miércoles, 20 de febrero de 2019

HILARIO VUELVE

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Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.”
Antonio Machado




Era verano. Poco más de un año había transcurrido desde la partida de Don Hilario de Jesús. Nadie sabía con exactitud su destino, ni su misión ni su vocación. En verdad, ninguno hubiese creído que de un momento a otro, sin dar explicaciones, se marchase el Viejo hacia el Oeste, montaña adentro. "¿Se iría a Chile?", comentaban los más jóvenes de la la Comarca cordillerana. "No, decididamente no osaría Hilario cruzar la Cordillera para establecerse en tierras traicioneras", contestaban rotundamente los más patriotas del grupo de amigos. No obstante, todos, en el fondo del corazón, dudaban de hacer cualquier afirmación sentenciosa con respecto a la vida y a los pensamientos del de Jesús...

  Sin embargo, fue una semana de febrero en que la plácida y tórrida Comarca del Oeste comenzaba a agitarse por señales hilarantes... Don Virula de los Gamos se hallaba whiskieando a las 11 de la mañana en su casa, un día cualquiera, cuando el conejo que allí tenía se arrimó a su dueño con una esquela atada al cuello. Éste toma al conejo por las orejas, lo alza, le saca la esquela del cuello y lo arroja por el jardín. Luego con avidez desenrolla el papel, y lee con rapidez el siguiente mensaje:

Este sábado, a la medianoche, en el Rincón de la Dalila. Traiga un "100 PIPERS"
¡Hasta la vista!

Vuelve a enrrollar el papel, lo guarda en el bolsillo y se prende un cigarro. De pronto su corazón empezó a palpitar con violencia. Los ojos comenzaban a iluminarse, y mientras se servía otra medida de whisky, asentía levemente con una sonrisa en la cara, murmurando: "Vuelve..."

Mas no fue únicamente el ruludo Virula quien recibiera dicha invitación misteriosa, aunque probablemente haya sido el primero. Uno a uno fueron los compadres del Hilario enterándose de tamaña mítica reunión. Así, Don Ojota Fonsé leyó un WhatsApp inesperado de un número desconocido con palabras enigmáticas: sábado-medianoche-rincón de la dalila-urgente. Dom Abubba advirtió un significativo comentario en su Instagram con palabras similares, cuestión fácil de desentrañar para el Starets. El Marqués de Godoy es avisado por un peón de la estancia de su Marquesa sobre dicho evento. El Emigrante Nostálgico con su inseparable Granadino son invitados a la curiosa velada por el camarero de la taberna donde se encontraban bebiendo ya le 7ma cerveza. Los pequeños dinosaurios -Medina, el menor de los Gamos, Cozzetti, de la Manchita y el Libanés- recibieron el mensaje por parte de Elviralacio, después de una misa semanal. Jimmy es anoticiado del acontecimiento por un mensaje privado en Facebook. A Zaqueus se lo comunica el portero de su barrio. A Don Rionnes se lo informa su propia empleada, fiel y guapa. Al del Alba se lo cuenta un cliente asiduo de su taller de carpintería. A The Writer le llegó un escrito a su Blog con la mentada informaciónTambién son invitados al concilio personajes como Pericles, Jens y el Irlandés que estaban filosofando en un campo del pedemonte. Y Don Alcandadora Tuk no se enteró de la cita por ninguna vía; pero finalmente hubo un compadre que se desbocó y lo puso al tanto del encuentro (¿o reencuentro?), sobre todo porque era menester un mago del fuego que encendiera uno a tono con la ocasión -pues hay fuegos y fuegos... fuegos que encienden otros fuegos.

De más está decir que aquella semana se pasó volando. Todos los invitados a la asamblea del Anónimo fueron presa de una ansiedad virulenta. Y ciertamente que entre ellos ni una palabra se dijeron sobre tal invitación. Así las cosas, cada uno se calzó a su manera: Abubba con su narguile y sus bebidas tropicales, Virula con el whisky susodicho mas cigarrillos a granel, los mini-dinosaurios con sus Damajuanas y sus puchos baratos, el Emigrante y el Granadino con sus cervezas, los filósofos del campo con sus licores variados y sus pipas, Zaqueus con gintonic, The Writer con su bebida energizante, Don Rionnes con su agua mineral de manantial, Alcandora con su fernet, Fonsé y Jimmy con un añejado coñac, y el Marqués con las manos vacías. Todos estaban alistados, y el día se aproximaba con presura. 

Fue entonces que la juntada por fin arribaba con su noche estrellada y su luna escondida. Poco a poco iban cayendo al callejón pedregoso donde se hallaba el lugar de la reunión. Algunos llegaban caminando, fumando en silencio. Otros aterrizaban en sus coches full-full. No faltaban los que caían en bici, en longboard o en monopatín. Y otros aparecían súbitamente, como por arte de magia, como caídos del cielo. Es en esta situación que fueron cayendo en la cuenta los invitados que eran todos amigos entre sí, o más acertado, todos eran amigos de una persona en común: Hilario. Al percatarse de esta coincidencia, más violentamente comenzaron a latir los corazones, con redoble de tambores, en una expectación que iba in crescendo. Hasta que todos se agolparon junto al enorme portón blanco de estilo victoriano que daba al caserón en cuyo rincón trasero se hallaba sepultada la mascota más sagaz de los últimos tiempos: Dalila, de la estirpe de Roverandom. Al verse las caras, atónitas, atina el Nostálgico con cierta decisión: 

-Bueno... ¿vamos a entrar o qué?
-¡Entremos! -grita un Virula decidido que comienza a colgarse del artístico portón. Todos le siguen detrás, salvo Alcandadora que de un salto acrobático ya se encontraba del otro lado del portón.   

Mientras marchaban en fila india hasta el fondo del loteo, avanzando por el rosedal, luego zigzagueando una serie de arbustos y plantas de distintas especies, se van aproximando lentamente al el sitio preordenado, y allí observan a un hombre sentado sobre un tronco, apenas iluminado por una farola, que miraba al piso mientras fumaba una pipa calmosamente. En eso se oye desde la penumbra un excitado: "¡Hilario!". Seguido luego de varias voces que paulatinamente iban adquiriendo un rostro gracias a la tenue luz del faról narniano. Voces que clamaban y exclamaban: "¡Hilario, es Hilario!... ¡Ha vuelto, el Viejo ha vuelto!... ¡No lo puedo creer, joder!... Sabía que regresaría... ¡Necesito chupar, necesito celebrar!... N O O O S I I I N O O O S I I I..." Acto seguido, o al mismo tiempo, todos se abalanzaron hacia un Hilario que ya se hallaba de pie con el semblante radiante, feliz con los brazos abiertos de par en par y una sonrisa gigantesca y unos ojos desorbitados. Y se sucedieron los fuertes abrazos, las risas prístinas y sonoras, las lágrimas gozosas, los besos al hombro, las bendiciones amicales, los gestos afectuosos y las palabras cordiales. Todo era albricias, algazara y júbilo. A los saludos prosiguieron los brindis, descorchando todo tipo de botella de vidrio contenedora de algún líquido amable que acompañara al son de la alegría sobreabundante. Vinos, whiskys, birras, licores en el aire se balanceaban al ritmo de la danza de la amistad celebrada, entre cánticos exultantes y vibrantes. El fuego, ágilmente prendido, chisporroteaba con gracilidad en el centro del asombroso reencuentro. Después de un año Dalila volvía a presentir la vida desbordante sobre la superficie terrestre. Había fiesta en ese legendario rincón porque un compadre retornaba de lejanas tierras, y el corazón desgarrado de Don Hilario volvía a encontrar los pedazos que lo completaban en sus amigos entrañables. Con todo, solamente el intuitivo Virula contemplaba en la cara de su amigo vuelto un dejo de dolor abisal, impronunciable... 

No fue en esta noche que explicó el Viejo Hilario el motivo de su regreso. No fue ni en esa noche ni en muchas otras noches que el de Jesús desarrollara las razones de su ida y su venida, y de sus correrías más allá de la Precordillera. Fue mostrando poquito a poco la "aguda espina dorada" que llevaba atravesada en el pecho, y no a todos sino a muy pocos. No le era fácil hablar del asunto. Entonces, prefirió que el tema se mantuviera en el silencio, en el olvido, en el misterio oculto. Sería un secreto que llevaría en su alforja, como tantos secretos del pasado que supo ir acumulando y que tanto le enriquecían. Si algo compartía era con suma discreción, pues lo que revelaba tenía su precio y no podía ser manoseado por la gente como si fuera un chiche, como si no fuera nada. Trataba de ser fiel a aquella frase sabia de Bernanos: "Cuando nuestro sufrimiento ha pasado de piedad en piedad, como de boca en boca, me parece que ya no podemos respetarlo ni amarlo". Los amigos, a la corta o a la larga, terminarían comprendiendo esta compleja posición del amigo herido, y lo seguirían acompañando, en este punto, en el misterio de la oración envuelta en un silencio profundo.

    

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martes, 15 de enero de 2019

El Fuego de Farra


Compañero de aventuras,
de la Oscuridad enemigo,
Varón de gran fervor,
en la fiestas, querido.

Gran bailarín de danza,
varias maneras de andar,
cuando es grande... guitarreada,
cuando es pequeño... charlar.

En las tinieblas confusas, 
la luz ha de llevar,
en un palo, tronco o vela,
pa' poder iluminar.

Amigo del que fuma,
Hoy le quiero cantar,
al Fuego Místico de farra,
con quien me han de encontrar.

En los bailes nunca falta,
pa' la noche iluminar,
y para un buen arguile,
sus brasas servirán.

Con buen vino y un asado,
los amigos juntarán,
en verano o en invierno,
bajo su brillo estarán.

 Nido de amor y esperanza,
pa' poder filosofar,
a la luz del fuego 'e farra,
todos habrán de cantar.
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viernes, 11 de enero de 2019

Payada vieja

Queridos gallardos: este pequeño recitado fue uno de mis primeros escritos, notarán con facilidad la plaga que hay de errores de métrica y rima, pero les pido compasión y humor para no tenerlos en cuenta; cuesta quizá seguirle el ritmo, pero piensen que lo escribí cuando era apenas un niño. Sin más preámbulos, allá va:

Aquí me pongo a payar
invocando primero a Dios
jamás dejaré de cantar
ni de hacer sonar mi voz

Que me callen si quieren
que la enfermedá me gane
pero yo no voy a poder 
dejar como un infame

a la dama que en mi vida
es mi fiel compañera
 que es amiga consentida
y siempre estuvo cerca

Largas horas pasé junto a ella
bellos fogones y mucho tiempo
sentado escuchándola en silencio
y otras cantando a cuatro vientos

Si no fuera por mi amada
la más hermosa que'e conocido
no se qué sería de mi
sin ella no soy el mismo

Lo digo y reconozco
la quiero de sobremanera
tantas cosas aprendí d´ella
largos años llevó entenderla

De pequeño la conocí
y le agradezco mucho a Dios
porque no la dejé ir
y ahora es mi gran amor

Tantas cosas le debo al Señor
que no me alcanza pa' pagarle
por este inmenso regalo
nunca dejaré de alabarle

Me cambió la vida
admito con sinceridá
¡qué triste sería compadre
si no la hubiera visto pasar!

En ella gasto mi tiempo
ella me ayuda a pensar
la cuido como al oro
pues la quiero de verdá

Tanta gente la conoce
tantos la saben valorar
¡ay de aquel prosaico
que no la supo aprovechar!

Tantas cosas hay por decir d'ella
que mi letra no expresa
la llevo prendida en la sangre
pues su forma esplende belleza

Y no me canso de agradecer
a aquellos que me la enseñaron
a profesores y hermanos
y a Dios que la ha creado
la puso en la mente de un bravo
y a mi por fortuna ha llegado

Debo decirles, y voy terminando
por si no se han dado cuenta,
que hablo de mi guitarra,
la que en silencio rasgueando
ha escuchado todas mis tramas,
mis gozos y cuentas,
la alegría y el llanto,
mis gustos y mis mañas.

Cada payada y cada historia
siempre la cuenta una guitarra
remedio pa' la memoria
que canta proesas pasadas

Ella es el eco del tiempo
mostrando de la tradición su esencia
y si les digo esto no miento
es resonar de la providencia

Y a ella que si pudiera
me la llevaría al Cielo
ojalá que en mi último sueño
allí esté junto a su dueño

Espero que con mi muerte
la farra y ella no se añejen
aunque se diga que el instrumento
va muriendo cuando el cantor envejece

Y cuando éste entrega su alma
a Aquél que se la prestó
ella entrega su canto
al amado que la tocó

a ese que tanto amó
pa' que cuando llegue al Cielo
le diga al Padre Santo:
¡gracias mi Dios por tanto
por darme la voz y el canto!
aquí te entrego mis obras:
tonadas y guitarreadas
de vino sin borra,
que quedaron guardadas
en recuerdo que no se borra.

Brindo y obligo,
y que viva siempre latente
en la sangre de mi gente
pa' que nunca queden pendientes
guitarras llenas de polvo hiriente

y el espíritu noble jamás en reposo
brille como siempre ardiente
con fuego dentro del pecho
pa' que las venas queden calientes

con el fervor de aquellos gauchos
empeñados en todo ámbito
supieron usar sus hábitos
tanto en pelea y en canto

Entre gauchos y matreros
en noches de bailanta
no siempre peleaba el acero
pues se reñían con guitarras

Allí vimos proesas del hombre
en el arte del habla
y como jugando con la palabra
se dio la dignidad su nombre

Y ya me extendí de nuevo
y ahora en verda' los dejo
no pretendo más aburrirlos
con sermones ni consejos

Más un último aquí les dejo:
¡cuídense de ponerse añejo!
pues el diablo sabe por diablo
pero más sabe por viejo.



jueves, 3 de enero de 2019

Politiqueando


Fumaban todos en silencio, y el cielo sangraba anunciando su muerte. Vida feliz tuvo el Sol ese día, pues fue testigo de cómo nueve amigos concordes estrechaban lazos entre vinos y cervezas, entre whiskies y ginebras, entre asados y guitarras. Nueve eran, mas no sobraba ninguno.

-¿Qué es hacer política? -Se atrevió uno a perforar el cálido silencio con esa saeta inquisitiva. La brisa se hizo viento y huyó rápido de allí, estremeciendo con su paso las hojas de los sauces que, susurrando, contemplaban el episodio. Era el más grandullón de todos el que insolentemente rompió la armonía, el barbudo anfitrión de aquel evento.

Todos se acomodaron en sus asientos notando el ´pondus’ de la pregunta, buscando quizá una posición más cómoda intuyendo el debate que asomaba.

-¡Esto es hacer política! –Exclamó un granadino feroz señalando la mesa-. Estar aquí reunidos, preocupados por el bien común, es hacer política. Una madre desde su casa horneando pan, hace política; hace política un monje desde su celda, orando por la Patria; un anciano enseñando a su nieto a dar los primeros pasos…


-¡No estoy de acuerdo en absoluto! ¡Me niego! –Interrumpió un elegante joven de hablar delicioso y muy leído-. Política sólo se hace influyendo en los cauces institucionales como la universidad, el ayuntamiento o un partido político. Pero aquí reunidos no hacemos política ni por asomo…

-¿Y escribiendo libros? –Dijo uno al que llamaban ‘el abulense’.

-También…

-¿Y dando conferencias u organizando debates?

-Depende.

-¿De la gente?

-Del tema.

-¿Si es sobre política?

-Ahí sí.

-Entonces ahora estamos haciendo política. Tiene razón el granadino, pues.

Se hizo un breve silencio. Quedaron todos pensando. El silogismo parecía correcto, aunque algo no cuadraba. Pero no estaban sus cabezas en ese momento como para revisar el razonamiento, el vino hacía suaves todas las cosas; y verdaderas.

-Yo pienso que un elemento esencial a la política es la noción de bien común –dijo uno que debía ser el presidente de un Foro-. Y que allí donde se busque el bien común se estará haciendo política.

-¡Exacto! –Dijo el anfitrión-. Un sabio decía que allí donde hay agrupación orgánica, hay búsqueda del bien común. Recuerdo que ponía aquel ejemplo de que unas personas en un ascensor que sube no son una agrupación orgánica. Ahora bien, si ese ascensor se avería con las personas dentro, y ellas hacen por salir de allí, ya hay grupo orgánico. Por tanto, hay búsqueda del bien común, que es que todos salgan del ascensor. Y, pues, hay política.

-Lo curioso es que hay bien común cuando dos o más personas se benefician de aquel bien –comentó un tal Raimundo-. Eso está claro. Pero lo grandioso es que basta sólo una persona para hacer política, para preocuparse efectivamente por el bien común, como un monje desde su celda, como una madre horneando pan, porque el hacer política no consiste en ser muchas personas preocupadas, sino en que la preocupación sea sincera y la consecución de tal bien afecte a más personas que sólo a una.

El cielo ya era oscuro, el rojo se hizo negro, y el Sol dejó a su Luna para que velara por aquellos nueve ignorantes que discutían sobre temas de los que no sabían nada. Pero eran muy queridos de Febo, quizá por ese cariño que despierta el ver a unos niños hablar de temas importantes. Lo que uno aprecia no es la discusión, sino la grandeza de corazón, la altura de sus ideales. Eso es lo que enternecía al Sol; y a la Luna también.

Sé que el debate se alargó mucho más. Sé que, habiéndose puesto de acuerdo en qué era hacer política, debatieron sobre si era más efectiva la opción institucional o la opción comunitaria. Sé que unos se tacharon de racionalistas políticos, y otros de ingenuos realistas. Pero lo que no sé es quienes tomaron qué posturas, ni cómo acabó aquello, pues me quedé dormido en el sauce en que agazapado observaba.

Soy un pobre duende que va en busca de historias que contar, de personas que exaltar, de corazones que encender. No busco mi propia gloria, sino la de Aquel que es el único merecedor de ella. No busco entretener con mi historia, sino despertar al dormido, esperanzar al derrotado e interesar al aburrido.

Este es el relato de nueve jóvenes claustrales, de nueve monjes urbanitas que dejarían su huella bendita en este siglo de males.

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E.N.

lunes, 17 de diciembre de 2018

El Problema de las Aventuras

  Cabe decir, antes de comenzar, que el Problema con las Aventuras pertenece a aquellos que resultan antagonistas del gallardo. Aquellos condenados a tratar de ser felices sin importar como y donde, aquellos que no se encuentran, aquellos que no ironizan y que se afanan por crear un mundo sin encanto alguno...

  El Problema de las Aventuras es una conclusión a la que se a llegado gracias a muchos "problemas" anteriores, entre ellos esta la sensación constante de vigilancia que sufren los jóvenes, el Mundo Espiritual y la Falta de Originalidad.

  El Primero de estos subyace en una idea cristiana corrompida que nos lleva a complacer al prójimo en lugar de amarlo, los jóvenes de hoy son vigilados por sus congéneres con quienes tienen una relación de Gran Hermano. Viven para que otros los admiren, comunicando sus vivencias a través de Istagram, Facebook, Snapchat, etc. Son egoístas y solo se preocupan de los demás conforme a si son o no una audiencia. Desde publicar fotos de vacaciones a usar la sensualidad como arma para llamar la atención, se usa a la audiencia para que diga (o pensamos que dice) "Oh que feliz debe ser" o también "Oh mirá cuantos amigos tiene", "Que buen asado se comió", "Que bien le queda la boina"
  Esta gran exposición tiende a llenar de vacío a quién se expone. Una mañana 2000 seguidores son deslumbrados por su sonrisa, por la tarde todos le dan la espalda por que alguien sonríe más o mejor; o se pinta el pelo de rojo; o es más gracioso. Imaginen la frustración desgarradora que supone ser una estrella fugaz o no llegar nunca a serlo sin saber bien el por qué.
  El problema del Gran Hermano puede llegar a los encuentros más cercanos. ¿Quién no se a reído de un chiste que no entiende solo por que los que tiene al rededor se ríen? ¿Quién no dijo alguna vez alguna idea que no entendía del todo solo para parecer un poco más inteligente?

  El Segundo Problema es más evidente, "vivimos en el Mundo pero no somos de él", sin embargo muchas personas viven pensando que el Mundo es un gran lugar para estar. Se acostumbran, y gracias a esto comienzan cambios que nos atraen más a este que a nosotros mismos.
  El problema del Mundo Espiritual no es, a mi parecer, que nos aleja de Dios, sino que nos aleja de nosotros mismos, nos desinfla, y nos transforma en esclavos. Zombies que caminan de aquí para allá siguiendo fines nobles atención, fama, gloria... pero sin esforzarse por ello. Pues el mundo los a convencido que la meta para lograr algo es la alta confianza en sí mismos, no la disciplina, ni el trabajo duro, ni la humildad. Por consiguiente el fracaso no se hace esperar y eso solo los destruye más y más.
  El Mundo Moderno tiene varios Ídolos para solventar esta idea, los youtubers son unos de estos, personas jóvenes, millonarias por tener una estúpida idea, o una linda cara o saber contar chistes. Propaganda que la persona común consume sin límites.

   El Tercer y último problema suele ser la falta de Originalidad. La masa de personas que no quieren estar dentro de la masa... tanto el primer problema como el segundo tienen participación en este dado que, gracias al "Gran Hermano" moderno, todos buscan ser famosos por hacer algo que otros no hacen. (Es casi gracioso que cada vez más chicas se pinten el pelo con colores extravagantes, pregonando ser diferentes) sin embargo le tienen miedo al rechazo y es por eso que les asusta hacer cosas que estén muy por fuera de la regla. 

  Las aventuras son contrarias a estas tres ideas y para demostrarlo tomaré la figura de Bilbo Bolsón. 
  Bilbo va contra el primer problema al no interesarle lo que dirían los demás ya que este se apellidaba Bolsón y estos eran muy respetados por no tener aventuras por lo que fue tratado de "raro" por quienes lo conocían. Contra el segundo porque una aventura nos pide alejarnos un tiempo del Mundo en el que estamos cómodos, el caso del hobbit es su querido Bolsón Cerrado y la Comarca. Y contra el tercero porque Bilbo hace cosas que podemos llamar "originales" sin buscarlo, obligado por la situación o por los enanos y no busca gloriarse de ellas, sino que las completa con la más firme humildad y sencillez. 
  Conviene recordar a este pequeño hobbit a veces, pues, a mi parecer resulta uno de los más grandes personajes tolkenianos, incluso más que Gandalf.

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El Corsario Negro

Alcoholoquios: la conciencia


-¡Silencio! –Gritó el Hidalgo en medio del alboroto- A ver si en el silencio escuchan esa voz que dicen tener en su interior.

Todos callaron, más intimidados por el vetusto Quijote que por hacerle caso voluntariamente.

-¿Y? ¿Escuchan algo? –dijo con tono de burla.

Los gallardos callaron haciendo un acto de verdadera ascesis, por venerar al anciano gruñón, pero más de uno pensaba que un buen piñón en el pómulo izquierdo le vendría de maravilla.

-Son unos zopencos si piensan tener una voz interior –añadió el Manchego, pero mejor hubiera sido no hacerlo.

Don Virula no pudo contenerse más, tiró al suelo el vaso de whisky que estaba tomando y pegó un grito de desahogo que pareció un puma feroz y hambriento. Ares lo había poseído, pero aún quedaba parte de Apolo en él que lo frenó.

-¿Calentito? –comentó el Quijote con sorna, ya para rematar.

Y aquí sucedió todo de forma tan rápida que no sé muy bien si sabré explicarlo. La escena era la siguiente: don Virula saltaba con sus cuatro patas hacia el Hidalgo, que se ponía en guardia con los puños en alto, en un estilo propio del boxeo antiguo, moviéndolos en círculos. Don Camilo, que bebía su coñac, lo escupía por la nariz mientras, sorprendido y preocupado, se levantaba rápido para frenar el trayecto de su hermano. Sancho dejando la pata de pollo que comía y limpiándose con la manga la boca, se levantaba para colocarse delante de su amo. Jimmy, a la izquierda de don Virula asomaba con su honda, listo a encajarle un piedrazo en el medio de la frente al Quijote. The Young Writer se paraba extendiendo su brazo y gritando a la vez, avisando al Manchego del hondazo que se le venía. Y el Marqués de Godoy se servía un whisky en su copa, sentado en su sillón contemplando jocoso la escena que frente a sus narices se desarrollaba.


Conclusión de todo esto: el provocador Hidalgo recibió ese piñón en la cara, el calentón de don Virula recibió el hondazo fallido de Jimmy en la parte de atrás de la cabeza, don Camilo un codazo de su hermano, y a Sancho se le cayeron todos encima. Estaban ahora todos en el piso, habiendo recibido su parte y sin ganas de continuar la pelea. En eso se oyó una voz sofocada:

-¡No puedo respirar, por favor! ¡Sálganse que me aplastan!

Era el pobre Sancho.

Todos tornaron a sus respectivos asientos, silenciosos y culpables. Al rato tomó la palabra el Quijote rascándose el chichón que le había salido:

-Quiero pedir disculpas. Me dejé llevar por la efusividad de la discusión, todo esto ha sido mi culpa.

-La culpa fue mía –dijo don Virula encendiendo un cigarro-, pasé fácilmente a las manos sin poder contenerme.

-¡La culpa es de los dos! –Gritó Sancho- ¿Dónde está mi pata de pollo?

Todos soltaron una carcajada que aligeró el ambiente tenso que había. Don Quijote y don Virula se dieron un abrazo reconciliador.

Recargaron todos sus tragos y prepararon y encendieron sus pipas y puros. Estando así un rato, y habiendo añadido leña al fuego que menguaba, tomó la palabra el Marqués de Godoy:

-Me alegra que se hayan reconciliado, compadres, vienen bien a veces unas piñas como estas. Pero quisiera retomar el tema en cuestión que quedó sin concluir, y que me pareció bastante interesante. Si me permiten seré el moderador para asegurar un final cordial.

-Tengo entendido, entonces, que nuestro caballero andante sostiene que no hay ninguna voz en nuestro interior que se llame conciencia, y que tampoco la conciencia es algo innato con lo que nacemos. Por el lado contrario, sostiene don Virula que la conciencia es la voz de Dios en nuestro fuero íntimo. Explíquenos, Hidalgo, ¿qué es para usted la conciencia, pues?

-Bueno… es una pregunta difícil, la verdad –puntualizó el Quijote-. Aún no lo tengo del todo pensado y corro el riesgo de equivocarme; pero como estamos entre camaradas, les confío mi idea de conciencia para que la pensemos. Veamos si sé exponerlo breve y claramente.

-Creo que ha habido una tendencia errónea desde Lutero a esta parte, y es el hacer de la conciencia un «sustantivo» cuando en realidad es un «verbo» (lo mismo que se ha sustantivado la libertad, que siempre ha sido un mero adjetivo). Me explico, la conciencia no es una potencia como lo es la inteligencia y la voluntad, no es un «sub-apartado» de ninguno de ellos. La conciencia es un acto propio de la inteligencia, una acción, o al menos eso dice Santo Tomás. Si tuviera que definirla, diría que la conciencia es un acto reflexivo del entendimiento. Por este acto reflexivo, el entendimiento es consciente de lo que el hombre conoce en la realidad (la naturaleza de las cosas), a la vez que es consciente de su modo de obrar. Y, comparando ambas cosas, se da cuenta de si obramos conforme a la naturaleza de las cosas, o de si obramos contra ella.

-¡Muy interesante! –Exclamó don Camilo- Hay en Ética un principio llamado de «unidad de conciencia» que, dicho en cristiano, sería así: obra como piensas, o acabarás pensando como vives. Y creo que es porque cuando somos conscientes de que nuestro obrar no condice con la naturaleza de las cosas, sabemos que estamos haciendo mal, y eso nos incomoda.

-Claro –dijo Jimmy- y, ante esa violencia interna, hay dos salidas: cambiar de modo de obrar, que es la salida virtuosa; o cambiar de modo de pensar, que es la manera viciosa de salir.

-Tiene sentido… -añadió don Virula-. Por eso, el ideólogo es el que toma esta segunda salida, de adaptar su pensamiento a su modo de obrar. E incluso va más allá, intenta cambiar la realidad, porque en el fondo se da cuenta que la realidad no es como piensa.

-¡Excelente! –Gritó Sancho- ¡Este pollo está verdaderamente excelente!

Soltaron una carcajada general por la ocurrencia del Panzón de Sancho. Pero, después, volvió a tomar la palabra don Quijote:

-Caballeros, dicho todo esto, quería terminar concluyendo que cuando la Iglesia dice que Dios nos habla en nuestra conciencia, es cierto. Pero hay que saber entenderlo. El modo en que Dios nos habla es a través del orden impreso en su creación, a través de la ley natural que conocemos en la esencia de las cosas. Digamos que lo que conocemos son las leyes por Dios impresas en las cosas, por tanto, sí, Dios nos habla, pero no en sentido literal, salvo contados milagros históricos.

-Ea, pues, querido Hidalgo –dijo don Virula-, celebro que hayamos podido charlar este tema en el Alcoholoquio de hoy. Quien siga con discrepancias frente a la idea de conciencia aquí planteada, que hable. Y si no hay más discrepancias, pasemos al asado, que el gordo de Sancho con el pollo ese, me hizo rugir de hambre. Pongamos algún matambre, llenemos nuestros vasos, y brindemos por nuestra amistad.

Dicho y hecho, aquella noche guitarrearon, comieron y chuparon hasta que se hizo día y el sol salió de su escondite. Y es que la voz de la conciencia les decía que hacían bien…

martes, 4 de diciembre de 2018

Consejos para tener un buen día


Si el día es adverso
dedíquele un verso

Si el día es rutina
escríbale poesía

Si la mañana es helada
cántele una tonada

Si el estudio lo abate
enfréntelo con mate

Si el viernes ha llegado
récese un Rosario

Si por fin es Sábado
cómase un gran asado

Si llegó el Domingo
léase un buen libro

Si ya es de noche
pida a Dios perdón
y si al día amanece
agradézcale al Señor.



jueves, 22 de noviembre de 2018

Tardes de melancolía: "La convicción"

Mientras esperaba en la vereda, Zaqueus secaba con la mano el sudor que caía por su frente. Era Lunes (vale aclarar que era feriado, para que no se tilde a los involucrados de vagos) y hacían 30 grados. De repente su amigo y compañero de tardes melancólicas abrió de un tirón la puerta principal de la pintoresca casa ubicada en Los Gamos. Sus prendas indicaban que habría estado haciendo trabajos caseros, una vieja remera de fútbol y un pantalón corto que de seguro sería de su padre. (Se detalla la falta de magia, exterior, en la situación para aclarar que los gallardos no precisan de una noche estrellada junto a un fuego chispeando y un buen vino para hablar de temas importantes)

Transpirados y sucios se brindaron un abrazo de amigos y el ruludo invitó a pasar al de la Guerma haciéndose a un lado para darle espacio. Tuvieron una corta charla simpática, en la que Don Virula explicó que había estado limpiando la pileta, mientras calentaban el agua para un mate. Luego partieron con todo lo necesario para el jardin y armaron un pequeño "campamento" provisto de una mesa pequeña, dos sillas cómodas, un termo y mate, seis medialunas y dos cajas de cigarrillos.

El tema a hablar fue la santidad, el buen Viru exponía cómo se da aquello en nuestro tiempo de tener por "idealizada" la santidad en el ejemplo de los personajes bíblicos y opinaba que la santidad a la que estaríamos llamados debía de ser "acorde" a nuestros tiempos y las cosas que en esta sociedad desafían al hombre Cristiano y suponen una renuncia.

— "Verás, por ejemplo: Mientras soñamos con evangelizar pueblos con la Biblia en una mano y un largo bastón en la otra, dentro nuestro sabemos que probablemente algo que nos acerque más al Señor sea el llevar una vida austera ¿De acuerdo?"

—"De acuerdo" Respondía el de la Guerma esperando el remate

—"Bien, no es bueno pensar que, porque idealizamos una santidad como las de antaño, pero en el fondo creemos ver las herramientas "actuales" que nos lleven a ella, entonces consideremos que estamos en el buen camino, ya que la primera es buena y la segunda también. ¡No señor! Y he aquí lo oculto de ese engaño: mientras vivimos añorando la santidad que no es, dejamos de buscar la que es, y no es suficiente con "saberlo en el fondo". Es lo mismo si dijera: "Yo en el fondo sé que está mal, por eso voy por el buen camino" luego de darte una bofetada sin motivo alguno. Eso, mi amigo, eso es tibieza y falta de convicción."

Luego el Viru escupió el piso, no porque estuviera indignado por aquello (probablemente lo estaría, pero ese no era el motivo) sino porque la vieja bombilla dejaba que se filtre la yerba del mate.

—"Sigue, amigo" Pidió Zaqueus sabiendo que aún no habría terminado de hablar.

—"Lo que digo es, querer algo para mañana, pero no hoy, sea quizás peor que no quererlo nunca. Si yo pienso que el día de mañana llevaré una vida sencilla y austera con mi familia en una casa pequeña y rústica, pero hoy no quiero dejar de llenarme de lujos o derrochar el dinero en lo primero que llame mi atención, pues... Y así se aplica con todo, nos llenamos de pensamientos llenos de sentimentalismo en cuanto al futuro y miramos con ojos de enamorada lo caritativos que seremos, y pensando en ello nos enojamos con nuestra hermana porque, al hacernos una pregunta nos sacó de aquella pomposa fantasía de qué tan bueno seré el día de mañana"

—"Entiendo... Que habilidoso ha de ser el coludo, que puede hacernos pecar incluso de soberbia en virtudes que aún no poseemos" Soltó Zaqueus exhalando como superado frente a lo complejo del engaño.

—"Sin embargo, non nobis domine non nobis, hemos podido ver esto. ¿Que si dentro de 2 semanas será tema olvidado? Posiblemente, pero no con una vida de oración y con un plan práctico" Respondió Don Virula.

—"¿Y cuál sería ese?"

—"Tantos... Por ejemplo: Si el día de mañana te gustaría donar 1000 pesos, empieza donando 1 hoy. Si quisieras llevar una vida austera con tu linda familia, empieza hoy renunciando a esa hamburguesa, a ese reloj, etc... Si quisieras el día de mañana que el Señor te bendiga con mayor entendimiento en temas espirituales, empieza hoy llevando una oración y meditación diaria... El pasado y el futuro son del diablo, no porque le pertenezcan claro, pero mediante la proyección a estar por fin realizados o incluso el recuerdo de haber sido bueno/malo alguna vez, nos distrae de nuestro propósito diario"

—"Claro, pero ¿De seguro no dirás que es malo planear, cierto? "

—"Ciertamente amigo, mas no olvides que hacer las cosas hoy como corresponde, es planear, es proyectar y crecer. Y más aún, es caminar con convicción hacia la santidad"

Zaqueus de la Guerma

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Luz y Sombra

Luz y Sombra 

  Sobre el silencio del cementerio luchaban tres Oscuridades.
  La primera era la más evidente. La noche la había arrojado con violencia sobre la tierra, como una cocinera a un trapo sucio, pero Oscuridad se había revelado y fue ella quien reinó entonces sobre las sombras. 
  Era una Oscuridad joven y hermosa, tranquila y tenue, fácil de espantar con la luz de un fósforo o con la débil claridad de las estrellas pero no había fuego cerca y estaba nublado. Por lo que ésta persistía.
  Entonces surgió otra Oscuridad. Estaba en el abandono, en la soledad, fluía por las tres únicas tumbas que, olvidadas, habían sido condenadas a existir por quién sabe cuanto tiempo. Goteaba por las raquíticas ramas del viejo árbol que dominaba la loma. Solo y casi seco, ignorado por los jóvenes y olvidado por los viejos, y corría por la hierba, escurriéndose en todos los rincones.
  Rápidamente esta Oscuridad dominó a la primera y se coronó reina del cementerio. Sin saber que, desde un rincón, a los pies de la tumba más antigua, una tercera Sombra  la observaba con una risa burlona.
  Arrodillado frente a la tumba había un hombre, y suya era la tercera Oscuridad. Y con ella sometía y absorbía a las dos primeras hasta transformarlas en parte de su reino de sombras. era la Oscuridad más fuerte y la más negra. El hombre tenía el pelo gris, pero de allí no venía la Sombra. No nacía de su poncho negro de lana o de la pequeña botella de licor que se movía en su mano, No claro que no, ni tampoco estaba en los tres nombres, casi ilegibles por el paso del tiempo, que tenía enfrente. Pedro, Esteban y Milagros Pérez.
  No, la tercera Oscuridad vibraba en su pecho, en sus lágrimas y en sus ojos, los cuales, no hacía mucho, habían ardido con la bondad y la alegría pero que ahora estaban apagados, fríos, apenas vivos. Como dos carbones enterrados en la nieve.
  A lo lejos el jefe de policía volvía de su ronda de noche. Echó una rápida mirada la cementerio y vio al hombre Oscuro. "Pobre teniente Perez" pensó mientras se daba la vuelta y continuaba su camino.


  Pero se dice por ahí que la Oscuridad es pasajera, y fue que esta perdió poder ante un pequeño, diminuto, casi invisible rayo de luz que comenzó a molestarla con su traviesa inocencia. Sombra miró hacia arriba y observó con enojo que una rebelde nube dejaba la comodidad de su sitio.
  El rayo naciente iluminó la cara del hombre haciendo brillar las lágrimas como dos diamantes del más puro corte. Oscuridad maldijo entre dientes y se propuso acabar con el rayo pero a pesar de sus esfuerzos no pudo acercarse a él y, aunque por un momento pareció que la luz cedía, esta no hizo otra cosa que agrandarse más y más.
  Surgió entonces una segunda Luz, tal como había sucedido con la Oscuridad, y esta se unió a la batalla contra la Sombra. No era tan pequeña o inocente como la primera, sino que parecía más madura y fuerte. Nacía de una idea un pequeño pensamiento, llamado esperanza, que se agrandaba poco a poco en la mente del marino.
  Nadie sabe el tema de nacimiento de esta idea pero la Oscuridad rugió alterada viéndose atacada por dos flancos.
  Pero era necesaria una tercer Luz y esta apareció e hizo que la Reina de las Sombras chillara de rabia y abandonara el cementerio. La nube rebelde se movió aun más y el viejo teniente dejó sus ropas negras y su botella de licor para alzar la vista y ver en el cielo tres estrellas, donde yacían las almas de los muertos. El hombre se limpió las lágrimas con el puño y comenzó a cantar; y esta era la tercer Luz.





El Corsario Negro

sábado, 17 de noviembre de 2018

Un día nublado



Era un día nublado, aunque no un día nublado acogedor. No era de esos días de nubes que invitan a uno a cebar unos buenos mates o tomar un buen libro para “enterrarse” en frazadas y leerlo de principio a fin. Ni tampoco era de esos días de nubes que obligan buscar a un amigo para tomar un café con cigarrito en mano y contemplar como su humo se desvanece con el gris del cielo. No, no era un buen día nublado.

Se preguntará el lector ¿Por qué? ¿Qué clase de gallardo no explota su melancolía, por mínima que fuese en su temperamento, para disfrutar un día nublado? ¿Qué extraña razón habrá para que alguien desprecie un día así?

La respuesta, estimado lector, es que había otra razón además de las incidencias climáticas para que sea un día nebuloso. La Patria estaba sufriendo, una tormenta arrebataba contra ella en forma de cuchillo punzante. La Patria estaba siendo apuñalada. Esta vez no de la manera que lamentablemente le ha pasado a lo largo de su historia. Ahora la hería un puñal más mortal, una daga interna la hacía desangrar. Un puñal que no sólo aniquilaría físicamente a los suyos, sino que condenaría gran parte del espíritu de ella.

Por eso era un mal día nublado, no solo tormentoso por grises (ya sea del cielo o el de las actitudes de muchos desinteresados hijos de la patria), también aterrorizaba el clima un verde corrompido. El ambiente de las ciudades de nuestro noble país se había poblado de un inmundo pañuelo. La ideología, con sus artimañas y engaños, llevaba puesta consigo a montones de mujeres y hombres (no tan hombres). Abanderados por intereses internacionales, presiones extranjeras, mundanos farandulistas y una gran masa de mentiras, enemigos de la patria querían imponer el asesinato del ser más indefenso de manera legal.

Acongojados, los fieles hijos de este suelo se gastaban en oraciones, sacrificios, obras y mucho más para evitar que su país abra las puertas a uno de los más viles y demoníacos genocidios.




Así fue como un día nublado de agosto, con toda esta “tempestad verde”, se dirigía Don Ábila de La Mancha a la casa de altos estudios del parque Gral. San Martín. Allí, en las famosas universidades, sobre los jóvenes estudiantes es donde la ideología se encarna con mayor facilidad. Por varios motivos supone uno, sea por la etapa de la vida en donde se encuentran con muchas cosas nuevas o donde las modas más cautivan. Por eso gran porcentaje del alumnado portaba el inmundo pañuelo.

 El gallardo ya se encontraba arriba del colectivo que, pasando por los majestuosos portones de antaño, se direccionaba hacia las facultades. Lastimosamente ya estaba acostumbrado a ver muchas mochilas, bolsos o hasta peinados adornados de este desagradable accesorio. Pero había veces que le sorprendía la cantidad de mujeres que lo portaban. Y aquel día de invierno fue uno de esos. El bus estaba repleto de pañuelitos. Con la nostalgia que traen los días nublados, sumado a ese despreciable entorno y a los días que se vivían en la Argentina, el De La Mancha no sabía si llorar por su patria o tomar el facón y arrancar uno por uno los pañuelos que traían consigo uno de los horrores más indignos de la creatura humana. Lo que si eras seguro que su corazón estaba desconsolado por lo que veía.

Y para peor, aquel horrible trapo tenía un efecto detestable que, carísimo lector, puede usted también haber padecido: Había una dama, compañera de Don Ábila de la facultad, que él y seguramente muchos otros valoraban por la belleza con la que Dios la había bendecido. Cómo diría un viejo doctor de leyes “Era de esas que al verla no quedaba otra que mirar pa´rriba y decir: Que bien que te salió”. Una de las tantas damiselas que servían a los gallardos para explotar su lado más romántico y caballeresco, tomar lápiz y escribir algún verso en aras de la hermosura de la mujer. Resulto que aquel día, cuando el joven descendió del “bondi” noto que aquella dama pasaba justo a su lado; y al verla noto rápidamente que su cuello se adornaba con aquella monstruosa tela verdosa, y ya su encanto estaba completamente arruinado.

Este es el efecto detestable que mencionaba, el pañuelo “orcorizaba” (permítase la expresión en referencia a los orcos o trasgos de los escritos de J. R. R. Tolkien) a las señoritas. Así como según dice El Silmarillion el malvado Melkor corrompió a muchos de los nobles, inmortales y bellos elfos y los transformó en orcos, humanoides de apariencia terrible y bestial; aquel trapo lograba en un instante que aquella quien supo ser, cual musa, fuente de inspiración poética pasara a ser un repugnante humanoide. Sus ojos de claro color se tornaban más oscuros, sus angelicales cabellos se engrasaban, cayéndose todos los de un costado dejándola a medio rapar. Su figura se encorvaba y ya no sonreía de la misma manera, hasta se engrosaban sus brazos y piernas. La respingada y perfecta nariz se lastimaba por un aro metálico. Al pasar uno dejaba de sentir arpas y violines merodeando a su alrededor, y daba la impresión de oír potentes redoblantes que anuncian la llegada del ejército enemigo.


     (inserte mentalmente la imagen de una señorita afeada con un pañuelo verde, el autor no quiso manchar el buen nombre del blog con tal representación del ataque de la izquierda sobre la mujer. Tal imagen orcorizadora no es bienvenida en este sitio)


El de La Mancha no podía más. Sumar todo lo tenebroso y nebuloso de aquel día a que una elfa se convirtiese en tal trasgo hacían del paisaje una semejanza a Minas Morgul. Y pensaba ¿qué se podrá hacer? La fealdad arrasa con cosas simples y nobles. Ir a la universidad, viajar en colectivo, las bellas damiselas, pasear por las cálidas calles mendocinas, todo estaba nublado, nublado de aquella daga que acogotaba a la patria y quería condenarla.

Después de un día de estudio, con los ánimos por el suelo, dolores de cabeza y el corazón asqueado, el gallardo retornaba a su hogar. Se subió a un micro que lo trasladaría al querido Godoy y pensaba: bueno, aunque sea allí en mis tierras me esperan grandes amigos que podrán poner su hombro para superar días nefastos como estos.

Y al ir atravesando el glorioso parque, entre álamos y sauces, Don Ábila vivió una escena muy particular. Justo cuando el colectivo giraba en una calle, observó por la ventanilla y distinguió un claro en las alturas. Varias nubes se corrían para por primera vez en el día dar paso a varios rayos de sol en el oeste, y sobre las montañas el cielo se vía por fin celeste. Con su luz rojiza, el arrebol tornaba el blanco de la nieve de Los Andes, imponente cordillera que hacía semanas no se veía completa por las tormentas, en una gama de colores sin igual. El cielo celeste asomando, las nubes rojizas, los últimos rayos de sol, todo como una caricia de la gran creación… aquella imagen le transmitió una increíble paz al gallardo, serenó su corazón y una lágrima de emoción bajo por su mejilla.

Su mente empezó a desmenuzar las vivencias de aquel día para poder comprender todas esas distintas reacciones. En vez de volver a su hogar, se fue rumbo a la capilla de adoración sacramental permanente que se encontraba en la admirable calle Perito Moreno (para más referencias consulten al Marqués del Godoy).

Antes de entrar el muchacho se encontró con otros gallardos, que acudían también a orar por su patria. Le convidaron un Chesterfield y un mate caliente, y descansó en ellos con una tranquila charla luego de un día raro. También eso serenó su alma y cambió su ánimo, tal como cuando se abrió el cielo para dar paso a la luz que iluminó las montañas y dio aquel hermoso paisaje mendocino de atardecer.

Luego se dispusieron a entrar a orar al Señor Sacramentado. Cuándo entraron, era tanta la gente que se reunía, que tuvieron que ubicarse en el templo mayor para que todos pudiesen meditar y acompañar a Cristo en la eucaristía.

Finalmente, el sacerdote dispuso la custodia sobre el altar. Todos los fieles cayeron de rodillas para rogarle a Dios por su tierra argentina. Y allí, arrodillado frente al Santísimo, el de La Mancha entendió todo, o al menos, desmenuzó en su interior una simple sentencia a su duda. Al ver a Nuestro Señor ahí para ser adorado, su corazón se terminó de ablandar, las inquietudes se borraron y una paz lo llenó, por mas nubes que oscureciesen tormentosamente su patria.

Se había cuestionado qué se podría hacer ante tal situación de la sociedad. ¿Cómo se podría luchar ante tantas ideologías corrompedoras, ante tantos engaños y mentiras?
Era tan simple. ¿Cómo no iba a serlo? Aquel bello paisaje, una charla con buenos amigos, y principalmente nuestro Señor permaneciendo con nosotros en aquel misterio de fe… “y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt28:20). La duda de Don Ábila se aclaraba sola, de rodillas ante el altar¡Sólo Dios Basta! ¿Cómo se salvará el hombre ante tantas nubes y tormentas? Con lo que hay que aferrarse y predicar, que...
                                                 La Belleza Salvará al Mundo.


Don Ábila de La Mancha












Humildemente dedicado a los 44 héroes del ARA San Juan, en el día del descubrimiento del submarino, un año después de su desaparición. Que nuestro Santo Padre de los Cielos los tenga en su Gloria.