lunes, 26 de marzo de 2018

Un Improvisado Ensayo sobre los Mitos y los Cuentos

Antes de comenzar este intento de ensayo, aclaremos que el tema es infinitamente grande como para resumirlo en un par de hojas. La cosa da para miles de libros y millares de fogones con más de algún descuidado que en su entusiasmo olvidó los límites de la alcoholemia. Sumado a esto, convengamos que Don Virula no es un erudito del tema. Gracias a Dios, aquí no existe ningún ente regulador, ni filtros, ni autoridad, y el libertinaje del blog me permite escribir sin escrúpulos sobre el tema...¡Que lo juzguen las musas!
 Pues si, es tratar de meter la cabeza en el mar, y desde allí explicar lo que este posee en todas sus dimensiones. Es por esto, que intentaré dar una breve pincelada.
¿Por qué los cuentos? ¿Por qué los mitos? ¿Por qué la fantasía? ¿Qué es todo esto del que tantos hombres gastan su tiempo sin motivo alguno?

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Sabemos bien, que vivimos sujeto a la carne, con limitaciones y debilidades. Sabemos también, que nuestra inteligencia es limitada. Bien, el primer punto en cuestión, es explicar que el ser humano es superado ampliamente por la creación, y las entidades sobre-naturales. Al ser finitos, concebimos en nuestra inteligencia tan solo un aspecto parcial de la realidad absoluta. Ahora bien, si nuestra recepción es finita, ¡Cuanto más reducimos un concepto, al introducirlo dentro de una palabra! Entendamos, que no podemos explicar lo que es Dios, ni mucho menos entender lo que es. Sin embargo, el hombre se ha valido de diversos recursos para tratar de alcanzar una percepción superior a la que la misma razón, mediante razonamientos lógicos, pueda llegar. Un ejemplo de esto es la poesía, que mediante palabras bien elegidas, logra hacer de trampolín para que alcancemos realidades muy altas, que por las simples "frases" no llegaríamos. Si bien el tema de la poesía no es exactamente igual, podría decirse que los mitos y los cuentos utilizan un procedimiento parecido. Esto es, intentan insuflar al corazón del hombre, algún mensaje que nos acerque a alguna realidad inexplicable. Creo importante subrayar que el corazón no posee un lenguaje de palabras, sino de conceptos mucho mas "completos" que las palabras que coartan el pensamiento.
El segundo punto a tener  en cuenta, es la olvidada verdad de que las cosas poseen una realidad superior y primera, a lo que captan nuestros sentidos externos. Es decir, que lo que aquí vemos, oímos, tocamos, etc... es tan solo la consecuencia última y más efímera de lo que realmente es. Quiere decir esto, que todo ente, en un plano "sobre-natural" es más real. Es como un sueño, las cosas son borrosas, poco definidas, y al despertar, vemos mejor la realidad. Bien, ahora vemos las cosas como en un sueño, y al morir y resucitar (o despertar los sentidos del alma aún en esta vida), descubriremos como realmente son.
Dicho esto, vayamos al tema en cuestión.

En mis escasos estudios, tengo como primer recuerdo los mitos griegos. Estos viejos que no tenían nada que hacer, pasaban su tiempo tratando de dar explicación a los fenómenos que observaban en la naturaleza, tanto del hombre como su al rededor. De allí surgieron fantasiosas explicaciones, donde se hablaban de dioses y otras cosas. Digamos aquí entonces, que al estar ociosos descubrieron dos verdades: La primera, es que existe algo superior a nosotros, que gobierna el universo, la segunda, que el hombre es un ser que posee en su interior deseos de una plenitud inalcanzable en este mundo, sin embargo, mediante la filosofía y el estudio, nos acercamos un poquito a esta "eternidad".
Ya desde entonces, con la sola observación, supieron ellos cuales eran los ideales del hombre,hasta tal punto que es preferible beber la cicuta, antes que traicionar los principios. Surge el concepto de héroe, aquel quien por un bien sobrenatural, es capaz de realizar obras que dañan su propia persona en lo exterior, mas lo purifica en su interior. Entienden que el hombre, es un ser creado, inferior a los dioses a quienes le debe culto y obediencia, y que ellos juzgarán las obras buenas y malas, y que habrá recompensa para los justos y castigo para los malos. Maravillosamente entienden también, que el mal se ha apoderado del kosmos a causa del delito de una mujer, y que ni este ni la muerte le son propios al hombre.
Los griegos no poseían la revelación hebrea, aunque no este comprobado de que algo hayan sabido. Digamos pues, entonces, ¿Cómo es posible que los griegos hayan inventado todo esto? ¿De dónde sacaron ideas tan semejantes a lo que Dios aún no había revelado? ¿Cómo es que Homero tenga conceptos tan cristianos? Podría darse una extensa explicación, pero digamos por ahora, que creemos en un orden natural. Que Dios ha grabado a fuego en el corazón del hombre lo que está bien y lo que está mal. Y sumándole a esto, aún los griegos descienden de Adán, y por ende llevan marcada la herida del pecado original, y con esto el recuerdo casi imperceptible del edén y la potencialidad de ser transfigurado, redimido y saciado sus deseos con gozos eternos.
Por lo tanto, mi rápida respuesta es que los griegos simplemente supieron oír la sutil voz que corre en el torrente más profundo del corazón de todo hombre en la historia.
Vale aclarar, que todo mito no siempre responde a una verdad absoluta, sino que tocan distintos aspectos parciales de ella. Por ejemplo, un mito nos puede hablar sobre la virtud de la humildad y no por eso del sacrificio. Otro hablará sobre el heroísmo y otro sobre la prudencia.
Dejemos por ahora a los griegos...
Se cuenta en algún libro de algún autor que nunca leí, pero que no se quien me contó, que varios jesuitas se sorprendieron al encontrar la buena disposición de los indígenas para con la fe. Descubrieron luego, por boca de los nativos, que ellos creían en que algún día les llegaría la salvación bajo el símbolo de una cruz (Esta fuente es verídica). Quiere decir entonces, que por alguna ocasión, a lo largo de los años les habían legado a estos indios la tradición de la salvación.
Vayamos ahora a los egipcios, quienes creían en poderosos dioses, en la divinidad de un super-hombre (el faraón) que debía gobernar, y ser sepultado en la espera de resucitar a la vida futura.
Ahora bien, dejemos un poco de lado los hechos históricos. Casos en la historia de conductas semejantes a la fe cristiana, hay de sobra y en este momento no me acuerdo cual otra poner. Lo que quiero que se capte de esto, es que el hombre siempre ha querido tener fe, y creer en algo más divino que la miseria humana. Digamos de nuevo, que parece ser que lo lleva inscrito en el corazón.

Todo pareciera indicar, que el hombre que se detiene por unos instantes, descubre la invisible presencia de algo más, necesariamente debe haber algo más. Y he aquí cuando el hombre se pone a pensar  o buscar algunas respuestas posibles.
Expongamos otra cuestión, ¿Puede el hombre verdaderamente INVENTAR algo? ¿Es acaso el hombre creador, en el campo imaginativo? Y aquí se abre el debate, y si de algo me alegro en este momento, es que no hay entre los gallardos algún teólogo que me pueda excomulgar por hereje. Por lo tanto, si bien somos imagen y semejanza de un Dios que es creador, me atrevo a decir que el hombre es incapaz de crear algo en su mente. Mas bien descubre la realidad. Pero entonces, dirán, si fuera así, el hombre no podría errar en sus concepciones. A lo que respondo, ¡Claro que si! Puede equivocarse en la interpretación, pervirtiendo la realidad contemplada a causa de su mala receptividad de lo intangible. (Intragable)
Bien, como el hombre es un mero descubridor de verdades superiores, y que a  su vez presiente su necesidad de perseguir la felicidad inaccesible por medio de "cosas" que no captan del todo sus sentidos, recurre entonces a escuchar su corazón, y tratar de encontrar casi desesperadamente las respuestas a sus preguntas.
Si, el hombre siempre presintió que está destinado a algo más que esta tierra, el hombre siempre supo su origen divino, y su magnánimo destino... Aún los más desesperados, han tenido ese pequeño rayo de luz que le da esperanza para la otra vida, no puede quedar todo acá.
Pero al comenzar esta búsqueda, la humanidad se encuentra con una gran traba: su propia limitación. ¿Cómo es posible que intuyamos un destino divino y glorioso, que nada en este mundo nos pueda saciar, y que no exista la posibilidad de salir de las limitaciones de nuestro cuerpo frágil y mortal?
Es la gran pregunta que todos experimentan inconscientemente. Y creo que es aquí, donde se pueden tomar dos caminos: el primero, comamos y bebamos que mañana moriremos. El segundo es aquel donde ese rayo de luz esperanzador, en el mejor de los casos, enciende una llama, y el sujeto dice, si, hay algo más que lo que vemos, hay vida en la vida, o después de la vida. Esta idea ya abre la ventana del alma, para recibir la luz del exterior. Esta idea activa la vitalidad del corazón, y este movimiento se transforma en amor  a lo desconocido. ¡Busquemos! gritará el interior, pensemos en lo que conviene hacer, en cual es nuestra misión, en cómo debe ser el hombre. ¿Y las limitaciones? No importa, si hay algo más, eso nos ayudará.
Es justo aquí, a mi entender, que el hombre comprende que necesita ayuda, ayuda de un héroe semi-humano, semi-divino. O alguien que venga del más allá a  mostrarnos el camino, o héroes que nos rediman. Y en esta gran verdad del hombre, comienza quizás el tema central de todas las historias, cuentos o mitos. Un héroe que da la vida por los demás, en pos de algo mejor. El amor como tema central de casi todas las historias. El bien y el mal, luchando entre si, y el necesario final feliz de nuestras vidas.
La humanidad no necesitó la revelación para comprender esto, siempre estuvo allí, fue creado para eso. Y finalmente, en la plenitud de los tiempos, Dios se hizo hombre, viniendo del más allá, para mostrarnos el camino, la verdad y la vida, y como el héroe griego, murió para salvar a los demás de las garras del mal, redimiendo la humanidad imposibilitada de saltar al más allá, en una entrega pura de amor por los hombres, libre y desinteresadamente. Y finalmente,  el Mito se hizo carne, y habitó entre nosotros (como diría un viejo monje).
Al haber venido Cristo a la tierra, se nos fue rebelado absolutamente todo aquello que por tantos siglos de antigüedad los hombres buscaron sedientos. Toda la historia lo estaba esperando a Él, todos los hombres presintieron su venida, todos poseían y poseemos en el corazón, la historia completa de la salvación.
De hecho, es por esto mismo que uno puede emocionarse y llorar ante la lectura de algún libro, o sentir que su corazón se calienta al oír una historia de amor. Porque aunque se esté hablando de Bilbo, el corazón se ve involucrado en esta historia, y realmente lo está, pues Bilbo no es más que una interpretación de esa gran historia en el corazón del hombre. Si, nuestra alma está también destinada a partir desde los Puertos Grises hacia una maravillosa tierra, bajo un tibio amanecer. Y justamente es esto lo que desde siempre han hecho los mitos y los cuentos, tratar de evocar la verdadera gran historia, de cantar sus maravillas élficas a la cual verdaderamente el hombre está destinado, de manifestar ese amor todavía negado, pero que no morirá jamás en el cielo, y que vale la pena sufrir mil vidas por el. Todas las historias, no son más que el intento de contar la verdadera historia. Y si el intérprete es fiel, y nuestra recepción es noble, que no quepa duda que nos encenderá el alma, y nos encontraremos llorando como niño de 5 años, ante la impávida mirada sorprendida de algún hermano o padre. No lloramos por Frodo, lloramos por nosotros, lloramos por Cristo, nuestro Héroe.
Por todo esto, es que las historias siempre le serán cercanas al hombre y la fantasía será el asunto de los adultos. Siempre serán necesarias. Ellas no hacen más que recordarnos lo que somos, y purificarnos el corazón. Quien desprecia los mitos y los cuentos de hadas, es un homicida.
Entre el Edén y el Paraíso, existe un oscuro camino llamado tierra, donde los sentidos se duermen... Que el recuerdo y la nostalgia, mediante los cuentos, nos salven en este trayecto.

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 Don Virulana de los Gamos

1 comentario:

  1. No soy una musa, pero me tomo el atrevimiento de juzgarlo: lo considero sublime. Más acertado imposible.
    Y excelente pluma.
    Un saludo desde el húmedo oriente,
    Mr. James

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