domingo, 17 de mayo de 2015

Don Hilario y los Rezantes.


 
  Así como había comenzado la Cuaresma -tan aguafiesta ella-, así también quería terminar este tiempo con otro retiro. Más exacto, quería vivir don Hilario con intensidad el Triduo Pascual. Aunque, si la última retirada al desierto terminó siendo extravagante y llena de rarezas, esta vez sería aún más extraña e impactante. Esta vez, el anacoreta barbudo, se retiró bien lejos de la city, para poder concentrarse totalmente en los misterios más importantes del Cristianismo: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. En efecto, se encontraba en un valle fértil y hermoso, a unos noventa kilómetros de su humilde barrio Liquidámbar. El valle era conocido con el nombre de Usco. Y así fue nomás, que este viejo solitario, pudo pernoctar en una sierra de Usco, para entregarse a la oración. Sin embargo, iba a ocurrir lo imprevisto, lo que no estaba en la mente del anacoreta liquidambareño.



  Pudo instalarse en un arroyo seco, y dentro de todo, cómodo. Mientras iba a buscar leña, para proveerse de un fueguito a la noche, alcanza a vislumbrar una Fortaleza antigua, y a un tiro de piedra de esa gran Fortaleza, un Santuario enorme edificado para la Gloria de Dios. Hilario ve esto, y se queda completamente atónito, pero esto no era nada comparado con lo que vería más tarde. Se abren en ese instante, las puertas de este Alcázar inhóspito, y sale desde dentro una carruaje con cuatro caballos bien fornidos y bien hermosos. El carruaje pasa a gran velocidad por las narices del viejo Hilario y no atinó a parar para observar al viandante misterioso. Lleno de polvo queda el viejo debido al galope brusco de las bestias sobre la calle de tierra.


Este se sacude, y se lanza a inspeccionar ese sitio tan encantador y tan misterioso. Logra observar a lo lejos un lago con agua clara, por allá unos gigantes árboles de múltiples colores, más acá un arroyo cristalino. A su paso se encontraba con toda clase de aves y de bichos. Y sin notarlo, se encontró rodeado de viñas, hartas de uvas violetas. Ese lugar verdaderamente estaba hechizado y uno podía tranquilamente percibir la presencia de Alguien que protegía ese lugar y que lo mantenía mágico. Cruzando las viñas, pudo ver fácilmente un campamento. Sí, un espacio lleno de carpas desperdigadas, al amparo de largos y frondosos álamos. ¿Qué era todo eso?

   
   Bien. Mientras alcanzaba su pipa Feli, la única que le quedaba, una figura extraída de los cuentos de hadas se le acerca al barbudo para interrogarlo. Tal figura era singular: una túnica áspera, color tierra, que le cubría el cuerpo entero, ceñido por un cinto ancho, del mismo color que la túnica. El porte de esta figura era grandilocuente. Lo llamaban en el valle de Usco: el Señor de los Penduleos. Como decía, interrumpe este sujeto al viejo Hilario con las siguientes palabras:

  -¿Con que ha caído de bruces en este vergel mitológico? -le pregunta el hombre corpulento en un tono calmo y claro.

  Repasa en su mente el viejo peregrino, palabra por palabra, para no contestarle una barbaridad, a tal transeúnte extraordinario. Y así fue que le respondió:

  -Así es, mi señor...

  -¡Athonita! -le contesta rápidamente el de la túnica marrón, y prosigue:- No se asuste por todo lo que se le presenta a la vista. De a poco se va a ir enterando de todo: del lugar donde está parado, de quiénes somos, por qué estamos acá, etc... Por ahora le ruego, si Ud. lo desea, a quedarse unos días con nosotros, que también queremos vivir intensamente los Días Santos de nuestra religión católica -finaliza su invitación cortés.

  Se asusta el de barbas negras porque pensó que el nuevo sujeto que estaba conociendo le estaba leyendo la mente.

  -Como lo veo intranquilo -continúa la presentación el Athonita-, debe saber que nosotros (yo y mis hermanos que visten igual que yo) somos una familia que se dedica a alabar y servir a Dios todo el día, todos los días, hasta la muerte. Lo hacemos mediante el trabajo y la oración. Nos llaman: los Rezantes. Y los jóvenes que ve son amigos de nosotros que vienen aquí con el mismo fin que Ud."

  Traga su saliva el viejo, yendo en contra de los códigos de cortesía, y comienza a hablar, despacio:
 
  -Muchas gracias, don Athonita, es Ud. muy amable. Déjeme que busque mis cosas, al otro lado de la sierra, y enseguida vuelvo para instalarme en este campamento de.. ¿eremitas?".

  -Algo sí, algo sí... Pero, vamos de a poco, mi querido...

  -Ah, Hilario, don Hilario de Jesús es mi nombre -contesta apresurado el viejo, que al lado del otro hombre robusto, era tan solo un pichón.

  Este sería el inicio de un relación que duraría para siempre, pero que sin embargo exigiría un libro grueso para plasmarla con lujo de detalles.
      Mas eso no quita que anote algunos hechos notables del retiro vivido en aquellos "días borrachos". Sí, efectivamente el cronos estaba embriagado, y el sol jugaba a las escondidas. Pudo el viejo descubrir entre esos jóvenes, a sus amigos Misticongos, que conocían este sitio misterioso desde hacía algún tiempo, pero que nunca se atrevieron a revelárselo a su amigo viejazo.



Éstos, le informaron al viejo Hilario un poco más acerca de dónde se encontraba y quiénes eran esos tales "Rezantes". Se enteró, por ejemplo, de que al Jefe de esa tribu lo llamaban: "Papi", por cariño y por respeto. Lo que sí, nadie sabía de dónde provenía Papi, y algunos sospechaban que tenía más de cuatrocientos años. Rumores, nada cierto hasta entonces. También se enteró, y esto sí lo comprobó el viejo con sus propios ojos, de las artesanías que hacían estos humanos irrepetibles. Y todo lo que hacían era bello y rico. Aunque Hilario reclamaba en voz baja, diciendo: "Acá faltan pipas bien talladas, con un buen tabaco; también faltan cervezas caseras; y, ¡cómo no!, unos deliciosos whiskys." Pero claro, él allí no podía opinar. Y algunos cosas más sucedieron, dignas de anotar, pero que harían al escrito algo denso.



   Aunque sí es digno y feliz de relatar cómo terminó aquel retiro singular. Sucedió que, en la noche de la Vigilia Pascual, terminada la misa, todo los tradihippies se dirigían a un modesto salón para tomar suculentos vinos y comer manjares poderosos en el Ágape de la Resurrección. En efecto, Cristo ha resucitado, y los corazones de todos los presentes estaban exultantes e hinchados de gozo y alegría. Mucho se tomó esa noche, otro tanto se comió, y qué decir de las risas que hacían de ese yermo silencioso, un lugar lleno de sonidos puros y celestiales: una verdadera fiesta cristiana. En fin, mucho júbilo había en tal momento gozoso, y en el interior de don Hilario, Ángeles cantaban con gran alborozo. Todo era maravilloso. Y el Cielo, efectivamente, se había traslado a la Tierra; e Hilario pudo comprobarlo.


sábado, 25 de abril de 2015

Entre whiskys y miradas.

      Aquella misma noche en que los misticongos sorprendieran a Don Hilario en su retiro cuaresmal, se sentaron todos en tornos al mesón de aquella sencilla cabaña situada en las altas montañas. Luego de la cena fraternal, cada uno en sus respectivos puestos, comenzaron a hacer lo suyo. Algunos abrían los whiskys, otros preparaban las pipas, y otros simplemente pensaban qué temas podrían abordar en aquella plática nocturna.
       El recinto se hallaba entre penumbras, y el ruido de los truenos y de las densas gotas de fuera, hacían sentir a todos muy acogidos.
-¡Delicioso este whisky! -comentó Fonsé con gran satisfacción; y dirigiendo una mirada cómplice a don Branca, siguió diciendo-, creo que llegó el momento en que usted anuncie sus buenas nuevas.
Don Branca, devolviendo la misma mirada respondió:
-Comparto en que ha llegado la hora-. Y levantando su whisky en señal de brindis, exclamó con una sonrisa en los labios:
-Caballeros, tengo el agrado de comunicarles que Doña Retesa, la del sol del mediodía, aceptó ser mi compañera de viaje...¡Estoy de novio!
Todos los misticongos estallaron en aplausos y vítores al neo-novio don Branca.
Toma aliento don Branca, luego de la gran emoción que sentía en esos instantes, y prosigue:
-¡Salud, muchachos; y gracias, porque sin ustedes, no hubiera podido conquistar jamás a la Doncella Negra!-, terminó de decir la última frase un tanto excitado.
Se oyó en la sala un respetuoso pero exultante "¡salud!" por parte de los amigos del cabezón Branca.
      Luego de esto, Don Virula, que mantenía su rostro semi-oculto por la capucha, preguntó:
-¿Qué es, amigo mío, lo que más le agrada de ella?.
Todos notaron su aspecto melancólico; sus ojos estaban fijos en la nada y fumaba con excesiva lentitud.
-Bueno...-titubeó Branca-, es una buena pregunta, pues me agradan tantas cosas de ella...
-A mí me derretía su mirada- cortó en seco Don Virula, todavía mirando al vacío.
Todos enmudecieron y no se escandalizaron de su frase esquiva porque sabían que el melancólico había sufrido un fuerte desamor días recientes, con la Infanta Dorada. La pena estaba fresquita. Don Fonsé, el sanguíneo, quiso romper ese momento incómodo, y exclama:
-Bueno, compadre, no se me ponga así...
-¡Stácu! -tronó la voz de dom Abubba-. Me interesa lo que dices; por favor continúa...
Don Virula, sacándose la capucha, volvió la vista y la paseó por sus amigos, diciendo:
-Recuerdo que poseía una mirada penetrante, profundísima, ¿Alguna vez ustedes han reparado en las distintas maneras de mirar de las mujeres? Se que esto no es producto del embobamiento del amor, puedo asegura que, más allá del color de ojos, hay mujeres con mirada profunda y otras que no.
-¡Correcto! Ciertamente que sí -respondió convencido Don Hilario.-. Sin embargo, me atrevo a decir que hay un tercer tipo de mirada. Ustedes juzguen: hay mujeres prosificadas que miran siempre la superficie, más aún, su mirada va de un lado a otro sin reposo, y jamás te miran a los ojos. Ahora bien, como dice Don Virula, están las de mirada profunda; pero he aquí, que dentro de estas, están aquellas que simplemente tienen mirada transparente, las cuales suelen ser muchachas bondadosa y muy inocentes, y están las de mirada profunda, esas que cuando te miran a los ojos, te interpelan, como queriendo leer tus más profundos pensamientos y comprender tus más hondos sentimientos.
-¡Tienes razón! -se animó a decir Jimmy, que se mantenía en un silencio casi orante-. Es admirable ver cómo la mirada acompaña la madurez de la persona, hasta quizá, espiritualmente. Aquellas muchachas serenas y con muchas cruces sufridas, poseen una mirada más apaciguada, más madura. De igual modo se da en lo contrario.
-De hecho que los ojos son el portal del alma -dijo Branca-. Uno, quizás con las palabras, tiene que reducir el lenguaje inexplicable del alma; en cambio con una mirada, no sucede así...
-"¡Una mirada vale más que mil palabras!" -lo interrumpe bruscamente el negro Ojota.
-¡Qué cautivante todo esto! -dijo el starets del violín, rascándose la barbilla-. ¿Tú qué dices, estimado Don Virula? Las miradas veloces posaron de inmediato en el huesudo.
-Opino que ella tenía una mirada terrible... terriblemente hermosa -y poniéndole una mano en el hombro del starets, continúa conmovido-; cuando hablaba con ella, en sus ojos había juventud, brillo, dolor, compasión, y sobre todo una fuerte señal de interrogación. Es más, recuerdo que en aquellas interminables conversaciones, sucedía algo maravilloso y aterrador: el diálogo de palabras pasaba a segundo plano, y se armaba una especie de combate visual. ¡Las palabras seguían!, pero los dos sabíamos perfectamente que la lucha había comenzado, donde ella me interpelaba con sus ojos fijos en los míos y los míos en los suyos. Habían veces que yo vencía, y ella bajaba la mirada, como señal de retirada. Pero al instante tronaban las trompetas y venía a la carga con más vigor. Levantaba sus ojos, que chocaban en batalla, y yo debía retirar los míos, para volver a contraatacar...
Silencio necesario.
Don Virula hecha un gran suspiro, como volviendo a la realidad, luego de una fuerte emoción. Y siguió diciendo con nostalgia:
-Todo era como.., como si los dos lucháramos por ocultar lo más íntimo, y descubrir lo auténtico del otro -tomó un sorbo largo del rico "La mítica reunión", y se prendió otro cigarro (rubio...).
      Los demás siguieron hablando del tema con gran ímpetu, y sólo Don Hilario percibió que Don Virula, con la herida abierta, bajó su mirada, y no habló más, hasta que se hubo cambiado de tema, muchos cigarros después.

Don Virula de los Gamos

domingo, 29 de marzo de 2015

Una Carta de Dom Abubba a sus íntimos.

Carísimos amigos míos:
 A propósito de Fortunato... Envío esta carta para que mis lectores gallardos acrecienten sus conocimientos y enriquezcan sus fantasías, pues así descubrirán su pequeñez ; escribo estos párrafos para que puedan ver lo que no se puede entender y quizás entiendan lo que no se ve.

A mis “hermanous” que buscan abrir el cosmos, les mostraré la absurdamente obvia filosofía del Fortunatismo por tres cartas que serán enviadas una a una en el momento en el que el hombre ya haya podido regar hasta lo más hondo cada mensaje en sucesión, como la flor del desierto se nutre de lo más profundo y descubre allí el más simple tesoro que le da su belleza y esplendor.
Fortunatismo , filosofía revelada por Fortunato, en la que se ve involucrado todo ente masculino, consta de tres simplísimas partes ,de la cual solo hablaré de la primera en este texto: "el cazador furtivo".
Este es el momento en el que todo hombre entra en escena, es el momento más natural de todo varón enamorado de la belleza femenina. "Cazador escondido"; "atrapante en la oscuridad"; “explorador nocturno”.” Furtivo” se entiende, no como el `ladrón´ o el `hurtador´, como ya ven, sino en el sentido de `secreto´, de `ágil´, de aquel que guarda o caza (capta) en lo oscuro y privado de su intelecto, distintos paradigmas y opciones de las MUSAS.
Pero este momento es a su vez el más difícil de manipular. Es el instante en el que dejamos que el caballo de la izquierda suelte riendas al carro alado porque aquí, en este instante impreciso, temporalmente, es cuando las vemos.. Sí, a ELLAS. En su mayoría, como una posible figura, engranaje o llave cósmica que pudiese ser nuestra compañía de aventuras por medio de las penumbras y manantiales de la vida. Siempre aclarando que esa "mayoría", a la que me refiero, entra en nuestra subjetivo radio de gustos personales.

Es aquel momento en el que nuestra decisión no es precisa , exacta, sino que está acompañada por el "quizás ella ", "quizás la otra tenga lo que no tiene aquella", " quizás ninguna de las dos, tres ,cuatro..", y un largo etc, y esto ocurre porque es el momento de la fragilidad del hombre , es el momento más inseguro que posee,  porque no sabe lo que quiere: furtivamente diagrama grandes listas de opciones y muchas de ellas contradictorias hasta que Fortunato -¡hace lo suyo!- actúa misteriosamente en la decisión (en la elección) de pasar al siguiente paso, al próximo nivel; a dejarnos ver un poco más de “φως” (LUZ)...
Exhorto a vosotros a que mastiquen lo que les he manifestado y que vean en su experiencia personal si no han vivido lo que se vive, o visto lo que se ve -¡miren la clima!-.
Agradezco a aquellos legendarios del pasado que me han abierto una diminuta puerta para ingresar a este sitio, y a los legendarios del presente que comentarán y criticarán con "gallardía", con sabias y opulentas palabras, mis modestos escritos.
до свидания


martes, 10 de marzo de 2015

Don Hilario y los Misticongos.

Hacía ya varios días que había comenzado la malhumorada Cuaresma, y don Hilario tenía la sana costumbre de irse, como todos los años para ese tiempo, a la montaña. Iba a la montaña para orar y estar a solas con el Señor. Por tanto, habiendo terminado de preparar su bolsito de peregrino, se predisponía a comenzar la subida al monte (no el Carmelo).

Llegando el viejo al lugar donde residiría unos tres días, hizo lo primero que suele hacerse en tales momentos: fumarse la pipa de llegada. En efecto, dos pipas se había llevado para que sean sus buenas compañeras en aquella estadía, la Feli y la Tobi (ésta última, luego de este viaje, no volvería a acompañar nunca más al viejo de barbas negras). 

El lugar en el que se encontraba, no pudiera descibirlo sin poesía, pues tal lugar era completamente mágico, encantador, mítico. Hay que aclarar que el barbudo, por tender a ver a Fantasía o al Mito en todos lados, suspiró ante el umbral de aquel bello paisaje, y dijo, "¡estoy en la Comarca!". Sí, la de los gentiles hobbits. Mas, sin duda que, lo que decía el barbudo era de puro soñador nomás, y nunca imaginaría que de hecho estuviera en un cuento de hadas (..no hasta ahora). 

Observando don Hilario las altas cumbres de aquel valle hermoso, amparadas por cierta niebla delgada, comenzaron los hechos extraños, que relataré a continuación.

Del aljibe que yacía en el centro del jardín, empezó a elevarse levemente una figura singular. Fácil de describir la figura debido a que no se encontraba lejos de la mirada del viejo. Estatura normal, silueta enjuta, y la vestimenta era lo raro: una cogulla bordó. El sujeto que logró ponerse en pie, estaba todo encapuchado, pero hizo acordarle a don Virula por su forma huesuda y frágil. En efecto, una voz se oyó debajo de la capucha que decía "cumpa, si piensa venir a hacer un retiro sin mí, está equivocado". Era el melancónico don Virula de los Gamos.

Acto seguido, salta de un Tilo verde que embellecía el jardín, una "cosa" que más cerca estaba de parecerse a una bestia que a un humano, hasta que se yergue, y también pudo distinguir quién era: don Ojota Fonsé, la sombra inseparable.

Hasta aquí, todo era era raro pero no extraordinario. Sin embargo...

En lontananza, tres fantasmas miraban a los tres errantes que deseaban soledad y silencio. Digo fantasmas, porque era tal la niebla, las brumas que paseaban en la cercanía, que justamente no se podía ver con claridad en la lejura. Sí, el clima en esos días no fue el mejor, ya que todo era gris, frío y de aspecto amenazante. Asique todo prestaba para considerar esas tres formas como fantasmales, aunque no fue así. No fue así porque -y acá está lo curioso y lo misterioso del relato-, detiene el ruludo al barbudo, y le dice "shh, tranquilo, vienen con nosotros". Perplejo don Hilario ante tal intervención, se queda mudo. 

Llegando las tres figuras al jardín élfico, ya se las podía distinguir bien, y no vaya a creer ud., si le digo que estos tres sujetos venían exactamente igual de empilchados que el negro y el rulo. ¡De no creer! Hilario empezaba a sentirse ferozmente incómodo, y como era de conjeturar conspiraciones fácilmente, empezó a sospechar de todo el mundo, incluso de sus íntimos amigos. Mas, no pudo avanzar mucho en sus conjeturas porque el cabecilla del trío colorado, lo sorprende diciendo "¡Dios te bendiga hermano!". Aliviado el viejo ante tal saludo familiar, responde cortésmente, y pregunta "¿y tú quién eres?". Se mete el oscuro Fonsé en la conversación, y aclara "es dom Abuba, el violinista, dejadlo pasar". "Muy bien", contestó Hilario, "pero que vaya sacando el violín para deleitarnos con algo bello". Y se fue a acomodar dom Abuba, que llevaba el instrumento celeste en un estuche antiguo y poderoso.

Pasa el segundo y ya es interrogado por el viejo Hilario, a lo que responde el joven, "yo soy Branca, hijo de Franca, de la casa del tío Frank". "¡Ajá!, con que tú perteneces a los Frank's; pues bien, entra, aunque contigo no he terminado". Entra don Branca por la tranquera, obedeciendo al viejo rotoso. Mas, le convenía a Hilario que obedeciera tal sujeto recién conocido, puesto que su talante era robusto y su cabeza era enorme, casi que parecía un gigante de las altas montañas del Oeste. 

Finalmente, pasa el que faltaba, que si se dijo del anterior -don Branca- que su cabeza era enorme, comparada con éste último, era pequeña. Y éste sí qué parecía muy extraño, pues su cuerpo era casi dimimuto, sus pies hiper chuecos, y su frente, oh Dios, era tan alta que si se caída de espalda, corría el riesgo de pegarse en la sién. "Muy bien, ¿qué tenemos aquí?", preguntó don Hilario un tanto asombrado por aquella figura singular. Responde el muchacho, un poco nervioso, "mi,, mi nombre, señor, es.. Jimmy". Si su cuerpo era raro, más raro iba a ser el nombre que portaba. "¡¿Jimmy?!", contesta en tono fuerte el viejo, sin disimular su extrañeza. "Sí, mi,, mi señor, soy Jimmy, el domador". "¿Qué tal?, 'el domador'. Y bué, pase nomás ch'migo, y siéntase cómodo." Pasa el chueco, con paso ligero.

Estando los cinco encapuchados,  mirando fijamente al de Jesús, pídele éste al hombre de muchos rulos, que pase a darle una explicación satisfactoria de lo que estaba ocurriendo. "Don Hilario de Jesús, usté, desde hoy, debe saber, bajo secreto friki, quiénes somos. Y nosotros somos -silencio fugaz-: la Orden de los Misticongos." "La Orden de los Misticongos..", repite atónito el viejo, y continúa "..a ver, prosiga". "¡Cómo no!", responde el de Los Gamos, "Misticongo es una mezcla exacta entre la palabra 'místico' y la palabra 'mistongo' . Nada tiene que ver, porque lo veo desconfiado, con la Orden de los Castrati. Tampoco, y sería un absurdo, tiene relación con el Congo. Nosotros nos consideramos místicos, pero nuestro misticismo es de tango, no sé si me entiende." "Sí, continúe", dice el barba. "Pues bien, sería muy presumido que nos llamásemos  sin más 'los místicos', por eso es que agregamos el 'mistongo'", termina la breve presentación don Virula. "¡Por mis hongos, qué raro es todo esto! Pero intuyo que se quedarán todos aquí, acompañándome en estos tres días, asique podré conocerlos más a fondo", exclama don Hilario. Sin embargo, cierra el diálogo con lo siguiente "antes de que se instalen, sería de mi agrado que fumen conmigo mientras oímos plácidamente al violinista, y contemplamos la bella postal que nos brinda el Criador."

A punto de comenzar a tocar, dom Abuba señala con el arco del violín el cielo, y a media voz, dice "miren la clima..."

viernes, 6 de marzo de 2015

Un poco de humor.

En estos tiempos lúgubres como bien vemos, no vendría mal un risa pura que brote de un corazón alegre. No seríamos verdaderos gallardos si nos olvidásemos de una risa sonora, infantil, deleitosa. Ya se ha escrito en este blog sobre el poder que tiene la sonrisa, pero se escribió casi como una virtud social. Bueno es que, sepamos reírnos en la soledad, en lo secreto, en el silencio. Y mejor aun es que, aprendamos a reírnos de nosotros mismos, porque eso sí que es gran virtud y buen remedio para llegar a ser noble: un real caballero.

Sin embargo, no me quiero extender mucho en este introito ya que los quiero dejar a solas con el mayor humorista que ha tenido nuestra amada patria Argentina: don Luis Landriscina.

Que lo disfruten...




lunes, 2 de marzo de 2015

Melany.

Queridos gallardos literatos, me presento -e inauguro- con este primer escrito que espero que sea de vuestro agrado. No lo juzguen a mal, ni con rigor, pues uno es inexperto y novicio en el tema, cual como el joven Bilbo, se lanza a lo desconocido con ínfimas seguridades (..¡cómo les gusta esas analogías!). No hay vuelta atrás, escrito está, y ya las palabras toman su curso en el orbe de la gallardía.
 
Antes de empezar quisiera aclarar a las mentes presurosas y muy imaginativas, que el título de esta entrada, no está relacionado a una dama de mi historial, ni es una mujer de un compañero, amigo, primo, taxista, elfo, enano, u hombre alguno. Es más, es una mujer sin cuerpo. Un espíritu con dotes femeninos. Una imagen transparente, delicada e inmaterial. Y eso es invisible a los ojos en su totalidad, como todo lo que cautiva y enamora (o perturba) enormemente. Lo esencial es.. -todos sabemos la frase.
 
Según las arcanas historias, Melany es una doncella que se presenta no muy continuamente, mas aún, es inesperada e insólita (prima la casuística). No respeta horarios, programas, lugares, ánimos, ni escondites. Mujer que corteja a todo hombre de este mundo, sin embargo, ningún hombre jamás desde la época de los Valar pudo ganarla o conquistarla. Aquél que estuvo a punto de tenerla, tocarla, entenderla o estudiarla, ¡la perdió! Desaparece cual estrella fugaz, y a su paso, no deja rastros; solo sus pisadas fuertes y lastimosas sobre el ánima que se le ha antojado caminar.



Ella misma es un misterio que poetas y escritores han querido develar por muchos siglos. Mas ninguno, pudo describirla tal cual es y tal cual opera, pues para cada víctima trabaja de diversas formas (casuística pura). Han podido esclarecer objetivamente  que su belleza es singular: porta rubios cabellos y ojos iris; su vestido es blanco inmaculado, pero al mismo tiempo gris nublado (dicen que es una mortaja pero al mismo tiempo no lo es). Tiene como hábito seducir, preferentemente, mortales sentimentales, con temperamentos nostálgicos (melans). Si bien embriaga en general, en estos ha depositado su confianza -la flaqueza sentimental de estos le permite a Melany ganar batalla prontamente.
 
Pero dejando las observaciones, quiero contarles y compartirles, que últimamente he podido verla. He podido observarla. Me tocó el turno de caer en su seducción. En un lapso de segundos y luces rápidas, la estudié. Me embriagué de sus vinos y venenos, me encanté con su mirada fija y su belleza inigualable: ¡jamás vi mujer así! Se podría decir que: "qué bueno era estar allí.." Pero tan pronto como la vi, rápidamente desapareció. En un abrir y cerrar de ojos se había hecho invisible. Mi gozo infinito había cesado; mi júbilo se había marchado; mi sonrisa, de ver tal belleza, se había destruido,.. y lentamente se fue gestando en mi una vorágine, miles de sentimientos cobraron vida en mi interior, y ya no había calma, al contrario, todo era enojo, dolor, envidia, añoranza, tristeza. Llantos y gemidos se vivificaron, me cubrieron como un manto; ya no podía ver, pensar, ni actuar. Las palabras me cobraban por salir. Los movimientos tenían pereza de obedecer. Y mi mente naufragaba en el océano tempestuoso y lúgubre de las ideas.
 
¡Sufría!.. Me dolía el alma y se sumaban los sentimientos nombrados, porque la había perdido. A ella, a MELANY la había visto, y no pude agarrarla; ¡huyó! Por primera vez observaba algo así. ¡Y lo perdí! Y eso me dolía, no haberla conocido más, no haber contemplado por tiempo extendido su fulgor y su belleza. Era un sentimiento (o conjunto de ellos, ya no sé) extraño. No sabría definirlo.. (para los que buscan definiciones, disculpen). Pensé que estaba loco, enajenado. Pensé que era una ilusión, y me dolía un sin sentido. Algo en el alma gritaba y rugía, pero sin explicación.. Estuve sin juicio por un momento, y traté de dar las explicaciones más escuetas de psicología que me enseñaron en el colegio de los marxistas, pero el dolor persistía: el sentimiento de pérdida, la tristeza, el silencio insoportable, la soledad cruel,.. ¡la muerte! Un ortodoxo lo define como: abatimiento; disgusto sin causa precisa que ataca subrepticiamente. ¡Eso mismo! No encontraba precisión hasta que.. ¡volvió a aparecer! ¡QUÉ ALEGRÍA! Me sonrió con su majestuosa sonrisa, perfecta, única, y con un gesto, pareció burlarse de mí (creo que fue una mueca bien femenina..). Y al ruido de un bocinazo infernal, ¡desapareció otra vez!
 
De vuelta volví al desconcierto y a la oscuridad. Los mares de mi interior volvieron a rugir: -"¡¡Hay tormenta!!" -gritaban los marineros... Me sumergí en las ascuas de mis cavernas; me ahogué en la tristeza; las lágrimas eran mi vino y los sollozos mi lema. -"¿No estaría loco de vuelta?" -me dije. ¡Por supuesto! Todo el día estuve cabizbajo y somnoliento. A cada hora me interrogaba si lo presenciado era sueño o realidad. Eso me hacía más desdichado. Vagaba en el vacío.. Estaba desorientado.. ¿¿¿No estaba sin juicio en serio???
 
Con el pasar de las horas desapareció el fuego. Había olvidado el recuerdo de esa tal MELANY y ya casi ni la recordaba. Mi mente y mi razón solo maquinaban una urdimbre de pensamientos `lógicos´ de lo que había pasado -me puse triste por nada..; estoy pasando un mal momento..; me va mal en la facu..; no se orar..; ando mal en el amore..; parezco infeliz..; etc..- y con esto justificaba la incertidumbre de mi vivencia.
  
Al tiempo de relajarme y encontrar la mejor justificación de mi grave inquietud, encontré un papel en el escritorio, casi roto y doblado -esos papeles anotadores como llama la gente- y allí estaba escrito: "LA VI. BELLEZA ANGELICAL. FULGOR". Estas fueron las pocas palabras que logré manifestar después de un éxtasis de verla. No me viene a la mente en qué momento pude tomar mi pluma y garabatear. Terminando de leer, ahí la recordé. Me vinieron a la memoria sus cabellos, labios y ojos.. Su figura esbelta y encantadora.. Su ropaje blanco y de platino..

 Mi inteligencia estuvo a punto de explotar, mis silogismos casi revientan, la razón a un paso de perderse..
 
¡Y comprendí! ¡Lo comprendí todo! Me sentía un hobbit agarrando el anillo. Consideré a toda la humanidad estulta e ignorante.. Pues,, ¡yo sabía el secreto!
 
Descubrí cual tesoro escondido, que aquello que los mortales llaman "melancolía", era Melany, que, con sus encantos y artilugios, llevaba a todos de las narices. Pero no, no pudo contra mi. ¡La agarré! Ingenua..
 
Pronto corrí a compartir mi sapiencia con alguien que capaz había visto lo mismo que yo, pero.. ¡nada! Me tildaron de loco, de niño caprichoso, y cambiaron de tema. ¡Insolentes! Verán como sufrirán los ataques de Melany, sin encontrar respuesta..
  
Esta es mi historia: aquel que quiera creer, que crea. La que causa la humana "melan", dirá Don Ojota, es la araña Melany. ¡YO LA VI! Aunque todavía me suele atacar esa melan.. Pero, ¿cómo? Si ya la superé. La vencí. Sin embargo, al tiempo entendí que Melany era poderosa, muy poderosa. Por más que no la haya vuelto a ver, mi alma se desconsolaba por querer recordar u observar aquella imagen de mujer. Al menos ahora comprendo, el dolor de los hombres, ese dolor sin sentido. ¡Es ella! Espero que puedan verla, y así me comprenderán. Le encontré el sentido a la melancolía sin sentido.  Otherwise, sigo sufriendo. Me impaciento por escribir otro vez para esclarecer más el tema.

¡LA SEGUIRÉ ESTUDIANDO Y LOS PREVENIRÉ DE SUS ARTILUGIOS!
 
 
The Young Writer

miércoles, 25 de febrero de 2015

Sobre los cuentos.

Mis queridos amigos, hoy solo quería compartir con ustedes un hermoso extracto de "El Señor de los Anillos" el cual, al volver a leerlo el día de hoy, me llenó de una nostalgia inmensa. Podrán decir que es causa del clima, el cielo perdió su color y una suave llovizna rocía los jardines. Quizá fueron los días pasados, los cuales fueron dolorosos, o el famosos "le invadió la melan". Yo por mi parte digo que es todo eso junto, y mas. A causa del hechos sucedidos, llevaron a mi corazón a navegar a los confines de la vida, es decir, al umbral de la muerte. Desde esa puertita, quise contemplar la vida, pero desde una visión de altura, a temporal. Y lo que vi fue estrecho, borroso, mas con este texto agradezco profundamente a Tolkien, pues me ayudo a contemplar un poco mejor, y como nos gusta, con todo su tinte poético y literario. Una vez mas, gracias Tolkien. Me agradaría que algún gallardo ponga por escrito las emociones suscitadas luego de leer lo siguiente.

( Se encuentran Frodo, Sam y Gollum en las escaleras de Cirith Hungol llegando a la frontera de Mordor)

"A mi no me gusta nada aquí: piedra y viento, hueso y aliento. Tierra, agua, aire, todo parece maldito. Pero es el camino que nos fue trazado.
-Sí, es verdad - dijo Sam-.Y de haber sabido más antes de partir, no estaríamos ahora aquí seguramente. Aunque me imagino que así ocurre a menudo. Las hazañas de que hablan las antiguas leyendas y canciones, señor Frodo: las aventuras, como yo las llamaba. Yo pensaba que los personajes maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio la vida era un tanto aburrida: una especie de juego, por así decir. Pero con las historias que importaban de veras, o con esas que uno guarda en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi siempre ya tenía los caminos trazados, como dice usted. Supongo que también ellos, como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo que no la aprovecharon. Quizá, pues si la aprovecharan tampoco lo sabríamos, porque nadie se acordaría de ellos. Porque solo se habla de los que continuaron hasta el fin... y no siempre termina bien, observe usted; al menos no de ese modo que la gente de la historia, y no la gente de fuera, llama terminar bien. Usted sabe qué quiero decir, volver a casa, y encontrar todo en orden, aunque no exactamente igual que antes... como el viejo señor Bilbo. Pero no son ésas las historias que uno prefiere escuchar, ¡aunque sean las que uno prefiere vivir! Me gustaría saber en qué clase de historia hemos caído.
-A mí también-dijo Frodo-. Pero no lo sé. Y así son las historias de la vida real. Piensa en alguna de las que más te gustan. Tú puedes saber, o adivinar, qué clase de historia es, si tendrá un final feliz o un final triste, pero los protagonistas no saben absolutamente nada. Y tú no querrías que lo supieran.
-No, señor, claro que no. Beren, por ejemplo, nunca se imaginó que conseguiría el Silmaril de la Corona de Hierro en Thangorodrim, y sin embargo lo consiguió, y era un lugar peor y un peligro más negro que este en que nos encontramos ahora. Pero ésa es una larga historia, naturalmente, que está más allá de la tristeza... Y el Silmaril siguió su camino y llegó a Eärendil. ¡Cáspita, señor, nunca lo había pensado hasta ahora! Tenemos...¡usted tiene un poco de la luz del Silmaril en ese cristal de estrella que le regaló la Dama! Cáspita, pensar... pensar que estamos todavía en la misma historia. ¿Las grandes historias no terminan nunca?
-No, nunca terminan como historias- dijo Frodo-. Pero los protagonistas llegan a ellas, y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará, tarde...o quizá temprano.
-Y entonces podremos descansar y dormir un poco- dijo Sam. Soltó una risa áspera-. A eso me refiero, nada más, señor Frodo.  A descansar y dormir simple y sencillamente, y a despertarse para el trabajo matutino en el jardín. Temo no esperar otra cosa por el momento.  Los planes grandes e importantes no son para los de mi especie. Me pregunto sin embargo si algún día apareceremos en las canciones y en las leyendas. Estamos envueltos en una, por supuesto; pero quiero decir: si la pondrán en palabras para contarla junto al fuego, o para leerla en un libraco con letras rojas y negras, muchos, muchos años después. Y la gente dirá: "¡Oigamos la historia de Frodo y el Anillo!". Y dirán: "Sí, es una de mis historias favoritas. Frodo era muy valiente ¿no es cierto, papá?". "Sí, hijo mío, el más famoso de los hobbits, y no es poco decir."
-Es decir demasiado- respondió Frodo, y se echó a reir, una risa larga y clara que nacía del corazón. Nunca desde que Sauron ocupara la Tierra Media se había escuchado en aquellos parajes un sonido tan puro. Sam tuvo de pronto la impresión de que todas las piedras escuchaban y que las rocas altas se inclinaban hacia ellos. Pero Frodo no hizo caso; volvió a reírse-. Ah, Sam, si supieras...-dijo-, de algún modo oírte me hace sentir tan contento como si la historia ya estuviese escrita. Pero te has olvidado de uno de los personajes principales: Samsagaz el intrépido. "¡Quiero oír más cosas de Sam, papá! ¿Por qué no ponen más de las cosas que decía en el cuento? Eso es lo que me gusta, me hace reír. Y sin Sam, Frodo no habría llegado ni a la mitad del camino, ¿verdad, papá?"
-Vamos, señor Frodo-dijo Sam-, no se burle usted. Yo hablaba en serio.
-Yo también- dijo Frodo-, y sigo hablando en serio. Estamos yendo demasiado de prisa. Tú y yo, Sam, nos encontramos todavía atascados en los peores pasajes de la historia, y es demasiado probable que algunos digan al llegar a este punto: "Cierra el libro, papá, no tenemos ganas de seguir leyendo".
-Quizá- dijo Sam-, pero no es eso lo que yo diría. Las cosas hechas y terminadas y transformadas en grandes historias son diferentes. Si hasta Gollum podría ser bueno en una historia, mejor que ahora a nuestro lado, al menos. Y a él también le gustaba escucharlas en otros días, por lo que nos ha dicho. Me gustaría saber si se considera el héroe o el villano..-


miércoles, 18 de febrero de 2015

La búsqueda implacable.

Esta "búsqueda implacable"  nada tiene que ver con la película actual, que por cierto está teniendo un gran éxito en los cines. Porque en ésta misma, no se conocen los tiros, no hay sangre que corra, ni tanto peligro al acecho. No aún.

Todo se dio el lunes, cuando me levanté dispuesto a emprender la Búsqueda, con mayúscula, porque no era cualquier búsqueda como cuando uno busca una remera para comprarse o un zapato que se le perdió en la habitación. Ésta era mucho más noble: la búsqueda de Mi pipa. Es de esas cosas que se han hecho para un solo dueño y señor, casi como las varitas mágicas de Harry Potter.

En realidad no se dio todo el lunes. Esta iniciativa la había tenido hacía algunos días, pero el lunes era el día de la travesía. Ese día me levanté ansioso y un tanto nervioso al saber que era un gran emprendimiento pero no sabía si iba a poder ser capaz de poder encontrarla en tan solo una mañana, pues no agradaba la idea de ir al centro en vano y tener que ir otro día. Luego del desayuno me tomé el micro, y al cabo de 20 minutos, estaba allí, esperando la llegada del Violinista, un compañero de aventuras dispuesto a acompañarme en una más y yo a acompañarlo en la suya -que no explicaré su motivo ahora.

Estando ya con él, partimos. El centro, como siempre, horrible. Lleno de personas: algunas caminando apresuradas llevando el mundo por delante y olvidando que viven; otras, al contrario, con total tranquilidad miraban vidrieras pero sin comprar nada. No podían faltar las colas interminables para hacer un trámite de dos minutos, con la famosa gente “poker face”, simplemente esperando su turno. También estaban los infaltables señores en sillas de ruedas mendigando pero nadie le regala siquiera una sonrisa o una mirada. Parecieran que tienen puesta la capa élfica de Frodo que hacía que nadie lo viera. En fin, el centro podría ser tema de algún otro ensayo. Volviendo al tema, al primer lugar que nos dirigimos fue a la galería "Mendoza", a un pequeño lugar recomendado por Don Hilario. Al parecer mi pipa no se encontraba allí, pues tenían una sola y su contextura no me agradaba, y además salían muy caras debido a que eran de un material especial que no recuerdo cual era y supuse que mi primer pipa no debía ser así de fina debido a que no se amoldaría a su inexperto dueño. Proseguimos nuestro camino recorriendo otras galerías y lugares de esos que encontrás de todo. Había pipas muy marihuaneras y otras no tanto, pero la mía tampoco estaba allí. En ese momento comencé a recordar lo que sabiamente me había dicho Don Hilario: ”la pipa es como un amigo inesperado, te tropezás con él cuando menos lo buscás".

Ya un poco cansado de caminar el Violinista me dijo con voz suave, y algo agotada, que lo único que quedaba por visitar era la famosa galería  "Caracol". Como era la primera vez que entraba, me dio mucha gracia notar que su nombre era literal, un verdadero caracol. Visitamos un local, mas allí no estaba. Fuimos a otro, pero tampoco la hallaba. Entramos a un tercero, al último, más con la idea de encontrar lo que el Violinista buscaba que lo mío. Era un local pequeño y sobrio que pasaba casi desapercibido dentro de la inmensidad y la tosquedad de los que lo rodeaban. Casi por causalidad o no sé qué, se me ocurrió preguntarle a la señorita que me atendía, si acaso tendría pipas, anhelando que tuviera la mía. Asintió, y a continuación, sacó algunas. Eran diminutas y extrañas. Rápidamente le tuve que aclarar que eran para fumar tabaco. Un tanto sonriente por el malentendido, las guardó, y al instante tomó un banquito para subirse y buscar las otras pipas, las de tabaco -las auténticas-, que no las tenían tan a mano, demostrando así que eran mucho menos demandadas que las anteriores. Sacó unas cinco cajas y me las mostró. Percibí que mi pipa era una de esas. Todas eran muy similares y a la vez tan distintas que no iba a ser lo mismo que me llevara una u otra, pues cada una ya tenía su dueño, solamente lo estaban esperando. También me mostró otras de un estilo más rustico y, digamos, hippie, pero no se iba a notar a simple vista si lo que fumaba era tabaco u otra cosa, sin embargo me gustaron. Me rehusé a éstas porque sabía que mi pipa estaba esperando entre las primeras cinco. Luego de tomarme mi tiempo, no mucho, y observarlas cuidadosamente, sentí que una me llamaba, y la oí.

Es simple. Tiene los aspectos de una pipa común y cualquiera; incluso algún conocido pueda tener alguna de la misma forma. Más, sin embargo, desde un principio noté que era única.  Es la que me acompañará durante no sé cuánto tiempo: tanto en la alegría como en la tristeza, en la salud como en la enfermedad, en la prosperidad, y en la adversidad también. Es Mí Pipa, señores gallardos, por eso me doy el lujo de compartirles este placer y este gozo. Su nombre, aún, no lo descubro. Con el tiempo, a medida que nos vayamos unificando, creo que lo podré saber. Lo que sí, ya nos estamos empezando a encariñar.



+Don Ojota Fonsé

domingo, 1 de febrero de 2015

Es el camino.

Después de un tiempo sin sol,
bajo un tibio amanecer,
por un favor vislumbré
el camino esperado.

De suelo blando y ancho,
de verdes hierbas y rosas
 rojas de las más hermosas,
me dije: "este es el camino".

Junto al hermoso sendero,
corría el tuyo a mi lado
Como un río; y sin reparo,
me dije: "si es el camino".

El amanecer clareaba
rebosante de frescor,
 y eras tú la hermosa flor
de mi escarpado camino.

Pronto llegó la lluvia,
el cielo quedó negro,
tu voz se fue con el viento
y dudé: "¿es el camino?".

La mañana fue gris,
el agua estaba turbia,
espesa ya la bruma
y pensé: "¿será el camino?".

Pasada la fría noche,
decidí buscar tu huella,
 sin encontrarte doncella,
suspiré: "este es mi camino".

Solitario me encontré,
las tinieblas me envolvían
y desde un alma herida,
clamé: "¿cuál es mi destino?".

                                Sin cariño y sin sendero,                                 
lloraba errando perdido,
 y sin anhelos ni olvido,
grité: "¿cuál es mi camino?".

                             Me tienta el volver pero                             
se que debo continuar
aunque ya no quiera más
y la niebla venga otra vez.

Anduve y me entretuve
por colinas y comarcas,
y sin detener la marcha,
Pregunté: "¿y el camino?".

Perseverando en la búsqueda,
vi que el mundo era inmenso,
mas en algún lugar incierto
se que estará mi camino.

Me instalé en la paradoja
para que brote la ciencia
y al fin caí en la cuenta
de que estaba en el camino.

 
                                                             




                                                                                   Don Virula de los Gamos