir el pan, el sentarse a su mesa: esto es, la Santa Misa. ¡Cuánto habrán hablado los Santos Padres y los espirituales de todos los tiempos del poder de “los dos panes”: la Biblia y la Eucaristía! Este alimento no ha de faltar ni un solo día; así lo rezamos en el Padrenuestro. Entonces, pidamos fervientemente al Padre que nos conceda en el Nombre de Su Divino Hijo tener un amor apasionado y fiel a Su Palabra y a Su Carne… ¿Y los discípulos? ¿Cómo termina esta escena maravillosa? Al final Lo reconocen, pero hay que decir que el reconocimiento del Resucitado es siempre “desde dentro”, y no por el aspecto exterior del Resucitado. Así le pasó a la Magdalena que se confundió al Resucitado con un “Hortelano”, por ejemplo. Y brota este reconocimiento de la intimidad con Él, de permanecer con Él. Hete aquí la importancia de la oración contemplativa. Se inicia aquí, pues, un modo de encuentro nuevo con el Salvador: es el Hombre que habitó entre nosotros y conserva Sus Llagas “por las que fuimos salvados”; y al mismo tiempo es el Hombre Nuevo en una existencia nueva con un cuerpo glorioso e incorruptible. Ésta es la Segunda Persona de la Santa Trinidad: por Él, con Él y en Él formamos parte de la Familia Divina de la Tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu. Este es el misterio cristiano: adorémosle y obedezcámosle.

Así sea.

lunes, 1 de mayo de 2023

El Forastero Del Camino

 



No quieras tú encontrar al Señor

es Él quien te alcanzará por el camino.


Si transitas a Emaús cansado y confundido,

escucha bien al forastero del camino.


Si la huella te conduce a donde no esperas,

conserva tu paz, hay Algo en el camino.


Si el camino espiritual no es lo que pensabas,

ten ánimo, los ídolos dejaste en el camino.


Si Jerusalén no triunfó como anhelabas,

ni tu Dios se presentó como querías,

Si la ciudad fracasó, y tu Dios se derrumbó,

Arda tu corazón, con los pasos del camino.


Asómate sin miedo a ver el sepulcro,

presta oído a la necedad de las mujeres,

cuando te desilusionen y mueran tus cálculos,

justo allí, lo descubrirás en tu camino.


Oración: Tardos y lentos somos Señor, para descubrir que siempre fuiste Tú. Enséñanos por el camino, líbranos de los ídolos y figuras que creamos de ti. Que nuestro corazón arda, y te descubramos al caer el sol. !Quédate con nosotros Señor, porque atardede! Amen. 


Don Virula de Los Gamos

  

lunes, 4 de julio de 2022

Este corazón que me has dado...



ESTE CORAZÓN QUE ME HAS DADO


Entre todos los corazones que has modelado,

A mí me has dado uno bien encabritado.

Me ha tocado uno enrevesado.

Rebelde. Indómito.

Salvaje.


¿Atormentado o tormentoso?


Tú, que hiciste mi corazón, ¡arréglalo!

Atiende este órgano desarreglado, contradictorio.

Tú que le diste el primer latido a esto que palpita dentro de mí con tanta fuerza,

Ponlo en su sitio.

O si encuentras que está pagado porque no funciona como debe,

¡Enciéndelo!, ¡actívalo!.

Roto o extinto, hazte cargo de este corazón, te lo ruego.

Dame la llave exacta para abrirlo y ver qué caos hay dentro.

O indícame cuál es el preciso botón para prenderlo y que ande bien.

Tú lo fabricaste.

Tú puedes sanarlo; Tú puedes restaurarlo.

Enséñame si no, tal vez, cómo entregártelo.

Cómo exponer mi pecho para que Tú lo observes bien, y lo tomes por entero.

Si yo soy el primero -y en definitiva, quizás el único- en dañar tanto mi corazón,

¡Pues quítame del medio, Señor, sin piedad!

-Por piedad.

Si yo soy el que le inflige tantas y tan crueles heridas,

¡Córtame mi mano derecha!, esa mano que se mete en el corazón.

Arráncame todas los miembros de una vez si es necesario,

Con tal que quede mi corazón intacto y puro frente a Ti.

 

Mi corazón solo.

Mi corazón frente a su Médico.

Mi corazón en tu llagado y abierto Corazón.

 

Este corazón mío que no descifro,

Que no puedo entender por mucho que me esfuerce,

Acabará por reventar si no Lo tratas a tiempo.

 

Si es un corazón retorcido -y lo es-, ¡tuércelo!

Si lo rodean gruesas cadenas, ¡rómpelas!

Si se encuentra abroquelado, ¡desármalo!

Si hiede hace 4 días, ¡resucítalo!

 

Tú puedes hacerlo todo porque eres el Dueño de este corazón.

Tú lo diseñaste, ¿recuerdas? Cuando jugabas con Tu Padre y el Espíritu.

Lleva tu marca desde el Principio.

Tú sabes cómo funciona, Tú sabes para qué fue hecho.

Y eres el responsable de la energía infinita que le has metido.

La batería divina en el fondo de su carne.

Tu Corazón, ese que siempre está en llamas, es el Modelo Original.

Ese Corazón coronado de filosas espinosas, ése, es el Prototipo.

Por eso mi corazón busca y persigue el Tuyo,

Para hallar en Él las respuestas últimas.

La fuente que sacia, la lumbre que colma.

 

Pero se extravía el pobre corazón.

¡Pobre corazón mío!

Se divide, se quiebra, se hunde.

Se mancilla y se complica, se ahoga.

Se esclaviza, se pervierte y se mortifica.

Se vende...

¿Quién librará este pobre corazón de sus angustias?

Tú, Señor, ¿acaso no ves todo esto?

¿No sabes esta lamentable situación?

Yo sé que sí, yo sé que sí,

Pero…

Pero a veces mi corazón no se entera.

No cae en la cuenta que allí estás Tú;

Tu Presencia.

No conoce el pobrecillo de tu trabajo sereno, silencioso y seguro.

Infalible. Detallista. Fiel.

No siente Tus toques delicados, suavísimos.

Tu sapientísima obra.

Tu justísima cirugía.

Amado mío, mi corazón no capta todas estas cosas.

 

¡Cuán lejos mi corazón te experimenta por momentos!

¡Cuán tonto y ridículo se percibe a menudo!

¡Cuán desconcertante es, mi Dios!

 

Y, sin embargo, Tú lo hiciste bien.

Todo lo haces bien.

No podrías haberlo hecho mejor.

Mi corazón te ha salido bien porque lo hiciste con el Padre y el Espíritu.

A Su imagen y semejanza lo hicieron.

Los Tres lo hicieron para que habite con Ustedes.

En Ustedes: por siempre, siempre, siempre…

Allí, todas las lágrimas del corazón serán enjugadas, una por una.

En la Trinidad no habrá espacio para ninguna inquietud.

Por fin, ¡por fin!, descansará el corazón andariego.

No obstante, paradójicamente, el corazón seguirá viajando…

"Avanzando de gloria en gloria" -diría Gregorio Niseno-,

En los adentros inefables de la patria trinitaria,

Pues lo que anhela el corazón es la Belleza inalcanzable de Dios.

 

¡Oh misterio arrobador!

 

Entonces, corazón amigo, espera.

Espera en silencio.

Espera tu salvación.

No te turbes, no temas, no desesperes.

No te aflijas de más.

Sólo reza y espera en la noche.

En el abandono fecundo.

Déjaselo todo al Divino Cirujano.

Él sabrá que hacer. Él es el Único que sabe qué hacer.

Mi corazón es de Él; Él es de mi corazón.

A Él sea la gloria, pues, por este corazón atribulado.

Por este corazón amante y enamorado.

Por este corazón flechado por tal celestial Arquero.

Por este corazón sensible, vulnerable y vulnerado.

 

Amén.

 

 

OREMOS

 

Señor, ¿cómo puedo esperar

que otros comprendan

cuando yo difícilmente

puedo comprenderme a mí mismo?

Esta locura es cordura.

Esta oscuridad es luz.

Esta ausencia es presencia.

Este vacío es plenitud.

Me siento un necio.

Pero sólo a veces.


jueves, 14 de abril de 2022

¿Resucita... para mí?

 
C. Pastro
C. PASTRO


《Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto". Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará". Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día". Jesús le dijo: "YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿CREES ESTO?". Ella le respondió: "Sí, Señor creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo".》

Jn XI, 21-27.


***


Señor, si hubieras estado aquí, no me habría...


Alterado. Yo soy tu Paz

Entristecido. Yo soy tu Alegría

Estresado. Yo soy tu Sosiego

Amargado. Yo soy tu Dulcedumbre 

Confundido. Yo soy tu Claridad

Deprimido. Yo soy tu Sostén 

Preocupado. Yo soy tu Seguridad 

Aburrido. Yo soy tu Recreación 

Enfadado. Yo soy tu Mansedumbre

Desanimado. Yo soy tu Entusiasmo

Apagado. Yo soy tu Fuego

Desequilibrado. Yo soy tu Armonía 

Desestabilizado. Yo soy tu Principio

Atomizado. Yo soy tu Unidad

Desfigurado. Yo soy tu Imagen 

Enfangado. Yo soy tu Salvación 

Dispersado. Yo soy tu Vida contemplativa



Señor, si hubieras estado aquí en mi corazón, no me habría faltado...


Fe. Yo soy Veraz

Confianza. Yo soy Misericordia 

Amor. Yo soy Celoso

Fortaleza. Yo soy Guerrero

Prudencia. Yo soy Luz del mundo

Coraje. Yo soy Señor de los Ejércitos 

Súplica. Yo soy Mediador

Adoración. Yo soy Dios verdadero

Pureza. Yo soy Cordero 

Templanza. Yo soy Justo

Paciencia. Yo soy Primero y Último 

Humildad. Yo soy Nazareno

Entrega. Yo soy Amén 


¿Crees esto? ¿Lo crees aquí y ahora? ¿Lo crees en tu corazón? ¿Crees que pasa? ¿Crees en la Palabra divina, viva y eficaz? ¿Crees en mi Palabra que quema por dentro? ¿Crees en el presente y para el presente? ¿Lo crees tú mismo, sólo tú, tu yo más profundo y verdadero?

¿Me crees a Mí?

¿Crees?

Sí, Señor, creo que Tú eres todo lo que dices ser, sólo Tú posees todos estos títulos con justicia y en verdad, Tú eres el Mesías, Hijo de Dios, que debía venir a este mundo..., a este mundo...


Real y no-ideal

Pecador y no-inmaculado

Terrenal y no-edénico

Corrupto y corruptor

Obsesionado y estresante

Cruel y terrible

Oscuro y temible

Hipócrita y mentiroso

Ilusorio y pasajero

Opresor y asfixiante

Manipulador y falaz

Perverso y pervertidor

Degenerado y vicioso

Sanguinario y cínico 

Vanidoso y envidioso



¿Acaso no es este el misterio de la Encarnación?

¿No es este el acontecimiento de la Redención?

¿No es, la historia de la humanidad caída y rescatada?

¿No es mi propia historia de salvación?


*

D.H.

[Hallado en un cuaderno de notas, de hace 3 años, para esta fecha aproximadamente.]

jueves, 10 de febrero de 2022

Vida del corazón (un diálogo).

 



VIDA DEL CORAZÓN -UN DIÁLOGO-

En un lugar -¡quién sabe dónde, a quién le importa dónde!-, aconteció esta conversación, un tanto decisiva -¿un tanto?- entre dos amigos.

-Amigo -preguntó el primero, de nombre José, quien dirigía sus ojos melancólicos a su interlocutor-, ¿hay alguna pregunta que lo venga persiguiendo desde hace tiempo?

-¡Vaya, vaya! -dijo el segundo, llamado Jorge, no siempre preparado o dispuesto para charlas de este tipo- ¿Cómo es eso de una “pregunta”? ¿Podría ser más explícito? -A veces le costaba a Jorge seguir a su amigo en sus inquietudes o intuiciones; no obstante ser el mejor amigo de José.

-Me refiero a si en su vida, en su corta existencia, hay algún interrogante especial, puntual, que lo haga volver sobre él, una y otra vez, para intentar encontrar una respuesta, que, quizás, nunca llega.

-Mmm… -cavilaba Jorge, escrutando la cuestión por mil lados, y a cierta velocidad- Déjeme pensar. Ahhh… -seguía pensando el interrogado, mientras aprovechaba a encender un cigarro “para agilizar los pensamientos”-, que me ha agarrado de improviso. Sí, ya lo tengo, hay algo…

-A ver… -apuraba José, con algo de impaciencia-, suelte nomás.

-¿Por qué peco? -contestó Jorge.

-¿”Por qué peco” es el interrogante que lo acucia de tiempo en tiempo?

-Exactamente.

-Interesante -ahora quedaba reflexionando el interrogador. Se hizo un silencio. Ahora éste encendía su cigarro, y así continuaban los dos amigos la conversación, fumando, entre silencios fraternos.

-¿Y por qué? -volvió a inquirir José.

-No lo sé. -Jorge se debatía en su interior por hallar respuestas claras y distintas, hasta que encontró algo con cierta lumbre.- Será que no lo puedo creer…

-¿Qué cosa?

-Que sea tan… pecador. O tan porfiado. O tan ingrato. O tan duro. O tan impuro -empezaba a acalorarse Jorge. Luego recobró la calma, y más meditabundo, sentenció:- O… o todo eso junto. Y más.

Nada decía José. Nada tenía para decir. Siguió hablando Jorge.

-Puede que me mire mucho a mí mismo. Puede que -y con cierto temblor en la voz, añadió:- esté desesperando.

-O puede suceder que uno desespere al mirarse demasiado a uno mismo.

-Mirarse los pecados.

-Sí. Mirarse mal. Todavía más -se aventuraba José-, no mirar donde hay que mirar.

-¿Dónde hay que mirar, amigo mío? -preguntaba Jorge con cierta ingenuidad.

-Tú lo sabes ya, querido amigo. ¡Cuántas veces lo hemos hablado!

-Jesús… -decía este nombre Jorge con cierta emoción que se traslucía en los ojos. Hubo otro silencio después de nombrarle a Él. Ya concluían los primeros cigarros después de aspirarlos largamente y de devolver el humo con ese sonido típico que se producía y se escapaba de entre los labios cuando se expandía el alma.

El cuadro era nostálgico, decididamente; y los amigos no sabían bien por qué.

-Bien, José -reanudaba la plática el que primero había respondido, con más o menos éxito-. Ahora es su turno. ¿Qué hay ahí?

-¿Aquí? -señalaba José con toda su mano derecha el lugar del corazón.

-Sí.

-Bueno. ¿Qué quiere mi corazón, qué busca, qué pide y reclama? -pensando un poco más, declaró:- “¿Cuál es el interrogante del corazón?”: así deberíamos haber formulado la pregunta inicial.

-No me lo diga a mí que usted comenzó con este asunto, caro amigo.

-Asunto que se las trae, no me diga que no.

-La verdad que no. Pero no nos desviemos y vaya al grano.

-Como si fuera tan fácil, carísimo amigo. Ir al grano en cosas del corazón, ¡qué tarea!

-Ahí está el punto, tal vez. Crecen los interrogantes en la vida (y de la vida eterna), nos persiguen cuestiones esenciales desde hace mucho tiempo (incluso desde la infancia a veces), y no damos con respuestas. ¿Qué es lo que pasa? -preguntaba ahora con firmeza Jorge, mientras encendía su segundo cigarro.

-Eso, ¿qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Estaremos preguntando mal? -indagaba José en alguna solución, a través de preguntas junto a su amigo…

Por cierto, solían conversar estos dos grandes amigos de casi todos los temas habidos y por haber, aunque tenían cierta preferencia por aquellos que tenían que ver con la vida del espíritu o del corazón, o más directamente sobre la fe. Pensaban la fe, por separado ciertamente, pero de modo especial estando juntos, charlando y charlando sin importarles el tiempo. Y una manera privilegiada de hacerlo, que funcionaba, era haciéndose cuestionamientos: no tanto preguntas que uno le dirigía al otro sino lanzando interrogantes al aire, casi como si se tratase de algún instinto misterioso por convocar a todos los seres creados -incluso los ángeles- para que se sumen al diálogo y aporten con su inteligibilidad y amabilidad. La base de este ejercicio se podía hallar en la apertura del corazón y de la mente con que estos amigos discurrían sobre todo lo divino y lo humano, practicándolo sin ser conscientes del todo. Era esta misma apertura que tenían para buscar las esencias lo que les permitía al mismo tiempo denunciar todas aquellas cosas que guardaban en su interior que no eran: todo aquello que no existía, que era la nada misma, que eran demonios disfrazados; todo eso quedaba al descubierto y se expulsaba, como un cuasi exorcismo. Poco a poco fueron entendiendo, José y Jorge, cuánto valía este ejercicio que, sin darse cuenta, venían cultivando y desarrollando desde hacía años y que les había permitido, entre otras cosas, consolidar la amistad y experimentar una liberación que iban compartiendo y disfrutando de modo sencillo y agradecido. Así se relacionaban estos dos, pero no siempre las charlas tenían un puerto seguro: se naufragaba o por cansancio físico-mental (el común de las veces)-, o por no entrar en sintonía o tener empatía (pocas), o por ideas fijas u obsesivas que se colaban e interferían (menos veces aún), o porque no había suficiente deseo de seguir mirando la misma estrella con el otro (casi nunca). Posiblemente en esta conversación ocurrió esta excepción de permanecer vigilantes y anhelantes mirando el mismo astro luminoso…    

-Puede ser -contestó Jorge, un tanto abstraído de la escena.

-Al propio corazón hay que interrogar, mirándolo de frente. Allí está la respuesta a todo -remarcó José con otro tono esta última frase.

-¿Respuesta a todo?

-A todo lo que necesitamos saber.

-¿Y qué necesitamos saber?

-Aquellas verdades que nos salven.

-Esas están en la Revelación.

-No solamente. -Otra vez José arriesgábase por terrenos delicados y sinuosos. Igualmente era común que estos amigos conversadores e inquietos se adentrasen por espesuras insospechadas. Y dijo:- Buena parte de las respuestas están en el corazón. O quizás haya decir que las respuestas a los grandes interrogantes de la vida se terminan de contestar, o se completa la respuesta, dentro del corazón.

-Nunca lo había pensado así.

-Nunca lo hemos pensado así, ¿y sabe por qué?

-¿Por qué?

-Porque no hacemos silencio. ¡Silencio! ¡Silencio! -exclamó con vehemencia José estas palabras, y se acordó de fumar su segundo cigarrillo.

-Ciertamente -convenía Jorge-. Nunca más de acuerdo. Sin embargo, volviendo a estas verdades que salvan o respuestas esenciales que yacen en el corazón, deme un ejemplo o sea más preciso a lo que se refiere.

-La vocación -contestó rápido José.

-¿La vocación? -consultaba un poco extrañado el amigo de José.

-Sí, la vocación -volvió a repetir resueltamente el amigo de Jorge.

-¿Cómo es eso?

-A ver… -pitaba el que había iniciado la charla con más fuerza buscando alguna clarificación a su intuición que satisficiera a su amigo, y a él mismo inclusive. Pues también era normal que se esforzasen los fumadores en intentar trasmitirse sus ideas, intuiciones e inquietudes con la mayor claridad y orden posibles para irse contestando cada uno a sí mismo, lentamente, todo aquello que, de alguna manera u otra, los atormentaba íntimamente. Dulcemente. Así fue que comenzó a balbucear José:-

La respuesta a tu vocación, a tu llamado, a tu misión, a tu realización, a tu felicidad, a la invitación que Dios te hace, o a todo eso junto, y más, mucho más que todo eso junto, se puede hallar sencillamente en el Evangelio. ¡Ojo! También se puede hallar en la montaña o en el mar, en la Creación. Uno ve instantáneamente todo el sentido de su vida. El famoso derrotero. Lo capta, milagrosamente, misteriosamente. Existencialmente. Y lo que vio, donde sea que lo vio, lo siguió; y eso sigue. Con el tiempo, por supuesto, el corazón comienza a resonar al unísono con eso que se oyó en una frase evangélica (“Ven y sígueme”) o en el viento de las alturas... El corazón siempre tiene parte, siempre está comprometido, y hasta debe estar consagrado en la búsqueda de esa vocación, de ese sentido de la vida que colma, precisamente, el propio corazón. Ahora bien, corren tiempos en los cuales no es tan simple y fácil oír lo que el corazón quiere y desea. Y es precisamente en esos anhelos y deseos profundos del corazón donde se encuentran las respuestas esenciales a todos los interrogantes dramáticos que se nos presentan, y que se nos presentarán en el transcurso de nuestras miserables y maravillosas vidas. Es por los deseos cordiales donde se abre o se entrevé la eternidad. En esos gemidos del corazón (“De profundis”) aparecen las verdades que salvan y que hay seguir. Aquí se entremezcla la oración. O tal vez sea lo mismo. Tal vez en el fondo más fondo sea todo lo mismo, y confluyan los ríos subterráneos, vitales. Y se descubra que el sentido es, tras tantos rostros, tras tantas sombras, el mismo Creador. Es esa “sed que alumbra”, ¿se acuerda? Es por allí donde brota la luz, sí, esa luz que nos permite ver la Luz; que es, amigo mío, JESUCRISTO. ¿Recuerdas el Prólogo del Evangelio de San Juan? No sé por qué lo rememoro con añoranza -Y empezó a recitar:-

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios… Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino que debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba. Y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron…” -No pudo continuar. Se rindió ante la oleada de caridad divina, ante la invasión de luz altiva. Y calló, sollozando en su interior…

Así se hizo el silencio, oportuno, que tuvo una prolongación incalculable. José, en verdad, tenía muchas cosas para seguir diciendo, pero prefirió callar. Últimamente prefería callar cosas y casos que en sus adentros llevaba. Su confidente, Jorge, comprendía el corazón de su amigo, pero no lo entendía. Tampoco era necesario, ni para uno ni para el otro. Bastaba esa honda comprensión convertible en una delicada compasión que provocaba en ambos un casi inconsciente “acompañante espiritual” (con sus rasgos de paternidad y de guía). Por eso no era una amistad común. Por eso quizás toda amistad verdadera no es común; es un “tesoro”; ningún tesoro es común, ni es común tampoco hacerse a la búsqueda del tesoro escondido. No obstante, aún faltaba seguir purificando ese oro de la amistad para que toda escoria desaparezca de la misma y reluzca brillante para el cielo. Faltaba que naciera el desierto de esa amistad. Y el desierto es soledad. Es abandono, es desamparo. Y es, ante todo, lucha. Combate espiritual. Permaneciendo en las paradojas. (El corazón ha sido diseñado para las paradojas). Incluso en la amistad: misterio de comunión entrañable y de soledad indecible.


~~~


-¡José! Nunca me dijiste cuál era la pregunta del corazón que de hace tiempo te interpela y que provocó esta hermosa, y a la vez extraña, conversación.    

-¡¿Por qué no soy santo?!



[Este escrito fue fruto de una meditación a propósito de la inspiradora película "Moscati. El médico de los pobres".]


-Bueno. ¿