domingo, 26 de agosto de 2018

Relato de una Peregrinación



Ya denotaba el día la llegada del atardecer, con tintes oscuros y rojizos que minuto tras minuto, iban conquistando sincronizadamente lo que quedaba de aquella jornada. Y pues era en esos momentos donde me gustaba abrir paso a la meditación de algún tema pendiente o de interés particular junto a algún licor casero -esta vez Mandarinello- junto a mis infaltables Chesterfield, tabaco promedio para aquellos que deseaban la meditación. Mientras adentrábame en pensamientos y cavilaciones, no tardó en tocar a la puerta un viejo amigo, el de las tinieblas por excelencia, este era nada más ni nada menos que Don Ojota Fonsé. Al darle la bienvenida con un abrazo en estima, le pregunté a que se debía su visita ya que habíame sorprendido y pues el mismo contestó;
-Estimado Peregrino Libanés, traigo noticias de la gran urbe, tales son de máxima porte e importancia, pero pues antes de adentrarme a darte conocimiento sobre ellas, prepárame alguna bebida espirituosa, que este frío de invierno no me deja pensar.
Sin meditarlo dos veces -y ya algo curioso- apuré mi paso para darle al austero compañero fiel amparo. Y luego de beber aquella delicada bebida y compartir algunas palabras, pensaba yo nuevamente cual era la razón de su visita y pues, luego de un corto silencio le dije;
-Bien, ya has bebido y te has acomodado, dame ya las noticias, que tanta introducción, no hace a la esencia del mensaje.
Don Ojota luego de darle una pitada a su cigarro respondió: Pues verás, desde el sureste, me ha llegado un encargo por parte de viejas amistades relacionadas a la antigua alianza entre nuestras tierras -las del buen vino-  y la de la Pampa húmeda, ya que andan reclutando hombres de toda índole y nación para llevar a cabo la magnánima tarea de peregrinar unos 100 km, desde un pequeño pueblo, de nombre Rawson, hasta la gran fortaleza de la cristiandad, la majestuosa Basílica de Luján. Pero pues, no será solo el peregrinar nuestra tarea, sino también la de transportar, resguardar y cuidar un gran tesoro que llevaremos entre nosotros al frente de la expedición. Me han dado la noble  tarea de reclutar verdaderos cruzados pertenecientes a nuestros bellos valles y montañas, y pues he aceptado con  sutil orgullo.
Yo moría de santa envidia al escuchar a Don Ojota cada palabra que salía de su boca y entre tanto palabrerío y curiosidad, le dije;
-¡Dime por favor, cual es el tesoro que deben portar! ¡Ha de ser sustancial en tal misión por lo que me relatas!
Respondió Fonsé; Así es, el tesoro que transportaremos en tal peregrinación es la Virgen de Luján, si bien nuestra tarea es resguardarla y lograr que llegue a su destino, Ella a su vez hará su tarea, y será la de guiarnos en nuestro camino y de ser la luz a seguir para que nuestros pasos sean certeros a la hora del andar.

Fue así que dábame cuenta de que, la visita de Don Ojota Fonsé tenía un fin específico, y era la de convocarme a ser parte de la tamaña empresa que era aquella. Y con una sonrisa de oreja  a oreja y un poco sobrecogido di respuesta afirmativa sin ser preguntado, lo que provocó una carcajada a Don Ojota. Luego de informarme pequeños detalles de tal encargo, levantose de su sillón y dijo;
-Bien, es tiempo ya de partir, que mi peregrinación ya ha comenzado buscando fieles  jóvenes y veteranos que quieran ser parte de esta aventura. Próximamente tendrás más noticias sobre esto que hemos hablado. Ha sido un gusto como siempre compartir un momento contigo. Lo mismo opino - respondí yo- .
Y así fue que Don Ojota colocó sobre si su tapado de cuero  y se alejó lentamente entre la neblina de aquel atardecer.


 Pasadas unas semanas y luego de prepararme, todo estaba listo para partir de mi hogar y encontrarme en el Albergue Jauja, lugar de encuentro de donde emprenderíamos el viaje hacia el punto de partida de la Gran Peregrinación. Allí, me encontré con grandes amigos, y nos llenábamos de júbilo al vernos el rostro y notar que juntos emprenderíamos la bella misión de peregrinar en nombre de la Virgen Santísima. Todos teníamos expectativas y pensamientos de lo que nos esperaría en las tierras de los valles húmedos, pero en verdad, esos pensamientos no eran ni un pequeño adelanto de lo que realmente nos aguardaba.
Luego de haber emprendido el viaje y de muchos problemas con la <pseudo> empresa contratada, llegamos a Rawson a eso de las 7:00am, siendo la Misa inaugural a las 7:15am. Bajamos nuestros bolsos y nos dispusimos a alinearnos para tal misa. Al acercarnos al lugar, pudimos notar la cantidad de compañeros de diferentes regiones que se arrimaban entre sí para dar comienzo a la tristemente subestimada Misa de rito Extraordinario al pie de una antiquísima capilla, que por sí misma, la sola fachada de la misma denotaba una mezcla de historia y tiempo. Aun el sol no aclareaba en su máximo esplendor y terminada la Liturgia, nos preparamos para la bendición de partida, rodeados de verdaderos sacerdotes y hombres con el espíritu en alto y en pleno orgullo por la tarea a realizar. Estábamos separados en capítulos por región de venida, cada cual tenía sus estandartes y banderines, nuestro capítulo - el de AVE VERUM - alzaba en alto el estandarte de la altísima Guadalupana y otro de bellísimos hilos finos que daba a su modo de representación a los Monjes del Cristo Orante, a los cuales también éramos parte. Y así fue como emprendimos y dimos comienzo a nuestro primer día de peregrinación  con cánticos ya casi extintos en la Sion mundana y corrompida. Poco a poco y sin darnos cuenta nos fuimos alejando del pequeño pueblo de Rawson para adentrarnos en el hermoso campo bonaerense y que siendo yo cuyano cosechador, debo aceptar que su belleza guardaba motivación y sublimidad en mi corazón.
Vale resaltar que comenzada la caminata, apareció un <choco> algo particular, de estatura baja, no más de 40 cm, pelaje negro, fiero fiero a la vista, con rasgos de especie enana pero cabeza grande y tosca de Labrador, sumado a que era largo cual salchicha. Fue su rara contextura el motivo por el cual nos encariñamos con aquel y lo bautizamos al grito cuyano de <morsi> (morcilla). Este particular animal nos acompañó en cada momento de la peregrinación y logró llegar al pie de la basílica. Era nuestra mascota y simpático era ver como llegábamos fatigados por el cansancio a los campamentos y que Morsi, firme, con fe inquebrantable, avanzaba sin queja alguna.
   

Pasadas algunas horas de caminata, el cansancio en los pies empezaba a tocar la puerta, pero pues ese dolor desaparecía cuando se contemplaba a la Virgen guiando nuestro camino al pie de la columna de peregrinos. En el trayecto meditábamos, orábamos y compartíamos charlas con personajes de otros sitios, creo yo que más de uno volvió a su hogar con nuevas amistades o con un corazón enamorado… pero ese es tema de otros lares, habrá tiempo de sobra para relatar en otros escritos.
El ocaso se iba pronunciando a la llegada del primer campamento, fogones nos esperaban con agua caliente para resguardarnos. El opacado cielo poco a poco iba tronando advirtiendo de la llegada de una lluvia y pues por mala suerte, nuestras carpas estaban en un vehículo retrasado y nuestro capítulo debió afrontar además del dolor muscular, el frío de la sublime lluvia, hasta lograr armar nuestro campamento. Avanzada la noche y luego de un exquisita cena, los fogones aguardaban para dar la bienvenida a los guitarreros, mas esto no fue posible ya que la lluvia dio su repetida aparición. (Más allá de la caída de la misma, algunos de los guitarreros más curtidos no dieron importancia y entonaron cantos bajo la fresca noche.) Demás está decir que junto a Don Virula de los Gamos en esta primer noche, intentamos dar escapatoria al Club de las tinieblas buscando y compartiendo charlas con algunas elfas de estas tierras celestiales, mas, las tinieblas no permitieron nuestro acometido. Y terminada la jornada, cada cual fue a su pequeño refugio para dar espera al segundo día de peregrinación con la levantada a las 5am.



Siendo ya la madrugada de la segunda jornada, podíase escuchar a lo lejos los gallos cantar dando la bienvenida al día que llegaba para quedarse  y a su vez nuestros oídos escuchaban a viva voz la  criticada marcha española de Cara al Sol. El campamento empezaba a levantarse, podían notarse diferentes tipos de caras entre los peregrinos, muchos con dolores, algunos rezongando por la hora y otros pocos en silencio meritorio haciendo lo debido para partir. Luego de prepararnos y de haber desayunado como correspondía, nos dispusimos nuevamente a formar fila y seguir rumbo al sureste, guiados siempre por nuestra Madre. El segundo día trajo consigo algunas complicaciones, que pues no eran más que nuevos obstáculos que el Señor ponía en el camino para fortalecer la unidad y voluntad para seguir. Uno de estos fue el miserable lodo, ya que la noche anterior los suelos habían sido azotados por las fuertes lluvias y habían formado una especie de trampa mortal para el peregrino que se atreviese a pisar por allí. Muchos cayeron en el trayecto para volver a levantarse, entre estos había uno, algo torpe de pies, que logró hacer una especie de coreografía  en el intento de no caer, mas no fue suficiente y cayó, pero con dignidad y honor al dar eterna batalla al barro. Todo quedó grabado. Llegado el medio día los dolores en los pies ya empezaban a hacerse muy visibles y la enfermería donde atendían <las de Bella Vista> empezaba a colapsarse. Luego de tener Misa, hubo un pequeño descanso y volvimos al ruedo de caminar... que ya empezaba a ser costumbre. Los desertores que no podían seguir caminando empezaban a ocupar las camionetas para ser llevados directamente al campamento al nombre de <muertos>. En nuestro capítulo se había dejado en claro que cualquier hombre del mismo que tuviese solo la idea de subirse a algún transporte sería burlado durante todo el año por su traición a la causa. Este fue el causante de que  ninguno abandonara la caminata. Muchos por no querer que su linaje fuese manchado, llegaban últimos al grito de <Rengo, Rengo, pero Vengo.> y eran aplaudidos por los demás.
Llegada la tarde noche, luego de la larga caminata sin descanso, llegamos a Mercedes, pueblo pequeño y colorido. Allí entramos cantando y sonriendo a puro canto y conversación, intentábamos contagiar la alegría que portábamos entre los pobladores que nos miraban con asombro y curiosidad. Allí mientras caminábamos, junto a <The Young Writer>,  se nos acercaron 2 enfermeras para conversar con nosotros y pues bien recibidas fueron hasta que notamos que aquellas, insistentemente pedían un mate. Allí fue que entendimos que simplemente buscaban nuestra compañía por aquella bebida gaucha y reíamos junto a ellas por aquello. Las tinieblas como verán, aún estaban presente y no abandonaban a sus víctimas en ningún momento.
Llegada la noche, pisamos campamento donde ya todos exhaustos cenaron y acomodaron en los fogones para guitarrear, esta vez sin la molestia de la lluvia. Se entonaron zambas y tonadas, gatos y chacareras. El cansancio no era motivo verdadero para no pasar un alegre momento entre todos. Dicen por allí, que varios, luego de este momento, fueron a descansar a sus carpas aquella noche enamorados o conquistados por alguna fémina. Quien lea esto, entenderá a su parecer.


 Fue así que siendo el último día de Peregrinación a las 6 am se nos notificó que nuestro capitulo -el de la Guadalupana- sería el que iría al frente de la columna portando a la Santísima rumbo al último tramo de peregrinación. Esto nos llenó de júbilo a nosotros, quienes estábamos muy fatigados, ya que era una verdadera gracia la de acompañar y trasladar al frente a la Virgen en su entrada triunfal a la Basílica de Luján. La noticia nos dio nuevamente energía y al dar comienzo a la caminata, entonamos bellos cantos como el Non Nobis Domine junto a la exquisita música del violín de El Starets Dom Abubba.
Ya al saber que poco faltaba para concluir esta tremenda misión, los ánimos estaban muy por arriba, y el cansancio ya no ocupaba un lugar en la mente, ya que este había sido reemplazado por el orgullo de ser parte de lo que estaba por concluir en un bellísimo cierre.
 Ya sintiendo los aires de Luján, nos comunicaron que ya estábamos muy cerca y fue allí cuando a lo lejano, desde el excelso campo por donde veníamos pisando, pudimos avistar entre los encolumnados  árboles, las dos torres de aquella antiquísima basílica. La sensación de aquel momento es indescriptible, algunos lloraban, otros quedaban mudos contemplando, mientras que varios simplemente miraban al cielo y clamaban a Dios en agradecimiento. Fue un momento de muchos sentimientos encontrados, el anhelo de tres días era por fin visible a lo lejos y arrodillándose toda la columna hacia la dirección de la basílica, se cantó un Salve Regina, en agradecimiento a Virgen, quien sin saberlo nosotros, había estado velando por nuestras miserias.
Una vez de pie, y preparándonos para la llegada a la plaza mayor, nos dispusimos a orar el último de los misterios faltantes y luego de atravesar agitadas calles, estando yo entre los primeros, doblamos por una pequeña calle y fue allí donde apareció, de frente, la majestuosa Basílica de Luján, una verdadera fortaleza de la Cristiandad,  con su bellísima y llena de simbolismos, fachada frontal. Los turistas y puesteros de allí, empezaban a aplaudirnos, mas nosotros entonamos nuevamente Non Nobis Domine, que traducido es <No a nosotros, Señor> sino tuya es la gloria.
Al frenar al pie de la basílica, todos nos saludábamos y abrazábamos, emocionados y conmovidos, me topé en eso con Don Ojota Fonsé, su rostro de fatiga era como el de aquel que a la noche anterior había bebido a no más poder, pero ambos sonreímos y nos abrazamos y conjuntamente dijimos, <lo logramos>. Se sentía en supremacía un sentido de hermandad entre los casi 1000 peregrinos al momento de llegada y pues no era para menos. Todos acariciaban y felicitaban a Morsi, la mascota fiel, vaya a saber uno qué será de su vida en estos momentos.
Finalmente nos dispusimos a entrar en el templo para colocar a la Santísima en su lugar y dar cierre a la peregrinación con la Misa de rito extraordinario.


 Acabada la celebración llegó la hora de ir en busca de nuestros bolsos a unas cuadras de allí. Ya en el momento en que cada cual con sus cosas en mano, llegó el momento de la despedida y esta estuvo llena de simpática melancolía. Era el momento de volver de donde se había venido y dar testimonio de lo vivido aquel fin de semana un poco diferente a los demás.
Una vez arriba del colectivo junto a los peregrinos de mi tierra, entré en una meditación profunda en la que pensaba y reafirmaba, que no todo está perdido, que aun quedamos muchos verdaderos hombres y mujeres de bien, que desean ardientemente ver reinar a Cristo sobre la tierra, que aún existe un puñado de personas que no han perdido el rumbo hacia lo bueno, bello y verdadero y que realmente vale la pena luchar para contagiar este espíritu de peregrinaje que vive el ser humano sobre esta tierra.



Como diría mi amigo G.K. Chesterton; < A cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales.>



                                                                                                    El Peregrino Libanés








sábado, 25 de agosto de 2018

Gran Artista, Mi Señor:

Gran Artista, mi Señor:

Mírame, soy quien soy, por lo que Tú me has dado, pues si la luz brilla en mis ojos es porque Tú eres la fuente, si sonrió es porque Tú eres el motivo, si amo es porque Tú me lo ilustraste y así tengo Todo y sigo siendo miseria y nada.

Que sencillo es el camino, si Tú me guías, que fácil nutrirse de lo Bueno, Bello y Verdadero, si Tú me riegas.

Mírame, soy lo que soy, porque tu me modelaste del barro, y es tan fácil que deje endurecer la tierra.

Rocíame con Tu gracia, para poder dejarme esculpir por tus manos, ablanda mi corazón endurecido, destapa mis oídos, para que te permita trabajar con mi vida como Tú quieras.

Soy la materia prima, adorname como sea de tu agrado, has de mí, la figura que me sea conveniente y si me desformo en el transcurso de mi vida, hazme sufrir todo lo que sea necesario, con tal de cumplir el fin para el cual me has creado.

Señor moldea mi vida a tu imagen y semejanza, lo demás no tiene importancia, serán añadiduras.

Y una vez finalizado tu trabajo, llámame a entrar en tu Morada, para que me reciba nuestra Madrecita, pues me salta el corazón por convivir en su ternura y en su amor.

Gracias por el arte y la delicadeza con que me tratas.

Eutrapelio Cozzetti, tu poquito de barro...  

viernes, 17 de agosto de 2018

Gorrioncillo Mensajero


¡Oh, inocente gorrioncillo!
Que brincas de rama en rama,
Que vuelas como ya es fama
Y posas sobre el tomillo
Tu frágil cuerpo amarillo
Que miro por mi ventana.

Te quiero de mensajero
En este día nublado.
Te pido, Hermes alado,
Que vayas y digas chismero,
Que muestres al mundo entero
Mi corazón contristado.

Di que el alma se desgarra
Cuando es Dios el que decreta
La partida del poeta
Que debe soltar amarras.
Dios no ahorca cuando aprieta
Pero, ¡es que aprieta con garra!

Dejo amigos muy queridos,
Compañeros de tormentos.
Dejo allí mi testamento
Que no es más que lo esculpido
En el alma, que es el nido
De alegría y sufrimiento.

Que he esculpido por cincel,
No por ser yo el escultor,
Ya qu'ese es mi buen Señor,
De quien soy vasallo fiel.
Pese a que hoy me cueste hiel,
Debo acatar, soy deudor.

¡Parte pronto, pajarillo!
En llegar sé tú el primero.
Vuela raudo que me muero,
Lleva lejos tu cantillo
Mi fiel viajero amarillo,
Mi gorrioncillo mensajero.


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E.N.

miércoles, 25 de julio de 2018

El bastón y la flor

Que nadie sufra como he sufrido yo
Ni que soberbia sea lo que digo hoy
Que ni el primero ni el último hombre de lodo 
Seré ni he sido yo

Más cuando Su voz llama
No hay cimiento que pueda sujetar el alma
Casi como si a Él estuviera imantada

...


Entre tumbos y caídas
Un bastón llegaría a mi vida
Que no sería el remedio ni la cura
Más bien lo que me sujete en las dudas

De cada astilla supo Él enseñar cosas distintas
Y cada una formaría
un lazo con el alma mía

A modo de risas entraría
Como quien esconde su sabiduría
Más no por mucho oculta permanecería
Ya pronto mi alma lo sabría

Benditas sean las noches en que a él me aferré para no caer
Perdone el Señor las veces que no supe en el bastón escuchar Su voz
Y si sólo fuese madera fría hubiera alcanzado
Más corazónes humanos me ha brindado, y abrazos de hermanos

Si llegase el día que, por Su gracia 
El bastón no me hiciera falta para dejar de ser esquivo a Su mirada
Cargaría con éste en hombros cuantos sean los kilómetros
Antes de verlo desconocido y ajeno a mis pasos

...

Si la cojera fuera mi único problema
No me hubiese brindado quizás,
La flor que me traería la inocencia

En el don se encuentra la responsabilidad
Y de la responsabilidad ofrecida, cuando es lograda
!Me regala más como si uno de Sus dones no bastara!
¡Ay de mi! Que con uno no basta

Calientase mi duro corazón sin excepción 
Cuando en ella mudo Lo encuentro
Y tiemblan mis manos cuando caen en la cuenta 
De que es don aquello que abrazo

¡Que sabios son sus caminos!
 Mi flor y yo jamás sabríamos
Cuánta falta nos haríamos

Si no fue suficiente el sostén del madero
Para entibiar mis entrañas quiso Él
Traer el llanto a mi vida 
De la mano de mi flor amada

Una mirada a mi flor desvela mi corazón
Y es que frágil debo ser para poder aprender
Que no hallaré jamás obstinación en el Amor
...

Lloran y lloren mis ojos cada vez
Ardan mis rodillas sin condición
Tiemble mi voz pidiendo perdón
Siempre que no comprenda o cuide yo a mi bastón y mi flor


Zaqueus de la Guerma

miércoles, 11 de julio de 2018

Locura Patagónica

Es muy probable que sólo un número bastante reducido de lectores de este blog pueda ponerle cara al personaje y a la situación que aquí se presentan.
Quienes estén familiarizados con lo relatado, lo entenderán fácilmente. Pero a quienes no lo están, por más que el mensaje de fondo sea comprensible, los invito a, cuando vuelvan a visitar la gran ciudad oriental, conocer al caballero que aquí se menciona, y a su azul y épico proyecto.

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Siete de la mañana. El despertador cumplía su función mientras los primeros rayos del día se filtraban por las ventanas. Los treinta jóvenes, con algo de esfuerzo, pero con ánimo alegre, se encaminaban tranquilos hacia la parroquia. No era un trecho largo, pero ayudaba a despertarse bien. En el templo los esperaba el cura con todo ya dispuesto para comenzar la adoración Eucarística, y así, arrancar el día.
¿Para qué habían viajado aquellos jóvenes a dos mil quilómetros de sus hogares? ¿qué es lo que había allí, en Puerto Santa Cruz, que los motivaba a recorrer tanta distancia? ¿o sería más propio preguntarse por lo que no había allí?
Dicen que una gran sequía espiritual se cierne sobre aquellos pagos. Sequía que es fruto de otra sequía que nuestro tiempo está padeciendo: la falta de vocaciones sacerdotales. Dicen que allí hay un cura cada tres parroquias, y que éstas no están a menos de cien kilómetros de distancia una de otra. Dicen que la gente casi se acostumbró a no tener Misa los domingos por la falta de trabajadores en las viñas del Señor. Dicen que allí, en el suelo sagrado donde por primera vez en nuestra Patria la Forma fue elevada, ya no hay pastores suficientes.
Pero dicen también que hubo en un tiempo un noble caballero, italiano y canoso, enamorado del suelo patagónico. Y que sin dudarlo ni un segundo, sin darle importancia a las dificultades y adversidades, sin darle importancia a la poca cantidad de apoyo, y sin problema de que la gente lo tildara de loco, idealista o fantasioso, emprendió, lo que hoy podríamos llamar, un viaje épico o una hazaña caballeresca. Este hombre, italiano y canoso, invirtió su tiempo y su vida en esta empresa. Empresa que consiste, en definitiva, en volver a la tierra. Dar a conocer a los argentinos nuestra querida Patagonia, tan olvidada y menospreciada. Empresa que busca transmitir los valores de la vida rural y la vida pueblerina. Con vistas siempre a un bien común mayor: el resurgir de la patria grande que forjaron nuestros próceres y caudillos. Dar a conocer a la Patagonia para poblarla y saber hacer uso de los recursos que nos ofrece. Poblar la Patagonia en los campos, en las estancias. Fortaleciendo la vida familiar, y viviendo las grandezas de la vida rural.
Pero aquel italiano canoso vio también que una hazaña así era una empresa eminentemente espiritual. Y así decidió organizar una misión apostólica, con todo lo que ello implica. Para eso convocó a aquellos jóvenes. Jóvenes contagiados de esta locura, que se sumaron a aquel viaje con el único fin de transmitir lo recibido, y de tener un encuentro en Cristo Jesús con las personas que se cruzaran en su camino. Un encuentro de amor. Un encuentro de Amor, ya que es fundado y animado por el Espíritu. Buscando siempre no caer en un mero encuentro humano, en simple ayuda social. Sino queriendo ir a lo profundo para poder llegar a la Verdad y la Belleza, y transmitirla, y no quedarse sólo en las periferias, como el mundo pretende.  
Es por eso que aquellos treinta jóvenes viajaron y viajarán al sur. Sabiendo que el mundo, con razón, los llamará locos (cosa que, por otra parte, un poco los enorgullece), ya que su empresa no busca ver ningún fruto. Es una empresa, en términos modernos, condenada al fracaso. Porque estos jóvenes, junto con el loco italiano y canoso, son perfectamente conscientes de que Dios pide que se luche, no que se gane.
Mr. James, el Oriental

miércoles, 4 de julio de 2018

Un viaje de ida (II)





En la superficie de esta embarcación, más específicamente, “a babor”, me topé con un ser alto y buen mozo de pelo ondulado.  Aquél estaba sentado sobre un barril vacío -ya se imaginan porqué- de madera, era portador de un chalequito de seda color “beige” combinado con unos rombos inclinados color rojo.


-¿Su nombre? –pregunté un tanto asustado.

-El Marqués de Godoy –respondió con voz segura.

-¿Y el suyo? –dije mientras mi mano señalaba a un hombre bigotudo frente a la mesa del Marqués.

-Yo soy Don Abubba, el starets del oriente –exclamó mientras re molineteaba su esbelto “mostacho”.

Decidí seguir unos pasos más adelante pues aquellos dos estaban teniendo una discusión sobre un tal “Abba Bach”, y no creo que quieran la opinión de ignorante en el tema. Así fue como encontré, sobre la misma cubierta del navío, a dos señores dueños de unas extrañas y caprichosas pipas de tabaco. Uno era robusto, de hombros anchos e imperiosa barba, usaba un traje y pulóver con corbata. El otro, un poco más petiso pero con un gran corazón, vestía unas botas color marrón que, según dicen, hicieron algunas travesuras en la Uropa. Estaban tan embriagados en un tema filosófico metafísico, que daban a relucir su particular “verborragia”, es por eso que decidí no preguntar sus nombres y seguir más adelante. A demás justo estaba buscando asiento junto a ellos otro sujeto, también portador de una gran pipa.

Meses más tarde, mientras contemplaba un atardecer en la costa Oeste de un país lejano, dueño de mares bravíos y misteriosas montañas, sobrevoló un pájaro azul sobre mí y susurró: “Emigrante Nostálgico, The Young Writer y Mr. James el Oriental”.

Casi llegando a la proa, empecé a oír ciertas risas y llantos. Invadido por la incertidumbre me propuse averiguar el origen de tales gemidos y carcajadas. Y allí estaban, cinco varones conversando sobre diversas cuestiones. Entusiasmado –como si me hubieran llamado para jugar un sexto- fui corriendo para conocer sus nombres.

-Disculpen la interrupción: ¿qui... quiénes son ustedes? –pregunté con voz entrecortada.

-¡Gallardos! –respondieron a una sola voz.

-Y ¿cuáles son sus nombres? –insistí.

Y tomando la palabra, el más sabio de ellos, dijo señalando a cada uno de esos individuos tan peculiares –Don Eutrapelio Cozzetti, Don Camilo di Benedetto, Don Ojota Fonsé, Don Virula de los Gamos. Y yo soy Don Hilario de Jesús.

Debo aclarar en este punto, que la presencia del señor DHJ era media transparente, como si fuera un espíritu. Vaya uno a saber porqué. Cuenta la leyenda que hace un tiempo atrás, él fue quien comenzó la navegación, pero un día, sin preludio, desapareció y nadie lo volvió a ver, pero su espíritu siempre volvía para perfumar los corazones de los gallardos.

Sigamos con lo nuestro, al ver que aquellos muchachos lloraban y reían, adelanté el paso. No vaya a ser que me contagiaran la locura que ellos llamaban “la alegría en el dolor”.

Llegué, finalmente, a la proa –para los lectores instruidos en otras cuestiones aclaro que la proa es la parte de adelante del barco- donde caí de rodillas, rendido, no se porqué. Frente a mí se alzaba sobre la punta de nuestro transporte, un niño con cabellos angelicalmente marrones –debe haber tenido unos 9 años- tallado con las manos mismas del amor sobre un espléndido roble oscuro. No supe bien qué pensar, ni qué decir. Confié en que la Providencia me lo explicaría en el momento oportuno.

Ya en “estribor” se situaban dos personajes abruptos que, fumando un “narguille”, se miraban fijamente a los ojos como si trataran de robar el alma a través de ellos. Cada uno en su cabeza tenía grabada una estrella turca, tan horrorosamente bella, que me quedé ciego por tres segundos. Y luego de haber recuperado la vista me les acerqué a una distancia de tiro de piedra.

-¿Por qué no se hablan? –pregunté.

-Porque el manchita me tilda de caponetxiano –respondió uno ruludito, un tanto enojado.

-¿Y cuál es el problema? –volví a interrogar medio desconcertado.

-Es que en realidad se dice” capponnettista”. Y no puedo permitir que yo, El Peregrino Libanés, sea mal llamado por Don Ábila de la Mancha. –dijo pasándole el artefacto turco para largar humo por la nariz al manchita.

Una vez, en un país cercano donde habían verdes prados ancestrales, contemplando el atardecer sobre los picos anaranjados de los álamos de aquella ciudad, pasó otra vez el pájaro azul y me susurró: “aquellos se estiman de verdad, en el fondo”

Siguiendo mi exploración me topé con tres poetas, dignos de admiración. Se encontraban mirando el horizonte, como si esperaran una noticia importante de un país lejano. Estaban tan quietos y tan místicos que no quise interrumpir su contemplar. Invadido por el misterio de saber sus nombres, vino el espíritu de Don Hilario de Jesús y me comentó que ellos eran “Zaqueus de la Guerma, Jimmy el Cazador y El Bagual”, tres bohemios de los palacios de la ciudad chacrense, envidiada  por su antigüedad y hermosura.

Después de contemplar junto a aquellos poetas el horizonte, me crucé con tres misteriosos personajes. A primera vista uno diría que eran flemáticos, otros dirían que eran místicos. Más yo, en mi ignorancia, paré la oreja e intenté escuchar un poco de su conversación. Ellos se encontraban en una mesa redondita por la parte central de la embarcación.

-¡Patrañas! -jadeó el flemático- no puedes acusarme tan descaradamente. Eso no es justo, Don José del Alba.

-Y ¿Qué es la justicia, Don Rionnes?- interrogó el más sensible de ellos.

-Dicen que es dar a cada uno lo suyo- Sentenció el primero.

-¡Pues, en ese caso, devuélveme mi pipa!- espetó el tercero.

-Tienes razón, Don Bernardo, aquí tienes- dijo flemáticamente Don Rionnes.

No pude seguir escuchando su conversación porque justo antes de que siguieran hablando, escuché un estrepitoso golpe tras de mí. Azorado, giré mi tronco junto con mi encéfalo y vi a dos muchachones empujándose el uno al otro. Se empujaban para ver quién se sentaba en la silla más alta. Una vez que terminaron, se sentaron y sacaron sus cigarros y empezaron conversar de épocas antiguas, de guerras de antaño, de soldados viejos y valerosos, de esos que uno no encuentra fácilmente. A demás contaban, entre risas y llantos, anécdotas pasadas. Y así pasaban el tiempo. Eran felices según los delataban sus rostros.

Me acerqué y les pregunté sus nombres. Antes de que me respondieran me ofrecieron un cigarro, eran muy generosos.

-Don Alcándora Tuk –dijo el más flaquito- y a veces suelo imitar personajes y es en ese momento donde mi nombre cambia.

-El Maleante –respondió y rió estrepitosamente el otro- arrepentido.

Y en ese instante empezó a citarme autores cuya existencia yo no conocía. Hubo un momento que me citó un tal “en la Constitución”. Eran palabras muy raras así que decidí alejarme, eran muy cultos. En ese momento regresé al camarote.

Como bien dije, desperté en un lugar que nunca imaginé. ¿Dónde se encontraba mi familia?¿mi trabajo?¿mis actividades?¿mis responsabilidades? Fueron preguntas que torturaron mi “psique” durante dos horas largas y penosas. Tomé un papel que reposaba sobre el escritorio del camarote con mi mano menos hábil y con la otra empuñé con agresividad una pluma de cóndor cuyano. Entre garabatos y rayones empecé a idear planes utópicos y flepísticos para poder escabullirme y escapar de aquella embarcación sin que los “gallardos” se dieran cuenta -de todos modos, creo que ninguno se había dado cuenta de mi presencia-

-TOC TOC –se escuchó un golpe seco en la puerta de la habitación.

Dando media vuelta, me dirigí a abrir. Era don Eutraprelio Cozzetti, alto y narigón con el pelo con honditas y una boina moderna que hacía que se le formaran remolinos en la parte de atrás del cerebelo.

-¡Necesitamos de su presencia Don Calixto! ¿O acaso pensó que no habíamos captado su presencia? Es de suma importancia su presencia en el banquete de esta velada nocturna! –dijo el naripa mostrando una sonrisa picaresca, como tratando de convencerme de alguna maldad.

No sé cómo sabía mi nombre ni tampoco porqué repitió tantas veces la palabra “presencia” en tan pocos segundos. Una de dos: o escuchó dentro de mis pensamientos y quería hacerme sentir grato o no es un buen orador. De todos modos me distrajo y me convenció de ir al banquete.

Se escuchaban los ruidos de vasos de madera chocar unos con otros, como peleándose para ver a quién le vierten la cerveza primero. Se escuchaba el chirrear de la cocina. En el ambiente viajaba una línea finita y aromática de alegría que era suficiente para endulzar a tantos corazones de piedra. Todo era risas y golpes en la espalda de unos con otros, gordos y flacos, altos y bajos, barbudos y lampiños. Algo en especial me llamó la atención, estaban todos sobrios, es raro que en un barco los tripulantes estén sobrios. Y en eso aparece Don Ojota Fonsé, el negrito, y me dice:

–Acá nos divertimos sin caer en los excesos. Hay que saber controlarse, darle la espalda al pecado y mirar hacia la virtud.

¡Que manera tan poética de decir que no hay que embriagarse! Sin embargo, cuando miré sus labios noté que empezaban a tornarse un tinte morados y le pedí un poco de su bebida celestial.

Años más tarde, frente a la chimenea de mi hogar, mientras me calentaba los pies y a su vez calentaba mi garganta con una pipa europea, entró por la chimenea el pájaro azul –medio chamuscado- y susurró: “es un tipo noble el negrito”

Ya estaba todo listo, Melany no iba a aparecer, la gran mesa de madera de cedro colorado estaba magistralmente adornada con candelabros de bronces y platillos sin iguales. Todo era maravilloso, dentro mío galopaba una fuerza misteriosa que me inflaba el pecho. No quería irme de ese lugar del cuál quería irme hace unos instantes atrás. Claro, pero mis preguntas seguían sin ser respuestas.

Y en eso, se escuchó un sonido estrepitoso, de la ventana sur del salón había caído un bulto azul y formidable.

Melanchólicus L. Redemptus!- vociferó Don Camilo- pensé que nunca llegaría, siéntese, tome una copa de nuestro ancestral vino y acompáñenos.

-¡Bienvenido!- chillaron todos a la vez.

Sin entender qué sucedía y sin recibir explicaciones di un golpe en seco en la mesa y un profundo silencio se hizo presente.

-¿Dónde estoy?¿Hacia dónde nos dirigimos?- pregunté con voz fuerte.

Nadie respondió. Solo se escuchaba de fondo el chirrear de la carne. Todos aquellos sujetos me miraban asombrados, nunca antes se habían planteado esa pregunta. Sólo se dedicaban a disfrutar de lo Bueno, Bello y Verdadero- o eso intentaban- Todos empezaron a fruncir el ceño tratando de resolver aquella interrogación.

De pronto, el niño de madera que se encontraba en la parte delantera del barco, salió de su sitio- vale aclarar que seguía estando bellamente tallado- y se acercó a la mesa sentado en una nubecilla de algodón. Mirándonos fijamente a todos exclamó:

-Nuestro destino, gallardos, es la santidad.


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Don Calixto Medina

viernes, 29 de junio de 2018

La Patria y la Iglesia... ¿Apóstatas?

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Malas noticias corrían por los cuatro vientos en nuestra patria los días de Junio. Bastaba observar el periódico, o caminar por las calles para notar el sobresalto social. De un momento para el otro, la sociedad se alistaba radicalmente en las tropas del enemigo. Hippies, marxistas, capitalistas, indigenistas, feministas, pobres, ricos, buenos, malos, ateos, religiosos, etc... cubrieron sus cuellos con el  hediondo pañuelo verde, con el único fin de destronar lo poco que queda de Dios en la sociedad. Y no hay que ni poner en duda que éste es su objetivo de fondo, no nos dejemos engañar. Una vez más, el influjo satánico reunió toda su gama de colores bajo una misma bandera.
Toda esta conmoción del pueblo democrático, golpeó fuertemente a estos pequeños amigos. La Argentina firmaba resueltamente su apostasía. Más de una vez, los gallardos debieron reunirse a golpearse el pecho y desgranar el miserere.
No obstante, quedaba el consuelo de estar defendiendo la causa justa de los preceptos de Dios y de la Iglesia. Pero la mortífera apuñalada por la espalda no tardó en llegar. Desde Roma llegaba la noticia: El primer mártir de la patria sería ,nada más y nada menos, que un obispo montonero. ¿Casualidad que dicha noticia y el aborto ocurran en simultáneo y en medio del combate contra los principados y potestades? No lo se, a veces cuesta creer en coincidencias, más no me compete juzgarlo.
El desconcierto era total. La patria y la Iglesia, se revestían con los mantos de la ideología, mojando la oreja de aquellos que intentamos merecer estar en el rebaño fiel.
En medio de esta turbulencia, cualquier cristiano de buena voluntad podría exclamar: "La patria ya no me identifica, y la Iglesia tampoco...", "Esta Argentina y esta iglesia no merecen su defensa..." "Todo ha sucumbido...", o también, "Si el Papa o la democracia lo dicen, es lo mejor..."
Ante esta desazón, es bueno recordar qué es la Iglesia, y qué es la Patria. Pues, ¿Puede acaso la Iglesia Santa apostatar? ¿Puede nuestra Patria merecer nuestro repudio?
Para responder a estas preguntas, acudiremos al Padre Castellani, quien fue argentino, exiliado de su patria, y católico, perseguido por su iglesia.

El 5 de diciembre de 1970, con motivo de su aniversario de 70 años de vida y 50 de escritor, pronunciaría unas palabras que nos pueden ayudar en estar horas. Pasaré algunos extractos.

"...si me dejara llevar del afecto de la melancolía, que es propio de los ancianos, debería glosar lo que decimos cuando nos encontramos los de mi edad, que ya van quedando pocos: somos una generación sacrificada - hemos fracasado - la Argentina no tiene remedio, es un país malnacido..."

Y más adelante dirá el cura:

"... de modo que la primera parte de este protocolo consistiría  en quejarme que la Iglesia me ha perseguido y la Patria me ha pospuesto y postergado; y de ahí concluír que hay un estrato de vitriolo en el fondo de la Iglesia y un gusano inmortal en el seno de la Patria. Pero después de eso tendré que confesar que la Patria me ha dejado vivir -lo cual no es poco- y la Iglesia me ha enseñado la fe de Cristo.
En medio del camino de mi vida, la Iglesia, a la cual había estado sirviendo bien o mal y amado -sí- tranquilamente, se me dio vuelta y me mostró una figura de hiena, altro que Madre; la cual figura se me aparece de nuevo cada día que hay viento norte. Fue la mayor tentación de mi vida, una tentación contra la Fe -la cual, como digo, vuelve a veces-, tentación que pisaba sobre hechos indubitables, o sea hechos de experiencia. Su formulación era ésta: Si la Iglesia me persigue gratuitamente, no es una sociedad fundada por Cristo, la sociedad santa que nos enseñaron. La respuesta -sencilla pero difícil de actuar- era: Esto no es la Iglesia. Pero es la Jerarquía de la Iglesia, la más alta Jerarquía. No toda la Jerarquía; y algunos cuantos miembros de la Jerarquía, por altos que estén, no son la Iglesia. La Iglesia son los santos, los humildes, los rectos, los que tienen fe actuosa, los jerarcas iluminados sean pocos o muchos, la inmensa masa de los que practican la doctrina de Cristo calladamente. La Iglesia no se conoce por los vestidos colorados; es más difícil de conocer que eso..."

Continúa Castellani comentando cómo le habían prohibido la edición de sus escritos sin ningún tipo de prueba, y comenta:

"...Este es uno de los rayos de vitriolo que parten del fondo inficionado de la Iglesia actual: el depósito de vitriolo se llama fariseísmo; y dese depósito viene la perturbación y crisis actual. Siempre ha existido; y las grandes perturbaciones de la Iglesia actual deben venir de allí. Ahora bien, el fariseísmo fue la Sinagoga, la que dio muesrte a Cristo; pero el fariseísmo no es la Iglesia. ¿Y quién es, pues, la Iglesia en este caso? En este caso la Iglesia sería yo, como -siguiendo los preceptos del Señor y sus divinas enseñanzas nos atrevemos a decir- ; como cuando condenaban a San Basilio la Iglesia era San Basilio, cuando condenaban a San Atanasio la Iglesia era San Atanasio, cuando condenaban a Juana de Arco, la Iglesia era Juana de Arco: y los mismo en otros 10 casos: San Juan de la Cruz, el arzobispo Carranza, el Beato Oriol, el padre Coloma, Jacinto Verdaguer..."

"... Dejando esto y pasando a la Patria, es el mismo cuento..."
"... No son la Patria los que actualmente y desde hace mucho tiempo mangonenan el país a su gusto o a gusto del diablo: ¡La Patria son ustedes! No es la patria la ideología liberal, la plutocracia mercantil ni el imperialismo extranjero; esas cosas no se pueden consagrar al Corazón de María..."
"... entonces, la Patria real ¿es muy chica? No lo se, puede que si, puede que no, pero la Patria son ustedes..."

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Habiendo leído brevemente sus más importantes pasajes, podemos responder entonces que la Iglesia y la Patria no pueden apostatar, y decir al estilo de Bécquer: Mientras haya un puñados de fieles, habrá Iglesia y Patria.
Sumado a esto, Nuestro Señor ya había predicho estas cosas para que no nos pusiéramos tristes, diciéndonos que aquellos que nos persigan, pensarán estar sirviendo a Dios. Escrito está que la abominación se establecerá en el lugar santo. De modo que podemos concluir que es necesario que estas cosas ocurran. Es necesario que la Iglesia persiga a sus mismos fieles, y que los hijos se levanten contra los padres, y que compatriotas se peleen a muerte.
Todas estas cosas, no son más que para lo que dice Jesús: " Levantad cabezas, porque vuestra salvación está cerca".
De modo que la actitud cristiana antes los hechos mencionados al comienzo, debería ser esperanzadora, sin perder la calma ni detenerse en las mil minucias del sistema democrático, ni las actitudes pastorales antropocéntricas.   Para que vuelva nuestro Rey, es necesaria la mayor oscuridad. Solo el que persevere hasta el fin se salvará.
El enemigo no entiende que lo único que hace es apurar la hora de la Justicia.

-Citas obtenidas del libro Seis Ensayos y Tres Cartas. Página 13 a 22.-


Advertencia: Se recomienda leer este primer ensayo del libro, para evitar cualquier descontextualización.



Don Virulana de los Gamos

jueves, 21 de junio de 2018

Una noche en el Godoy

Aquella tarde otoñal de domingo, Camilo se había sentado a contemplar el Viejo Tilo, junto con todos los demás árboles que vivían allí en ese cuadrilátero citadino de Los Gamos. Las paredes estaban abarrotadas de verde y vida. Múltiples especies y familias botánicas convivían bajo el gobierno del antiguo y frondoso Tilo, que en el centro del jardín vigilaba sus dominios a los 4 puntos cardinales. La imagen era espléndida; todos, desde el diminuto césped hasta el alto ciprés, parecían rendirle servidumbre y homenaje.
El gallardo "pensaba en ella": en su voz, en sus delicadas manos guitarreras y cocineras, su forma de ser que le gustaba cada día más, y en todo lo que respectaba a ella. Estos pensamientos, como sabrán mis queridos sin gala, eran algo común en el enamorado menor de Los Gamos. Pero no hablaremos de esto hoy.
Esa noche tenía una cena especial con el honorable y célebre Marqués del Godoy, era un gran amigo suyo, pero estaba un tanto nervioso porque estaría con los notables del Godoy y los marqueses y duques de otros feudos vecinos en aquella cena formal, y tenía miedo de que sus diversas modalidades propias de un orco como él le hicieran pasar algún tipo de papelón. Afortunadamente iban varios gallardos más, todos invitados especialmente por el Marqués, por lo que sabía que ante el menor "desliz" tendría quien lo cubriera rápidamente. Y allá fue. Partió con su hermano mayor Virula hacia lo del Marqués que vivía en su cuidado y agradable Palacio del Marquesado cerca del famosísimo "Mirador del Godoy" en la rotonda San Francisco. En el camino se fueron sumando los demás gallardos. Al llegar unos heraldos anunciaron su llegada, éstos hombres fornidos estaban vestidos con hermosos atuendos con los colores típicos del Godoy, con detalles del escudo propio de la familia del Marqués, entre los cuales en su heráldica se distinguía un altivo cuervo negro. La casa era un hermoso palacio antiguo bien adornado siguiendo el estricto estilo estético del famoso intelectual Mario Santos. Daba gusto pasearse por aquellos pasillos y habitaciones. Al llegar a la sala del banquete, el mayordomo los anunció al Marqués, quien entablaba pláticas con otros marqueses y duques de otros feudos de la Gran Ciudad. Al ver el grupo que entraba sus ojos se transformaron de "señor feudal" a los de un "verdadero amigo", pues entraban a la engalanada sala los sin gala: Don Virula, Don Ábila, Don Abubba, Don Melancholicus Redemptus y Don Camilo con otros gallardos que vivían y amaban al Godoy. Los sentó cercano a él en la Gran mesa. El Marqués con un simple movimiento de la mano ordenó que se sirviera el opíparo banquete. Charlaban efusivamente al igual que como bebían vino; Don Camilo rápidamente perdió la vergüenza y reía como siempre junto a los gallardos, mientras que el resto de los "notables" charlaban y debatían (si es que a eso se le puede llamar debatir) de manera ordenada y "políticamente correcta". Había un cómico contraste en la mesa, y el Marqués, que no se dejaba llevar por la frialdad de los notables, también reía y bebía con sus amigos, siempre moderadamente y sin echar a perder su honra y respeto, pues él era hombre de gran admiración entre los señores feudales que envidiaban su integridad humana y espiritual.


De pronto, se anunció la llegada de un hombre cuya asistencia nadie tenía esperanzas de que sucediera, pero la sala entera se llenó de gozo y júbilo al oir al heraldo decir: "Evilio, el Confesor", y a continuación otro nombre que era la "frutilla del postre" (o como diría mi querido Eutrapelio Cozzetti "la cerecita del paraíso") y este hombre era nada más y nada menos que "Jules Salced van Beethoven". Así es, era el famosísimo pianista de las tierras del Godoy, gran amigo de los gallardos; él era Salced, el ruludo, amo y staretz del piano, dueño del compás, señor de las corcheas y semifusas, domador de crescendos y diminuendos. Había quedádose esperando a Evilio a que terminara su larga hilera de confesión para traerlo a la cena del Marqués, cosa que Evilio, por su humildad y sencillez, rehusaba asistir siempre a tales eventos; pues para él, su pobre casa y sus pobres confesantes eran su pasaporte al Cielo. Pero tras reiteradas invitaciones del Marqués accedió asistir luego de terminar de sanar las almas. El anfitrión respetuosamente le ofreció el lugar de la cabecera pero Evilio (o Elvirilacio como lo llama don Manchita) rechazó la oferta humildemente con una cálida sonrisa y un meneo de cabeza. Todos ya estaban cenando otra vez, algunos de los notables murmuraban, poco contentos, acerca de los "invitados especiales" del Marqués. La envidia de éstos se podía olfatear en el ambiente. Como ya dije antes, el Marqués era muy estimado y respetado por los condes, marqueses, y demás señores feudales; y su integridad humana, que se demostraba en cada una de sus palabras y gestos, al igual que en los de su familia, había conducido a muchos de éstos notables a perversas envidias y celos desde hacía tiempo. Es por esto que sucedió lo siguiente:

Uno de los señores presentes, gobernante de las remotas tierras llamadas "Las Edades" o "Las Eras" junto con varios terratenientes de allí tramaron un infortunio para los músicos que irían a animar aquel banquete señorial. Varios indígenas, oriundos y súbditos de Las Eras, (en esas zonas abundan los llamados "indios láser" o "laserindios", tribu antiquísima descendiente de los mismos Pehuelches), asaltaron el carro donde se transportaban los músicos hacia el Palacio del Godoy en los campos de San Martín, junto a la fuente, a unos pocos kilómetros del Cerro Glorioso. Mataron a los músicos y quemaron sus instrumentos arrojándolos al Lago que hay allí, todo esto ocurrió esa misma noche.
Volviendo a la escena anterior en Palacio... El Marqués se había olvidado de momento de los músicos pues la charla era fogosa y alegre a esa altura del evento. Los tramadores, al ver que el dueño de casa no hacía reparo en aquello, temiendo haber actuado en vano, decidieron "atacar" nuevamente. Entonces uno de ellos, descendiente directo de los ancestrales caciques, dijo en alta voz para que todos lo oyeran: "honorable anfitrión, todo está de maravilla, mas, ¿dónde están los músicos que endulzarán nuestros oídos mientra el vino lo hace con nuestras gargantas?"; la cara del Marqués se trastornó repentinamente, todos los ojos se posaron en los suyos. Trató de guardar la calma evitando sonrojarse o palidecerse, y pensando una rápida solución llamó a su mayordomo para que mandase una guardia de jinetes en busca de los músicos. Trató por mientras de pasar el momento hablando sobre informes de obras públicas para ayudas sociales y cosas por el estilo que eran pura rutina y protocolo, tratando de demorarse lo más que podía. Al cabo de una hora volvieron los guardias con un violín partido al medio manchada con sangre su única cuerda rota que aún pendía de uno de sus extremos. Don Evilio al ver ésto echó una poderosa bendición sobre aquellas almas difuntas cuyos cuerpos no sabían donde estarían. Algunos cuadros se movieron y algunos candeleros que colgaban tambalearon un poco, fue como si una onda expansiva invisibles hubiera salido desde las manos del humilde anciano. Inmediatamente habló a sus contactos, algunos quienes son llamados "Confesores nocturnos", para que rastrearan y dieran santa sepultura a aquellos pobres músicos asesinados. El Marqués sabiendo que todo era una trampa para arruinarle la cena formal y hacer quedar mal al Godoy entero, aceptó jugar el mismo juego y comenzó a sospechar y tratar de revelar al asesino pero disimulando tranquilidad e indiferencia con lo acontecido, para poder ver así si tratarían de desafiarlo con alguna nueva tramufia y ver qué nueva pieza jugarían sus enemigos para tratar de irritarlo o arruinar su noche. El Marqués bien sabía que esta acción deshonesta contra su persona, y por ende contra el Godoy mismo, era motivo suficiente para iniciar una guerra entre dos feudos.
Los enemigos del Marqués al ver tanto alboroto se llenaron gozo, y su malicia se acrecentaba, mas no se atrevían a abrir la boca por temor a que el poderoso don Evilio, el Confesor de almas, los descubriera con sólo escuchar el timbre de sus voces pecadoras y mentirosas, pues se rumoreaba que este santo varón sabía los pecados antes de que uno los dijese.
Apenas dada la noticia salió la guardia a buscar otros músicos pero en vano lo intentaron en muchos lugares, era muy tarde ya. El Marqués pidió calma y ordenó con un chasquido a los mozos que sirvieran el postre. Don Camilo, dolido por la muerte de aquellos hombres inspirados por las musas, y extrañado por la rara e incómoda situación al ver los murmullos de los "notables" contra su Marqués tan querido pensó en alguna solución. Pensó en muchas opciones pero nada era factible. Se lamentó de que su ingenioso amigo Eutrapelio no estuviera presente allí. Y al ver que el malvado Cacique tramador se levantaba nuevamente de su silla para hablar con cara de "viejo vizcacha", se apresuró a levantarse interrumpiéndolo... Todos en la mesa se sorprendieron al notar el importunio irrespetuoso del menor de los Gamos, y éste sin saber bien qué iba a decir comenzó a balbucear titubeando palabras desconectadas y sin sentido como quien no sabe cómo expresarse; y mirando desesperado a sus amigos en busca de ayuda vio a don Abubba junto a don Salced, y a su costado a su hermano Virula junto al Levíticus Melancholicus y tuvo la mejor idea que se le podría haber ocurrido. Miró entonces a todos los oyentes con cara de seguridad, y dijo: "señoras y señores, desde las humildes tierras del Godoy queremos homenajear a nuestro querido Marqués que nos ha recibido tan generosamente en su casa..." ...(aplausos tímidos)... "a falta de músicos, nos, los representantes de los habitantes de estas tierras, les dedicaremos a todos los comensales nuestras música tan bella interpretada por nosotros mismos" (y con gesto de quien apura a otra persona hizo señas con la mirada a don Abubba, Salced, Virula y Levíticus de que se parasen de sus sillas y fueran al escenario). El cacique se sentó tratando de disimular su rabia y con una sonrisa falsa aplaudió a los músicos del Godoy mientras todos los demás lo hacían por la sorpresiva decisión de éstos. Al llegar al escenario don Abubba y don Salced, staretz ambos del violín y el piano respectivamente, con una sola mirada conectaron sus mentes y entendieron ambos sin decir palabra que debían tocar el segundo movimiento de la famosa "pequeña sinfonía en Fa" (esto es: la Octava Sinfonía del antepasado de Salced, San Ludwig van Beethoven). Don Camilo, Don Virula y Melancholicus, no tan expertos como los dos primeros, tocaron la cítara, el arpa y la guitarra y cantaron haciendo hermosas armonías. Los 5 se acoplaron a la perfección y dieron un espectáculo digno de conmemorarse; el quinteto volaba con su música a lo largo de la noche y todos quedaron con sus almas saciadas de belleza en aquel momento, exceptuando los enemigos del Marqués, que llenos de vergüenza por su derrota no soportaron escuchar tan bellas melodías, pues sus oídos no estaban dispuestos parra ello, y peor aún, sus oídos estaban ya muy corrompidos de tanto escuchar música dañina. El show fue de alto nivel; sobre el final don Abubba y Salced tocaron solos unas piezas de J.S. Bach que al Marqués tanto gustaban, mientras que don Ábila (que se encargaba siempre de que las copas de los músicos no les faltase vino en toda la noche) junto a los hermanos de Los Gamos, el Levíticus y el Marqués del Godoy brindaban chocando sus vidrios, advertidos siempre cariñosamente por don Evilio que los cuidaba de los malos excesos. La noche fue hermosa, todos los Señores Feudales se fueron maravillados por la música de los habitantes del Godoy, agradeciendo con pomposos regalos y felicitaciones al dueño de casa. Ya cuando todos se habían ido quedaron en la sala sólo los gallardos amigos junto a la chimenea que fumaba el humo de las maderas rechinantes. El dueño de casa estaba muy agradecido con sus amigos, mas aún seguía pensando quién podría haber tramado tal nefasta trampa, y les dijo a sus amigos: "esto no acabará aquí, sepan que esta perversa jugada planeada puede ser motivo de entrar en guerra con otro feudo, marquesado, condesado o lo que fuere". Todos quedaron pensativos un buen rato.
Por un momento don Camilo había desaparecido, y cuando la última gota de vino fue bebida, ya casi al alba, apareció nuevamente con un papel y un lápiz en la mano sorprendiendo a sus amigos que charlaban tranquilos en los sillones contemplando el fuego, y empuñando su guitarra "Lunita" cantó lo que acababa de componer titulado: "Zamba Nostalgiosa, al Godoy", la cual reza así:
(sin música no se aprecian bien las rimas)
I
Cómo no pensar en vos
si la lluvia me da su canción
cómo no andar pensativo
si las nubes tiñen el cielo,
y en tardes quietas como éstas
me distraiga hilando un verso.

Los racimos ya se asoman
que las catas no dejan morear
y el lila de las campanas
de las flores del jacarandá
que a la plaza rodean,
el teatro y la iglesia.

Zamba nostalgiosa
que sueña volver a mirar
en noches de luna llena
las luces de la enorme ciudad
y desde lo alto del monte
un abrazo te vuelva a robar.


II
El viento rozando copas
Se embriaga en el viejo Tilo
Bebiendo su aroma dulce
Que al jazmín lo pone celoso
Y en la vereda la mora
Que se besa con álamo.

Por tu calles se pasean
Tus paisanos, y en el Mirador;
y en primaveras floridas
El Godoy se me vuelve canción
Y el Domingo nos veremos
En Misa todos de nuevo.

Zamba nostalgiosa
que sueña volver a mirar
en noches de luna llena
las luces de la enorme ciudad
y desde lo alto del monte
un abrazo te vuelva a robar.



Don Camilo dB.