viernes, 16 de febrero de 2018

Zaqueus


Era una mañana de febrero cuando Jimmy cansado ya de perder el tiempo con el celular y de ver series, se inspiró para escribir después de ya muchos meses. Hay que mencionar que durante esos días hubo una gran motivación por parte de todos los gallardos para reactivar el blog y eso también influyó en el cazador para que desenfundara nuevamente la pluma que estaba llena de polvo,  y vuelva a la escritura. Se demoró unos instantes en meditar sobre qué era lo que podía escribir, hasta que algo irrumpió en su mente y no se le fue durante largos minutos, por lo que decidió comenzar a narrar la historia sobre como Jimmy el cazador, conoció a otro gallardo, “Zaqueus de la Guerma”

Todo comenzó el verano pasado cuando con un gran grupo de gallardos decidimos cruzar la Cordillera y pasar el verano en la peligrosa “Reñaca”. Era el segundo año consecutivo en que varios de los de este grupo optaban por el mismo destino, y el año anterior habían tenido una grata experiencia de amistad, oración y tranquilidad. Pero ese año nadie esperaba que pasara lo que termino pasando, nunca lo hubieran imaginado estos amigos que se encontraron desorientados en un lugar lleno de ruido, alcohol, mala música y mujeres que se respetaban poco.

No me gustaría perder tiempo en este relato contando lo que sucedió en esos días con estos amigos, porque no dedicaría un escrito a eso, pero si me interesa contar la segunda parte del viaje.
Había llegado la última noche de las vacaciones y me encontraba con el pequeño Tuk fumando unos cigarros en el balcón del edificio con forma de barco, meditando sobre cómo habíamos pasado esos días en el vecino país. Debo admitir que nuestra condición no era del 100%, ya que habíamos tomado varios tragos antes de la charla. De repente se hizo un silencio y el pequeño me miró y me dijo… Jimmy querido, no te gustaría pasar unos días con mi familia en la grandiosa “Zapallar”? Yo lo mire sorprendido y le dije que era un borracho y que no dijera esas cosas a altas horas de la noche.

Al despertar el día siguiente, comencé a preparar el bolso porque faltaba poco para que el micro con destino a Mendoza partiera. Mientras desayunábamos se me acerca el pequeño Tuk nuevamente y me preguntó… Y? Vas a venir o no? A lo que le respondí que pensé que había sido producto del alcohol su pregunta y no imaginé que la invitación iba en serio, por lo que me disculpe con él, y fui corriendo a cambiar el pasaje y postergarlo una semana más.

Volví al departamento, tome el bolso y junto al pequeño nos despedimos de los gallardos que retornaban a la patria y de los que se quedaban unos días más. Luego fuimos a la parada del colectivo y partimos a Zapallar. Mi cara se transformó al pisar ese lugar y no existen palabras para describir la belleza que posee, lo primero que hice fue agradecerle a mi compañero por la invitación.  Allí comenzaron las verdaderas vacaciones, recuperando el orden que habíamos perdido, la oración y contemplación y la sana diversión.



Se preguntarán que tiene que ver toda esta introducción con Zaqueus no? 
Espero poder cerrar la historia y que entiendan el por qué fue importante para mi comenzar a narrar contando esto.
Ahora sí entra el personaje principal de este escrito. Nos encontrábamos con el pequeño contemplando el cielo anaranjado una de las tardes de playa, cuando de repente escucho que alguien me llama a lo lejos. Me paré y rápidamente quise divisar de qué personaje se trataba pero no veía a nadie conocido, hasta que de pronto veo que se para de una ronda una figura que me resultaba familiar y viene hacia donde estaba. Si Señores! Era el gran Zaqueus. No les había mencionado que lo conocía, pero si un poco a la ligera, porque durante un tiempo entrenamos juntos, pero siempre que lo cruzaba todo quedaba en el hola y chau. Esta vez fue distinto porque el señor de la Guerma no solo saludo sino que comenzó un dialogo. Fue una charla normal como la que tiene uno con alguien desconocido. A partir de allí quedamos esa misma noche en tomar algo y reunirnos con unas elfas (cabe destacar que Zaqueus siempre ha manejado a la perfección el arte de la caza y fue el encargado de invitarlas).
Así fue como inicio nuestra amistad, quien lo diría! Nos reunimos en la posada Tuk durante unas horas hasta que vino la policía a decirnos que estábamos haciendo mucho ruido por lo que todos se fueron. Solo quedamos el pequeño y yo sentados, y mirándonos como en el balcón del barco nos preguntamos… Porque no invitarlo a Zaqueus un rato más y conocerlo? Asique me levante de un salto y le grite: ¡Zaqueus! Quédate a charlar con nosotros que todavía tenemos para rato. Y sin titubear el gallardo pegó la vuelta y se sentó en la mesa.

Sepan disculpar queridos que ya ha pasado un año y recuerdo poco lo que se habló. Creo que comenzamos preguntándonos de nuestras vidas y que hacia cada uno y terminamos hablando de ¡Elfas! No existe reunión sin que se trate ese tema. Hubo distintos puntos de vista esa noche, y Zaqueus no estaba acostumbrado a escuchar lo que decíamos con el pequeño, sobre el respeto a la mujer, los peligros de salir a bailar, etc. Finalizada la velada, nos fuimos los tres a dormir, cada uno con una sonrisa en el rostro, no me pregunten porque.

Al día siguiente Zaques nos invitó a su mansión y nos deleitó con unos románticos temas en la guitarra, fumamos, cantamos, reímos y nos divertimos. Pasaba el tiempo y nos íbamos entendiendo más con este personaje nuevo. Llevábamos ya una semana y tocó retomar a Mendoza, y lo más lindo de la historia es que el contacto se mantuvo, a partir de allí no nos separamos más. Durante varias semanas Jimmy, el pequeño Tuk, y Zaqueus se vieron y charlaron de todo lo que se les pueda imaginar y de pronto, sin que ninguno se diera cuenta, ya eran amigos íntimos y los tres pensaban igual.

Qué es lo que más me vuelve loco de esta historia?

Que si no hubiera estado en ese balcón con el pequeño Tuk charlando, no me hubiera invitado a vacacionar con él y su familia, y si no lo hacía nunca me hubiera cruzado con Zaqueus y si no me cruzaba nunca nos hubiéramos reunido en la posada, y si no nos reuníamos en la posada nunca le hubiera gritado ¡Zaqueus! Y si no le gritaba no hubiera existido esa velada y sin esa velada no hubiéramos charlado temas tan interesantes y sin esa charla esta amistad no existiría hoy.

La respuesta: “PROVIDENCIA”

Jimmy


Cristo en los Infiernos

Vaya este poema como complemento a la cavilación sobre la Resurreción hecha por don Camilo:


Cristo en los Infiernos

En los infiernos esperan impacientes
La Resurrección gloriosa de Cristo.
Cuando lo ven venir resplandeciente,
Todo es regocijo nunca visto.

Dice el buen ladrón a Cristo:
“Gracias Señor por haberme perdonado”
El Señor sonriente responde:
“Lo prometido es deuda, tu fe te ha salvado”

“Padre eterno y alabado
Ya estoy aquí de vuelta
Ábreme, te suplico, esta puerta
Para que pasen los justos a tu lado”

Las puertas del cielo se abrieron,
Y un coro de ángeles cantaba:
“Gloria al Hijo de Dios Padre,
Pues salvó a la humanidad que agonizaba”



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E.N.

jueves, 15 de febrero de 2018

El primer viaje de un pequeño

A fines de diciembre del segundo milenio se podía ver a Don Alcandora, de la dinastía Tuk, en sus aposentos escondidos en las viejas montañas del oeste. Los días pasaban y este pequeño travieso no conseguía salir de su apretado agujero o mejor dicho del verde y rocoso Valle que lo rodeaba, ya que a veces rondaba por ahí con amigos bebiendo y fumando sus clásicos "armaditus". Pero nunca lograba explorar nuevas tierras.
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En una tarde templada y serena decidió trepar hasta la cima de la conocida montaña arquera, de la cual se podía vislumbrar los límites del Valle y las rutas que se apartaban del mismo. Llegado a la cumbre se sentó sobre la roca alta, encendió su vieja y longeva pipa y descorchó un "viejito”, con un pup que retumbó en toda la quebrada, mientras meditaba en aquellas viejas rutas y pensaba hacia dónde se dirigían.


Fue en ese momento que detuvo la mirada en la vía "cafuel", la que va rumbo al este. No por la ruta en sí, sino por lo que había en ella.  Se podía distinguir una cantidad aproximada de cien caballos, todos amarrados a un sólo carro de color rojizo, lo que causó una intriga en el corazón del travieso Tuk.  Se preguntaba quién necesitaría tal cantidad de cuadrúpedos para arrastrar tan sólo un carro que no parecía ser tan pesado. Miles y miles de ideas se le pasaron por la cabeza, hasta que optó por bajar la montaña y espiar un poco la situación. Pues sí, era un pequeño travieso, pero sin grandes travesuras.

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Luego de dos horas y media de descenso se aproximó al carro y se ocultó tras unos floreados arbustos. Se escuchaban risas, guitarras, bombos y hasta se podía sentir el aroma a brancatelli, bebida típica de los humanos farreros. Como estaba a unos treinta metros no podía distinguir quiénes eran estos alegres peregrinos, por lo que se fue arrastrando entre los matorrales y las rocas hasta quedar a unos cinco metros de ellos. Fue en ese instante cuando reconoció a Don Compás de V.Castillo y al enano Bombadir junto a otros dos personajes que en ese momento no alcanzó a vislumbrar pero bien oía sus voces. El travieso había escuchado rumores de que estos hombres eran grandes aventureros y que todos los años concretaban un viaje hacia tierras desconocidas. Y todo los rumores tomaron sentido, ya que estaban hablando, un poco en tono de discusión, sobre una aventura que llevarían a cabo y los preparativos para la misma. Emocionado el pequeño Tuk quiso acercarse aún más, pero las debilitadas piedras que tenía a sus pies comenzaron a golpear entre sí, ocasionando minuciosos chasquidos.

¿Quién anda ahí? Preguntó, en tono sereno, uno de los peregrinos.

El pequeño sin vergüenza se vio tan asustado que pensó lo mejor sería salir del escondrijo y explicar su situación.
Se puso de pie, cuál portero esperando el penal y dijo tembloroso:

Estaba en la cima de aquella montaña y al ver semejante cantidad de caballos me atreví a descender hasta aquí para averiguar lo que tramaban, pero ya se hace tarde y debo regresar. No creáis que soy un ladrón, simplemente un pequeño curioso. Lamento haberme entrometido.

Se armó un silencio rotundo en todo el piedemonte, como si las palabras del pequeño no hayan sido las adecuadas, o del agrado de esos peregrinos. Pero rompiendo el silencio habló Don compás con voz ronca y en tono jocoso:

Jmmm... Mira pequeño: no nos molesta vuestra presencia en absoluto, pero podría habernos avisado y con gusto sería bienvenido en esta ronda farrera, sin embargo dada su sinceridad, dejaremos de lado ese tema. Venga, no sea cobarde y tome un brancatelli para que su lengua se suelte y pueda contarnos un poco de usted.
Al escuchar estas palabras, Alcandora quedó congelado de pies a cabeza, una mezcla entre alegría, ya que podría ser la oportunidad de su vida para recorrer nuevas tierras y realizar aventuras, pero mucho miedo también, dado a que nunca había atravesado los límites del valle ni dejado de lado a sus amigos. Luego de un respiro profundo, sin decir palabra, comenzó a acercarse paulatinamente al círculo de peregrinos. Los miró desde su baja estatura, se trepó a una silla, bebió un sorbo de Brancatelli y dijo:

Yo soy el más pequeño de los Tuk, mi nombre es Alcandora. Mi hogar está en el valle, a unas 5 horas de aquí, en la zona rocosa. He escuchado innumerables hazañas en las cuales ustedes son participes y me han narrado la aventura de las sierras del quinto noroccidental. He oído tamb...

Shh silencio niño ya has hablado suficiente. Dijo Don Manroca el Caballerango. Y continuó diciendo: Mañana mismo partirás a tus aposentos y prepararás algunos víveres junto a un poco de ropa, porque estarás con nosotros en ésta aventura. Tendrás que estar dentro de dos lunas, aquí mismo, con todo listo, pero ten en cuenta que es un largo viaje.
Todo está dicho pequeño, no nos defraudes…
 Bebió un sorbo del elixir Brancatelli y se lo ofreció luego, como si se tratase de un pacto, al travieso Tuk. 
Pasaron la noche comiendo, bebiendo y escuchando las hermosas melodías del solista Manroca. Luego de una larga jornada fueron cayendo en un sueño rotundo. Al amanecer el pequeño Tuk ya no estaba con ellos, ansioso por su viaje marchó al rocoso valle en busca de víveres y ropa como le había sido ordenado.
Dos lunas después se reunieron todos a los pies de la montaña arquera. Don Manroca hablaba de un tal Barbiespeso que estaría esperando en las lejanas tierras del este. Se concluyó entonces que hacia ese rumbo se dirigiría el aventurero carruaje, denominado el trueno.
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Quitando de lado las innumerables aventuras que hubieron en el viaje y los sucesos desafortunados, pasare directo a lo importante, es decir la llegada a las tierras del este, la de inmensos mares y verdes praderas. Pero esto no será narrado por mí, sino sacado de los mismísimos diarios del pequeño Alcandora Tuk:

Las aventuras pag.37 :

A mediados de febrero nos encontrábamos en las tierras del este, la de verdes praderas e inmensas llanuras cultivadas. Seis peregrinos, cada uno con su talento, compartiendo un viaje que nos dejó boquiabiertos. Don Brancatelli  acompañaba en todo momento, tanto en las tardes como en las noches, siempre fiel y fresco.
Como el insecto cae en las redes de la hambrienta araña, y sin darse cuenta ya está casi envuelto, nos sucedió a nosotros por la cruel y engañosa monotonía. Estábamos ciegos en unas tierras de lujuria y placer, los días se repetían una y otra vez, siempre haciendo lo mismo. Hasta que el día décimo vimos aproximarse una luz, tenue al principio pero que cada vez brillaba más y más, desgranó de a poco la funesta red del cazador y caímos al suelo…

El día décimo de esta aventura fue para nosotros el comienzo:

Fuimos socorridos de la espantosa monotonía por la Vanguardia del Balles, entrenados guerreros del más allá que tienen como principio ir contracorriente por los caudalosos ríos, rescatando a los que ya no tienen fuerzas para seguir remando y se los comienza a llevar la corriente. Esos fuimos nosotros, las fuerzas se nos agotaban y la corriente comenzaba a arrastrarnos, nos ofrecieron ayuda y la aceptamos, nos ordenaron remar con más y más  fuerza y que de esa manera ellos harían su parte. Y así fue, logramos seguir contracorriente sin tanto esfuerzo.

Entablamos charla con los nobles guerreros, les mostramos nuestras tradiciones guitarreras,  la forma de apreciar a Don Brancatelli, el contemplar la leña prendida fuego, transformándose poco a poco en brasa, útil para la cocción de los alimentos, y al final solo un puñado de cenizas. De muchos temas hablamos con estos bravos hombres, ya sean de honor, soberanía, gloria, héroes, patria y hasta del mismísimo Creador y Rey de todas las cosas. Los valientes del Balles, estaban muy entusiasmado con nosotros por lo que no retornaban al más allá, donde tenían sus deberes. Era de noche, Junto a Manroca y a Compas de V. Castillo encendimos una fogata para cocinar un ternerito, los del Balles serían nuestros invitados. Bombadir y Don Elefante preparaban el banquete de entrada y llevaban las bebidas a la mesa. Mienrtas el enano Barbiespeso salía a recorrer los bosques en busca de árboles secos, y no lo creerán hasta que lo vean, pero siendo el más enano de los enanos, machacaba a los grises gigantescos y se los traía al hombro, para mantener la fogata.

De repente tembló la tierra, vimos unas tres o cuatro estrellas que caían hacia nosotros con toda velocidad. Los del Balles se veían muy serenos y no se alarmaron ni un poquito. Bombadir y Barbiespeso cargaron sus hachas sobre los hombros como esperando el combate, mientras gruñían enfurecidos y llenos de ira. El elefante, el más experto en estrategias de batalla nos dio a cada uno un puesto. El mío fue trepar un árbol y dar detalles del supuesto enemigo, las estrellas cayeron a unos trecientos metros del campamento y como siempre fui muy pequeño y escurridizo decidí acercarme más. En dos minutos estuve ahí, escondido detrás de un árbol frondoso, tengo que admitir que nunca sentí tanto miedo como en ese momento, me temblaban las piernas y manos, goteaban mis cabellos del sudor, pero armado de coraje asome la vista y entendí de qué se trataba todo esto. Recordé que los del Balles estaban tranquilos, y se me vino a la memoria una de las viejas leyendas que narraban mis ancestros. Fui lo más rápido que pude al campamento y conté la leyenda a mis compañeros.
Todo empezó hace cuatro mil setecientos años, cuando los primeros guerreros de la vanguardia salían a merodear los caudalosos ríos y mares. Se encontraron con un puñado de elfas que estaban siendo sometidas por la bravura del mar en medio de una tormenta, su barco comenzó a naufragar y no tenían más remedio, entonces estos guerreros, apiadándose de ellas, las ayudaron y las llevaron a tierra firme. Luego de este suceso las elfas quedaron inmensamente agradecidas con la vanguardia del Balles y prometieron que a través de cada generación visitarían a los bravos guerreros después de llevar a cabo un rescate, y el rey elfo ofrecería un obsequio.Imagen relacionada
Por eso queridos amigos esto que se viene no es una guerra, sino la presencia de las hermosas elfas del naufragio. ¿No es así?  Pregunté a los del Balles y estos asintieron con la cabeza. Minutos después fueron llegando, eran en total seis hermosas elflas, pudimos hablar con todas ellas, pero una en particular me toco el corazón de alguna manera. Su nombre era Pilarius, compartimos buenas charlas y juntos contemplamos el amanecer, de a poco mi corazón se fue abriendo hacia ella, sin saber si un pequeño como yo podría merecer semejante estrella. Y digo estrella porque así como vinieron se fueron y quedaron ocultas en el firmamento.
Ya habiendo pasado un mes del último avistamiento, busco ansioso en el cielo inmenso aquella estrella que me dejo inquieto. Fueron cuatro o cinco días que duro éste encuentro, siempre por la noche y también por las tardes se mostraba brillante en el firmamento. Pero la última vez, brilló en la mañana, algo increíble al hablar de una estrella, me sorprendió tanto que la vi con más estupor que nuca, pues algo me decía que no la contemplaría de nuevo.

Y así fueron pasando los días, noches, tardes y mañanas buscando esa estrella que brillaba como ninguna. Ya a esta altura no sé si lo que vi fue cierto, pero lo que sé es que a esa estrella la veo cuando duermo y me estoy armando de coraje para salir a su encuentro en alguna no tan lejana aventura.

Don Alcandora Tuk, El pequeño.

El arte de describir


   

Eran ya las diez de la noche en la ciudad ” chacrense” alejada de la “De los Gamos”. Entraba gran cantidad de individuos al bar, cada uno era portador de un rostro peculiar y alegre. Cada cara parecía reflejar gran emoción al saber que no tenían hora de partida. Tan alegres se encontraban aquellos que parecía que el cantinero se había olvidado de cobrarle un par de  pintas. Todo el clima que se respiraba en “el bar del Fader” era de alegría- falsa alegría-, libertad-libertinaje- y agresión- egoísmo-. Pero justo en una esquina sur de la posada, frente a la ventana que parecía traída de la comarca por tener marcos redondos y de madera, se encontraba un sujeto de mediana altura, flaco con una boina color bordó como vino tinto “syrah” del 2003, gran reserva, que adornaba su cabeza. -Ah! Casi me olvido de un detalle, aquél sujeto poseedor de una gran y espesa barba se llamaba Don Calixto Medina.
¿Se encontraba sólo? Tristemente así era, pero esa situación no duró mucho tiempo porque luego de unos instantes, y después de un par de cigarros se sentó junto a él un hombre robusto, de hombros anchos y dueño de una majestuosa barba. Y dando un golpe sobre la mesa con el puño exclamó: Don Calixto, el medina, el poeta!¿me reconoce?- Y dando un salto como cuando un niño es asustado por la espalda, se puso en pie el Calixto. Y clavando sus ojos en el otro sujeto dijo:  No lo creo!¿en… en… en verdad es usted? ¡Que agradable sorpresa Emigrante, o don Pelayo! Siéntese, siéntese por favor- Y mientras los dos se acomodaban en sus asientos, don Calixto se encargó que trajeran un Whiskey escocés para que disfrutaran mejor de tan agradable encuentro.
Pues dígame, ¿qué lo trae por aquí?- preguntó ansioso Don Calixto.
Y encendiéndose un habano cubano, respondió con altura el Emigrante- “el amor”. El amor a mi patria, a los amigos, al folclore, la literatura, las montañas, a Cristo… - Se quedó un instante en silencio mirando cómo la joven mesera servía aquella bebida espirituosa, y luego de unos segundos sentenció- ¡pero vale tío! No vengo a hablar de mí, vengo a retarlo a un duelo, un desafío.
Un desa….?- y antes de que pudiera terminar la pregunta, el emigrante dijo: nono, olvídalo, es absurdo.
Hombre, ¿por qué se ha tirado para atrás?- preguntó el medina con gran incertidumbre.
Porque lo he pensado mejor- dijo el robusto que ya iba por la mitad de su habano.
¡Se equivoca!- dijo medina mientras lo señalaba con el dedo- usted arrojó la piedra y ha escondido su mano…
Está bien, tiene razón. Lo que yo quería ver era qué tan alta era su capacidad descriptiva- respondió el quasiespañol sirviéndole un poco mas de Whiskey a su compañero de conversación para que no se enoje. Ambos se miraron durante unos segundos cuando Calixto mientras encendía un cigarro dijo- a ver… expláyese un poco mas…- 
Pues bien, mire esta imagen tan simple y hágame la descripción más bella que pueda de ella- dijo el ex –pelayo.

Yo creo que se pone a prueba uno describiendo cosas pequeñas y cotidianas, igual no especialmente bellas, pero que las palabras logran hacer emerger esa belleza latente en las cosas- añadió el Emigrante como si fuera un catedrático profesor.
Creo que entiendo cuál es su punto- dijo el melancólico por naturaleza mientras entibiada su garganta con aquél liquido importado.
Si la Belleza es un trascendental del Ser, todo cuanto es, tiene algo de bello- exclamó el hombre grande- incluso las cucarachas.
¿¿Las cucarachas?? No puede ser, ellas junto a las arañas son intrínsecamente malas y no tienen nada de bello- dijo el medina apretando los dientes.
Jaja, me hace reír cumpa! –Expresó entre risas el Nostálgico- pues le retruco, le daré una oportunidad mas, le voy a dar otra imagen para que describa. Si se atreve, claro.
Don Calixto sabía que el tono de la voz de su compañero se había tornado un poco sospechosa y pícara, como si estuviera tramando una trampa- pues claro que acepto, muéstreme la foto!- sentenció.
Esta es su imagen, le deseo suerte- dijo el fumador de habanos.

No! Usted es diabólico, sabe que no tolero esas cosas. Es imposible. Me doy por perdido.- dijo Calixto decepcionado- lo único bueno que tienen es que fueron creadas por Dios- agregó entre risas.
Hábleme de la cucaracha, descríbala, haga lo que sea para convencerme de que tiene cierta belleza, y de que es digna de compasión- afirmó con voz ronca su amigo- luego usted me dará una imagen a mí.
Don Calixto pensaba para sus adentros que sería imposible describir bellamente una creatura horrenda y menos en tan poco tiempo y bajo presión. A pesar de eso, hizo silencio y tomando un lápiz y papel que llevaba en su bolso empezó a escribir. Luego de unos minutos expresó haciendo referencia a la despreciable cucaracha:
“Marrón oscura, como si quisiera imitar el tímido y llamativo color que de las montañas de los Andes se puede ver, es aquella creatura que todavía cree en el amor, en el amor fecundo que cree en la generatividad de la que habló Erikson ( procrear y velar por el bien de los suyos). Es aquella que a simple vista uno tiende a espantarse, sorprenderse -¡¡pobre de estos incultos!!- nada saben de éste bello animal que sin dudar trata de esconderse, de no ser visto, pues quieren practicar la humildad a toda costa, es decir, ir por lo bajo con la cabeza gacha pero siempre mirando a Dios...”
¡Bravísimo, buenísimo! Muy bueno!!- alardeaba el nostalgioso- es todo un reto esto, está bien para ejercitar la descripción, son pequeños trucos que le enseño.
Bien, ahora es su turno- dijo con voz atrevida el medina- aquí está su foto- y se la dio convencido de que no iba a poder decir cosa bella sobre ella:

Perfecto! – y encendiendo otro habano empezó a escribir el Emigrante. Pasaron varios minutos, mientras salpicaba el papel con sus palabras parecía que estuviera iluminado por los ángeles. Cuando terminó de escribir, alzó la mirada y dijo:
“Esas bolsas con fragante olor punzante que duelen al sentido, pero son delicias para la voluntad, pues nos ejercita en virtud.
Pero pobres bolsas, ellas no tienen la culpa de ser lo que son, su esencia vino determinada por otro, y obran lo mejor que pueden dentro de sus límites. Y es que nos enseñan que, a pesar de ser despreciadas por toda la sociedad, y echadas a un vertedero, siguen desprendiendo, a su medida, una fragancia al cielo, con los medios de que disponen por naturaleza. A cada cual se le pedirá según sus capacidades...
Aún así, difícil era distinguir si había bolsas de basura, o más bien eran las miserias del hombre amontonadas. Había de todos los colores y formas, enfermos mentales, verdes, paralíticos, rojas, mancos, grandes, leprosos, con comida podrida, cojos, rotas, ciegos, malolientes, mudos... Toda esa miseria física era poca comparada con la miseria espiritual que había debajo de esa material. Toda amontonada, toda desesperada. Efectivamente, esa basura me recordaba a la miseria humana que era fruto del pecado, y que no tenía redención.
Pero, así como un basurero con amor, dolor y paciencia va cargando esas bolsas para dejar limpio el suelo, así nuestro Dios vino al mundo para cargar nuestras miserias y dejarnos limpios. ¡Con qué amor nos cargaba Dios!, ¡con qué cariño a pesar de nuestros desprecios! Veamos la similitud del humilde basurero con la del humilde Niño Dios, cómo es una profesión que nos enseña a renunciar a nosotros mismos, a sufrir con paciencia, a ser otros Cristo, y abrazar con amor cada bolsa de basura, sea verde, negra o roja; grande, mediana o chica; maloliente, esté rota o abierta.
Qué Amor tan infinito el de Dios, que nos amó siendo nosotros miseria. Y siendo aquello bolsas de basura, el basurero qué grande amor que tiene."
Don Calixto lo miró a los ojos, le dio un apretón de manos a su querido amigo y se marchó, pues no era digno de estar sentado en la misma mesa con aquél hombre, que era un mago en el arte de describir.
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Don Calixto Medina

miércoles, 14 de febrero de 2018

Investigación Confidencial

Eran pasadas las dos de la mañana. La sala permanecía en penumbras. Solo brillaba una lámpara que colgaba del techo de aquel sótano hasta una altura baja, justo por encima de la mesa, repleta de papeles y pergaminos, de modo tal que los que se alejaban de la mesa, casi ni se veían. Allí se encontraban tres gallardos, en silencio. El primero, Don Ojota, estaba sentado en una sobria silla de madera. Pasaba su mano por la barbilla, o se rascaba el pelo pensativo, como tratando de asimilar algo. En mano tenía una copa de cristal con un cabernet franc 2002 elaborado en Alta Mira, al pie de la cordillera. El segundo, Don Virula, caminaba nervioso de aquí para allá, fumando un habano cubano entre sus dientes, mientras bebía un whiskey irlandés. Su mirada trataba de penetrar algún misterio inconcluso. El tercero, el reverendísimo Dom Abbuba, permanecía quieto en su gran sillón, inmutable.Fumaba de su enorme narguile de metro y medio, y el carbón crispiante iluminaba a la par que succionaba, su rostro severo. Parecía que aquel sujeto era de piedra, que no se movería por nada el mundo. Bebía un licor extraño de las altas alcurnias de Oriente, cuya composición desconocían, pero era una mezcla de varias hierbas típicas de allí, maceradas en alcohol al 95%, con una estancia en barrica de 16 años.  Allí estaban, en la cámara mas profunda y secreta de las anchas tierras de Los Gamos.


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- ¿Por qué se demora?- murmuraba Virula entre los dientes, sin soltar el habano.
-Paz, filio mío- respondió gravemente el Staretz -ya llegará. Y siguió Don Virula sin detener sus pasos:
-¿Será él?, ¿Acaso se han atrevido a romper las reglas?, ¿De dónde ha salido?-
No hubo respuesta, nadie quiso volver a romper la tensión de aquel bunquer lleno de extrañas siluetas de humo. De pronto, oyeron los pasos que esperaban, una puerta a lo lejos se cerró, y las pisadas fueron creciendo en la escalera, era él, no había duda. Rápidamente abrió la puerta Don Virula para recibir a aquel sujeto, que agachándose para pasar por la puerta, entró en la sala. Tras él, se cerró la puerta y se dispuso el cerrojo de cobre. Rápidamente todos se sentaron en sus lugares, excepto Virula, que dijo que prefería estar parado para pensar mejor. Todos besaron el anillo que tenía en la mano el recién llegado, anillo de las potestades del Godoy,  y se dispusieron a comenzar. El Marques, poniéndose de pie, dijo:
-Caballeros, en primer lugar, mis disculpas por las demoras, me resulta difícil llegar aquí sin generar sospechas, ya que mis feudos conocen bien mi rostro. En segundo lugar, el protocolo me obliga a recordarles que esta investigación es de índole confidencial, y nada de lo que aquí oyereis, podrá ser contado ni al mismísimo director espiritual. Nuestras vidas corren peligro de ser contrario.-
-Que así sea- respondieron todos al unísono. Don Virula exclamó:
-Mi señor, ¿qué desea tomar?- a lo que el Marques respondió:
-Traedme Whiskey, del sur de Inglaterra, que sea entre el año 86 y 88 por favor- Su vaso fue llenado enseguida. Siguió diciendo entonces:
- En esta novena reunión de esta investigación, quisiera hoy que Don Ojota comience relatando lo ocurrido.- Don Ojota, se para consternado, y encendiendo su pipa, explica:
-Yo me encontraba en San Martín y Arizu. Estaba solo, a las 4:43am. El destino me había jugado una mala pasada, y esperaba poder subirme a algún colectivo que me llevara a Los Gamos. Rezaba para mis adentros las letanías al 42, eso me hacía sentir esperanzado. Ocurre que como bien sabemos, en las proximidades habita la gente del Bombal, cuya frontera norte es la calle Morón, que bordea el sanjón. Sabida es también las múltiples guerras que han habido entre estos y la gente del Gauyma, a causa de la contaminación del agua cristalina que este sanjón posee, y que desemboca en el Cacique Guaymallén, también llamado el Támesis del Sur. Es por esto que la presencia mía, oriundo de allí, es tomada como una ofensa para esta gente. De modo que sabía que si me advertían vendrían por mi, para colgarme soga al cuello en el puente de hierro. Y había advertido un par de miradas que me despreciaron y fueron a dar alarma. Pocos minutos transcurrieron cuando comencé a escuchar que una muchedumbre se acercaba, cubriendo las calles desde los cuatro puntos cardinales. Me habían descubierto, y no tenía escapatoria. Portaban antorchas y tridentes, y gritaban cosas horribles sobre mi familia y mi pago. Nada podía hacer, el miedo invadió mis nervios y mi mente se nubló, casi pierdo el equilibrio. Fue en ese estado confuso, en que de pronto lo... de pronto lo vi, vi a...-
-¡No lo digas!- gritó furioso el marqués,- aún no estamos seguros- Y Fonsé continuó:
 Fue como si la realidad se desdibujara en un agujero en la calle, y como saliendo de la nada, del espacio sideral, apareció un colectivo, cerrándose tras sí, aquel portal místico. Pude ver que vestía los colores de los carruajes de mi pago. Sin que le indicara nada, frenó ante mi, y abriendo su puerta, el chofer me invitó a subir. Este tenía un cuerpo tres veces más grande que el de un hombre normal y su rostro era bello y anciano. Poseía cabellos grises muy largos, y su barba se extendía desde sus labios hasta el fondo del colectivo. En sus ojos brillaba la luz de las estrellas. Estaba yo muy confundido, la gente ahí era muy extraña, aunque parecieron no notar mi presencia. No recuerdo bien cuánto tiempo transcurrió, solo se que me bajé en mi destino, y al poner los pies sobre la calle, simplemente no lo vi más.-

Todos permanecieron en silencio un buen rato. Don Ojota se volvió a sentar. El Marqués, haciéndole una seña a Don Virula, lo invitó a hablar. Este, de pié dijo:
- Señores, ayer mismo terminé las inspecciones a todos los controles de todas las líneas que pasan por estas tierras. Aquel colectivo no figura en ningún recorrido, nadie sabe de el. Pensaba que algún pícaro, con la intención de ganar más dinero, había violado las reglas y había estado incursionando ilegalmente en territorio nuestro. Sin embargo, nuestros guardias de seguridad afirman no haber dejado pasar a nadie. Durante cuatro semanas contraté agentes especiales para vigilar las paradas mencionadas, y nadie vio absolutamente nada extraño. Fue entonces cuando decidí ir a visitar a Carlitos Lopez, dueño de la línea 9, El Cacique. Le pedí inspeccionar su estación, a lo cual accedió sin ningún problema. Tuve que pagarle 800 libras para que me deje leer los archivos secretos de allí, mas, no encontré algo relacionado al tema. Sin darme por vencido, pedí los antecedentes de todos los choferes, y ninguno se asemejaba al chofer descripto. ¿Cuál es mi opinión? Aquí pasa algo raro, y estoy seguro de que se trata una conspiración del Guayma, están buscando una excusa para inducirnos a una guerra, y tener pretéritos para robar las riquezas de nuestras tierras, y raptar nuestras mujeres....-
-Ya, ya, Don Virula, tranquilízate- Cortó en seco Don Ojota, y siguió:
-Ya sabes que eso no es así, mi gente jamás provocaría eso, hemos vivido en armonía desde hace 57 años, gracias al tratado del Unimev.-
Se sienta Don Virula, tratando de contenerse. ¡Denme whiskey! gritó.
El Marques, pensativo, se prende un cigarrillo, y dice dubitativo:
-Existe la posibilidad señores, aunque me cueste creerlo, de que sea aquel de que nos hablaron los profetas. Existe la posibilidad de que las profecías de los últimos tiempos se estén cumpliendo.-
-¿Cómo?- Exclaman exaltados Don Virula y Don Fonsé -De qué nos hablas, ¿qué profecías?-
El Marques, turbado, continuó diciendo:
Existe en los archivos secretos del Godoy, un pergamino muy antiguo, que habla sobre la presencia de un carruaje sin caballo, más rápido que cualquier corsel, que aparece y desaparece, socorriendo a los que están en banda- Los otros dos quedaron boquiabiertos. El del Godoy, continuó diciendo:
- Dom Abbuba, llegó el momento- Todos se dieron vuelta para mirarlo, permanecía igual que siempre. Este levantando levemente su mirada, dijo con voz de trueno en la montaña:
-Cuenta la tradición, de un carruaje misterioso, que transita a través del tiempo y el espacio, socorriendo a los más necesitados. En mi viaje al Oriente, estuve buscando información en Egipto. En antiguos archivos, encontré una pintura, donde se ve un faraón, al cual quisieron matar por convertirse a la Fe de los hebreos. Justo antes de su captura, cuenta la historia que los dioses le enviaron un carruaje sin caballos, color verde y mostaza, como los trigales del Nilo. Nunca más se lo vio. En otra ocasión, logré leer el diario íntimo de Nostradamus, allí hace mención a un extraño vehículo de índoles similares. En Grecia, bajo el Parthenón, en una excavación, se vislumbra una roca con un dibujo, donde se ve un colectivo bajando del cielo, trayendo a los astrónomos noticias del espacio. Hubieron varios rabinos que lo relacionaban con el carruaje de Elías, y aquí los mismos Incas dibujaron en las cavernas andinas, un vehículo grande de iguales colores, llevando a las momias al cielo. En Minas Tirith logré leer en un pergamino sobre cómo un misterioso carruaje salvó al Rey de una emboscada. Aquí tienen las pruebas- Y abriendo los papeles en la mesa, les mostró las evidencias. No había duda, era de la línea 9.
El Marques del Godoy, llamando al silencio habló:
-Os he ocultado estas cosas, para no alarmarlos, y porque las pruebas eran insuficientes. Conocía algunas leyendas, es por eso que Dom Abbuba estuvo ausente 38 años. Y creo que ha hecho un gran trabajo. Por otra parte, comencé a preocuparme cuando mis espías detectaron agentes de la Nasa buscando pistas interestelares. Creo que Donald Trump quiere retornar a la luna, parece ser que divisaron un bondi en un crater, con personas adentro.- Y suspirando siguió:
-El asunto es que yo mismo comprobé en Roma, de que se trata todo esto, es una larga historia, pero sepan... sepan que es señal del final de los días, temo a la rebelión del clero mendocino, donde pueda desatarse la última batalla librada en estas tierras. Mañana pondré al tanto a Evilio el confesor. Al parecer señores, no es más ni menos que....- Todos callaron. -Que el 151, auxilio de los desamparados, aquel que nadie se lo toma, aquel que a nadie deja por su casa, aquel que únicamente pasa cuando más lo necesitas. Nadie sabe de dónde viene ni a dónde va, no figura en ningún registro, nadie conoce a la gente que se lo toma, es el gran 151, el salvador de papas.
Todos seguían en silencio. De pronto Don Virula exclama:
- Pero, ¿Desde cuándo se sabe de él? ¿de quién es?, ¿para qué fue forjado?- Inmediatamente miró a Dom Abubba, experto como nadie en leyendas y tradiciones antiguas. Este, sabiendo que la noche iba a ser larga, fondeó su trago, se sirvió más y comenzó:
-Todo comenzó en el antiguo reino sobre la montaña....

Su historia continuó hasta muchas, muchas horas después, sobre la antigua leyenda del glorioso 151, línea 9, del cacique S.A.

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Don Virulana de los Gamos

1. Cavilaciones: Resurrección

Carísimos gallardos, hace mas de un año opté por crear una sección dentro de mi carpeta de escritos, que no son muchos, que fuera para ensayos o textos sobre diversos temas que urgieran en mi alma escritora. Así fue que cree esta sección para que no dejara nunca de oír a la muza redactora, y poder robarle así todos los versos, frases, oraciones y demás que se le escaparan cerca de mi oído. Es así que lo llamé "Cavilaciones" pues son, justamente, pequeñas reflexiones, ensayos, etc. sobre temas variados, a veces son sólo "contemplación por escrito" (si se me permite la frase); a veces extensas reflexiones, a veces cortas, pues eso depende de la muza que me inspira a escribir y de la claridad que tenga sobre el tema en cuestión; a veces poéticas, otras un poco prosaicas; a veces científicas, o humorísticas, o quizá todo al mismo tiempo. Decidí que podían ser de gran fruto compartirlas con ustedes, mis queridos compañeros de pluma, y hasta pensé que fuera bueno que aportaran con sus comentarios, no felicitaciones ni halagos, sino aportes para hacer más acabado el tema en caso de faltarle contenido, o más esclarecedor para quien lo lee, poniendo críticas, objeciones, detalles, y todo tipo de aporte que sume como ya bien dije. 

Dicho el preámbulo, que ya en las próximas no será necesario hacer, comenzaré con la primera de mis Cavilaciones.

1. Cavilaciones: Resurrección

Aunque les parezca paradójico, hoy Miércoles de Ceniza, inicio del tiempo penitencial y preparatorio de Cuaresma, les quería hablar sobre la Resurrección. Es sumamente corta, ya que hay un mar gigante de tinta y de ideas para escribir sobre este tema, por eso esta vez solo quise decir unas pocas palabras que me brotaron en las Pascuas anteriores. Sencillo y humilde, no pretendo sermonear.
Ya adentrándonos un poco, me parece que muchas veces caemos en lo que llamo "La Cuaresma por la Cuaresma", esto es, vivir una Cuaresma sacrificada y virtuosa pero desatendiendo el fin por el cual hacemos toda nuestra preparación,  porque justamente, como su nombre indica, es una preparación. ¿Y para qué nos preparamos?, pues eso todos deberían saberlo, nos preparamos para la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Pero principalmente, a mi entender, para la Resurrección. Por eso hoy quise que fuera de la Resurrección, para que tengamos presente durante estos 40 días el verdadero fin de la Cuaresma, y teniendo eso ya en mente, prepararnos de la mejor manera.
Sin más, aquí va lo que escribí en Pascuas del año anterior:

¡Verdaderamente ha resucitado!. Las puertas del Cielo son abiertas ante la multitud que se agolpaba contra ellas. El Ángel del Señor da permiso pues Él mismo en persona viene coronado de Gloria a reabrir las puertas que antaño habían sido cerradas por el pecado, el primero y mayor de todos. Así, el Verbo divino empuja de par en par los dorados fierros y una gran muchedumbre entra con un gran cántico de júbilo al Reino celestial, a la Jerusalén prometida, cantando al unísono: "¡Cristo resucitó, verdaderamente resucitó!", "¡Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios del universo!". Desde Adán hasta el Buen Ladrón Dimas, todos los justos han sido liberados del infierno que los cautivaba para ser llevados por las manos mismísimas que crearon el Cielo, la Tierra y todo lo que existe, es, fue y será;
todos los "benditos de mi Padre" se sientan al banquete y así lo repiten todas las Pascuas de Resurrección, a la mesa del Dueño, el Hospitalario, el Amo, el Señor, el Hijo de Dios que se sienta a la diestra del Padre junto con el Santo Espíritu a la cabecera del Gran Tablón de oro preparado por los mismísimos querubines y serafines para todos los justos de ese día y de los días venideros. La Madre siempre es la última en sentarse, pues atiende sin descanso las necesidades de "los que aún no han venido" dispensando gracias por toda la tierra como el rocío del campo que todo lo cubre y todo lo fecunda. Sabe que el Hijo se irá pronto y volverá de la mano una segunda vez trayendo consigo hasta el último invitado; y ahí la mesa quedará llena, la fiesta será eterna, el gozo y la alegría perfectos, y la puerta ya no será necesaria, pues el trigo y la cizaña ya habrán sido separados por siempre.

Aquel día en que Él venga aquí lo estaré esperando "más que el centinela a la aurora". Dios quiera que junto a mi señora y fiel compañera lo veamos con dicha en los ojos venir a buscarnos, y ojalá aquél día no se cumpla el famoso "hasta que la muerte los separe" pues al irnos juntos de la mano con la mano del Señor y su Madre, no nos separemos en el Cielo donde esperaremos el reencuentro de nuestros hijos y amigos. Quiera Dios que sentados, así como ahora mismo estoy, mirando mi jardín y las nubes, lo recibamos con presteza y en seguida, cuando Él disponga que el día triunfal ha llegado para los dos. Y resucitando con Él volvamos a nuestros asientos donde viviremos felices eternamente mateando y guitarreando con la visión beatífica del misterio trinitario que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un sólo Dios y Señor del orbe todo.
Dios quiera y espero que así sea.


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Don Camilo di Benedetto

Un Regreso Anticipado


"Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión". Ps 136

Volves José? Pregunto el cura al relatarme la trágica noticia.
Ya era domingo. Al amanecer, luego de haber orado con incertidumbre de los hechos la noche anterior, di la respuesta: vuelvo. Antes de partir se me fue ordenado preparar el bolso, no estaba preparado para ordenar, menos para retornar. Cumpliendo ordenes por mera inercia, prepare los ropajes, cargue todo a la "traveller, peugeot" y partimos.

Fue un día distinto, sin ánimos de conocer, sin ánimos de hablar, de reír, sin ánimos de nada. Visitamos aquel día unas ermitas de monjes, a pocos kilómetros de Viccio, mas mi alma no estaba allí, estaba junto con mi amada sufriente. Luego del almuerzo, los deliciosos sanguchitos, arribamos a la magnífica Florencia, pero esta vez no fue para adentrar en sus calles y plazas, sino para el principio del fin.

Me aconsejaron caminar hacia la cúpula, aquella gran estructura denominada stazione. Rápidamente los viejos compañeros de peregrinación y nuevos amigos, comenzaron a saludarme, no hice mas que corresponder esos abrazos sin saber lo que significaban, claro! costo días entender que eran un adiós, hasta pronto! Valija en mano, mochila al hombro comencé a caminar, era una nueva peregrinación, escucho a lo lejos un saludo final del hermano del Young Writer, me di vuelta y le extendí la mano.

Ahora si, estaba solo, completamente solo. Camine hacia el lugar indicado, tome el primer tren hacia la ciudad eterna hablando un idioma nuevo: español-italiano-ingles. Algunas horas mas tarde, baje del transporte en Termini y salí a las calles romanas. Decidí pasar la noche en la posada mas económica de la zona, y habiéndome acomodado, salí a caminar. Me fue difícil deleitar mi alma por aquella ciudad, estaba inquieto, sufría no poder acompañar allá mismo a mi doncella, sufría no encontrar al Dios vivo dentro de una capella abierta, era de noche ya. Recorrí hasta cruzarme con una monumental obra construida en piedra de miles de años, la llamaban el coliseo, empapado con la sangre de los mártires. Pero mi alma no descansaba, me pedía a gritos dar fin al viaje y volver a la patria. Retome al paradero y logre descansar, al menos físicamente.

Sonó la alarma, estaba amaneciendo y era un día largo, había que partir. Pidiendo algo de ayuda en el idioma ya mencionado llegue al aeropuerto. Fue una mañana totalmente agotadora, entre tramites y demás pase por la capella de Fiumiccino a pedir fuerzas y alguna explicación a todo lo sucedido, donde únicamente recibí insultos de una señora de habla inglesa. Tomando el vuelo hacia la tierra de Isabel y Fernando, logre apreciar una de las bellezas del Padre, la isla de Córcega. Arribe al país donde vive el emigrante, pero esta vez no fue para cantar tonadas y zambas con wiskys y habanos, sino fue una visita fugaz sin siquiera poder abrazar al gallardo.

La historia se repite, solo, desamparado, con la mente en la mujer que robo mi corazón. Tramites, esperas, recorrer aquel inmenso paradero de los cóndores automatizados y como no puede faltar, una visita a Aquel que me dio todo, Aquel que fue mi único compañero en aquellas andanzas fugaces e inesperadas. Todo se asentó en un corto instante, retomaría a la ansiada Patria por la mañana siguiente en un cóndor denominado airEurope. De a poco mi alma comenzó a cobrar vida por la mera idea de reencontrarme con ella, ya no era yo, sino el ansia que habitaba en mi lo que me movía, el motor para trasladarme a la puerta indicada en el instante previsto.
Aquella noche no pude dormir, no por la incomodidad de los sillones que moran dentro del ave sino porque el corazón latia muy fuerte de solo pensar en pisar la tierra de mis padres luego de todo un ciclo entero lunar.

Al descender del cóndor, pasando por largas filas de burocracia y poder salir al exterior, recibí un golpe en el pecho, una ola de calor me penetró hasta lo mas hondo pero ya nada importaba, estaba en la extensa argentum y cada vez mas cerca de mi tierra pequeña, la que asoma desde Lavalle a Malargüe, desde la majestuosa Aconcagua al eterno arco desagüadero.


Largas horas espere por el siguiente cóndor, de nombre AA. El corazón no podía mas, el sentimiento experimentado se asemejaba al de una pieza de música clásica, llegaba a su fin, sonaban tambores y cítaras, clarinetes y flautas, violines y violonchelos, el director movía sus brazos como olas embravecidas, todo se terminaba pero todavía faltaba. 13 D era el sillón que me llevaría, el mas reconfortable de todos porque daría el silencio definitivo a la obra, volaría directo a la katarsis.
Era de noche, todo estaba oscuro salvo algunas luces muy dispersas en el suelo. No podía leer, no podía escuchar, ni podía mirar la pantalla frente a mis ojos. Decidí terminar la peregrinación como empecé, dando gracias al Padre por todo lo recibido, y fue allí, sumergido entre salmos cuando ore con el profeta: "nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión". Levante la mirada y me desplome, vi a lo lejos, pero mas cerca que nunca a mi querida Sión, mi patria chica, mi Mendoza.

Don José del Alba

Corazón Cautivado





En una tarde de verano, se encontraba el Maleante con su gran amigo Oscuro, contemplando la caída de la tarde, la cual, los sorprendía en una suerte de duda inquietante. Inquietante en el sentido más estricto de la palabra, debido a que al Oscuro le habían llegado relatos de travesías, en extremo peligrosas, que llevaba a cabo el individuo que tenía sentado, a su lado, estupefacto, contemplando la caída del sol.
-¿No siente miedo? – irrumpió con firmeza el morocho.
-Ciertamente, muchas veces lo tengo, ciertamente… – respondió el otro con tono preocupado, pero como quien  no encuentra salida a semejante situación.
Los dos contemplaban, absortos, el atardecer. Los rodeaba un miedo gigantesco, a querer perturbar tal escena, que se les mostraba  imponente.
El Negro mirando a su amigo y recordando ese extracto, salido de boca del apóstol, reflexionó. “Más el mal que no quiero, ese hago”  y decidió callar.
-Pero ¿qué se puede hacer? – comentaba el malhechor, en un arrebato de arrepentimiento.
-Por lo pronto, no quedarse sin aliento. El quedarse sin aliento es lo que quiere esta gente perversa, a la cual usted está sometido –exclamó en una suerte de queja, como quien escupe un improperio.
-¡No se deje vencer! - dijo en un tono enojado el mismo muchacho que segundos antes pedía por su insistencia.
El Maleante, contemplaba a su amigo. Sabía que tenía razón, pero los gustos que habían llegado a deleitar en tales suburbios, lo habían dejado en tal posición que ya no tenía la voluntad de responder. El muchacho se encontraba arrepentido, en su interior, no en sus obras. La sensación, en su persona, era estrepitosa. Analizó su vida, en tan solo unos segundos y llegó a su cabeza la única certeza de su vida… “VIVO SUJETO A UNA VIDA SIN EMOCIONES”.
-Triste momento padece, compadre. Por ahora solo contemple, la Verdad reposa en ese ocaso del Sol- pronunció con profunda serenidad el Oscuro, mientras una lágrima brotaba de sus ojos.
En ese instante el muchacho, que había contemplado los confines del mal, desvaneció ante la imagen que contemplaban sus ojos, y el Genio, eternamente resplandeciente, potente y verdadero, lo había aplastado con su certeza.
Todo lo que no había visto hasta aquel día sino solo en personas santas, que se ocultaba en la mentira de su vida, que presentía y temía, todo eso, brillaba ante su cara necia, que no quería reconocer como la Luz es luz y las tinieblas son tinieblas.
La saeta lo había traspasado y fue mortal. El golpe fue mortal. Quería escapar, pero no tenía dónde.
Finalmente, encandilado ante tremenda luz, exclamó empapado en un mar de lágrimas ante su amigo:
-¡Gracias por saber callar en momento tan oportuno!
Su compañero lo miró y tiró una sonrisa un tanto picaresca y le dijo en tono apacible:
-Este momento es digno de un vino- con la intención de que su amigo empezara a deleitar cosas dignas.
En ese instante, los muchachos se levantaron y fueron en búsqueda de un lugar donde pudieran retozar, para que el ladrón probara por primera vez tal elixir.


El Maleante Arrepentido

martes, 13 de febrero de 2018

Relato de un corazón encandilado

Fue Zaqueus en busca de Isabella, según lo planeado, un miércoles a la tarde. Como cada una de las veces anteriores, su pulso iba acelerando a medida que caminaba dispuesto a llamar a la puerta de su hogar. Por quinta vez tocó el timbre y cuando salió ella, tuvo que disimular lo impresionado que estaba de su belleza, pues no salió sola, sino que a su lado venía una de sus hermanas para controlar que el de la Guerma no fuese un peligro para Isabella. Luego de un saludo cordial y de una corta serie de preguntas pudieron marcharse juntos, como lo habían planeado. En ese momento pudo Zaqueus mirar detalladamente el atuendo de aquella bella niña, su corto conocimiento en vestimentas hace imposible poder usar nombres propios de prendas, pero sin lugar a dudas podemos asegurar que ella lucía realmente hermosa con su vestido azul, que había escogido para deleitar al sensible hombre. Abrumado por su presencia, él condujo hasta un lugar conocido por el nombre de "El Rosedal" y allí, luego de preparar un pequeño "campamento" en el suelo, le entregó un obsequio: Una bolsa de cartón cargada de dulces (sabía que a ella le gustaban), y en medio de estos, elevandose hasta llegar más alto que la misma bolsa, una rosa blanca con tintes rosados en los pétalos, bella como su dueña.



 En aquella flor de la bolsa se identificaba Zaqueus, pues también su corazón sentiase elevado cuando los ojos de ella lo envolvían entero como escrutando cada detalle del pequeño hombrecillo que, lleno de gozo por su mirada y anonadado por tal regalo, permanecía silente dejando que ella recorra con la vista su corazón. ¡Oh,sí que es raro pensar que alguien pueda ver corazones! Pero quien comparta una mirada con Isa la Bella sabrá que estoy en lo cierto.

Luego de algunas horas de charla, Zaqueus se dispuso a tocar la guitarra, confiando en el poderoso cortejo que ofrecen las zambas, preparó la garganta, pero cuando levantó la mirada sucedió algo inesperado. Había llegado la hora del día en que la temperatura comienza a bajar acompañada de una fresca brisa, y las cosas bellas del mundo comienzan a brillar con fuerza sabiendo que en pocos minutos su luz morirá con el día para dar lugar a la noche oscura. Pues bien, en ese contexto destacaba Isabella brillando con una elegancia desbordante, los últimos rayos de luz del día caían sobre sus hombros descubiertos dibujando así una silueta que separaba los rayos de luz que caían inertes sobre el suelo de los que volvían a cobrar vida sobre su piel, haciéndola brillar como nunca antes. La fresca brisa cargada de su perfume calentaba los pulmones de Zaqueus, y la misma hacía bailar sus cabellos castaños que iban tomando el color anaranjado propio del sol poniente. Con esa imagen de frente quiso cantarle, pero se le olvidaba la letra, presa del nerviosismo, y cuando esto no ocurría notaba que estaba cantando en una tonalidad errada y no era capaz de corregirla. Luego de unos minutos pudo entender que Isabella es una elfa, y que ese ser abrumado por su mera presencia ocurriría cada vez que se vieran. Sin perder el asombro por estar cara a cara con una elfa, logró acomodar su voz y cantar otra linda canción para ella y, por primera vez, pudo comprender al enamorado Don Camilo, pues extasiado pensaba "Realmente es así, sería capaz de cantar todita la noche pa verla bailar".



Cuando ya el sol se puso detrás de las lejanas montañas, fueron a cenar a una acogedora y romántica estancia. Ella entró con su elegancia aplastante y, como si no supiera que había una decena de ojos clavados sobre ella, sonriendo a Zaqueus caminó hasta un rincón apartado. Separados por una pequeña mesa comieron, rieron y charlaron mirándose a los ojos y, al terminar, el camarero retiró los platos dejando libre la superficie de mesa que los separaba. Él vio la oportunidad y cerrando los ojos con pavor, tomó su mano de un sólo movimiento rápido y certero. El tacto con su piel hizo recorrer una sensación electrificante por todo su cuerpo, con miedo abrió los ojos para mirarla y ella le regaló una sonrisa que borró todos sus temores. Luego de unos minutos, mientras charlaban tomados de la mano, ella comenzó a pasar lentamente sus dedos por el brazo de Zaqueus ¿Podría el cariño vencer a la biología, es posible? ¿Acaso es el amor más fuerte que la naturaleza? Pues él podría jurar que la sangre que corría por sus venas en ese momento frenó su movimiento natural y comenzó a seguir perfectamente el "subir y bajar" de la mano de Isabella. Luego de unos minutos, consciente de toda la verdad que nacía en su corazón, emocionado tomó sus manos y mirandola a los ojos, !Oh esos ojos!, dijo: "Te quiero niña"

Escritos como whisky; Gallardos como barrica

Estaba pronta su partida; la de don Pelayo, digo. Pues tornaba ya de vuelta a la tierra del Cid Campeador. Larga había sido su estancia en la Patria, gallardas amistades había trabado. Pero volvía a su condición de Emigrante, muy a su pesar.

Hicieron una juntada en los Gamos, a modo de despedida de este Gallardo Errante. Pocos eran los elementos necesarios para hacer un evento como Dios manda: carne, alcohol y guitarras. Y así se hizo. Ya estaba todo dispuesto en dicha casa. Y caí yo el primero, por charlar con estos hermanos de los Gamos (¿gamusinos?). ¡Qué hombres hechos y rectos!. El mayor, era el Princeps de los Gallardos sin Gala; y el menor, el de los Domingueros Literarios. Cada cual más magnánimo que el otro. Y, estando con ellos, surgió la preocupación por las publicaciones en el Blog.

-Yo pienso que no hay mucho movimiento en el Blog –sentenciaba don Camilo.

-Es cierto, o al menos no tanto como hace unos meses atrás. Ya pocos son los que comentan, y menos los que escriben –dije yo con exageración.

Don Virula sacando su pipa de entre las muelas dijo parándonos los pies a estos dos jóvenes impulsivos:

-¡A ver, a ver! ¡No sean dramáticos! El Blog marcha bien, creo yo. Simplemente que estamos todos un poco dormidos por el verano, ahora que ya ha transcurrido un tiempo considerable de vacaciones, empezarán a llover escritos con las experiencias vividas por cada gallardo.

Los venerables rulos de don Virula parecían los cuernos de sabiduría del Moisés de Miguel Ángel. O así me los imaginé yo. Ciertamente tenía razón, estábamos exagerando un poco, y no adecuándonos a las circunstancias. Y se lo reconocimos. Nos quedamos en silencio fumador los tres, pensando. Hasta que habló don Camilo:

-Pero, ¿no cree, don Virula, que es bueno fomentar que se publique más? Es que sé de muchos que escriben pero no se atreven a publicar…

-Si… También conozco varios casos... -dijo triste el venerable ruludo- Pero, ¿por qué es importante publicar y comentar? Esa es la pregunta que tenemos que hacernos y respondernos.

Llegó en eso don Calixto de Medina, vino en mano. Y nos paramos a saludar. ¡Qué tipo tan interesante ese Calixto!, tiene bastante potencial.

Después de descorchar el vino y servirnos en nuestras respectivas copas, volvimos a tomar asiento y, mientras don Calixto cortaba el queso por mí traído en la mesa, el resto lo acompañábamos con nuestra charla. Y decidí volver al tema anterior, pues obviamente no se había agotado:

-Yo pienso, si me permiten, que la importancia de publicar y comentar es muchísima. El Blog se inició con el objetivo de salvar al mundo… ¿No dijo Dostoievski que la belleza salvaría al mundo? Entonces, ¿qué hacemos que no escribimos cosas bellas? ¡El mundo se va al pique y nosotros de brazos cruzados!

Dije esto último tirando el corcho del vino, medio enojado. Ya era conocida y tolerada por los gallardos mi falta de templanza. Pero tenía que corregirme en eso, por ello me callé, para cortar en seco ese mal carácter. Notando esto, el bueno de don Calixto tomó la palabra para continuar hablando mientras cortaba el queso y quitar la atención de mi tan vistoso vicio:

-Coincido en lo que ha dicho, Don Pelayo. Y aporto un argumento más, si me permiten, con una metáfora. Conciban los relatos, ensayos, poesías y fábulas como un whisky recién destilado del corazón del escritor en cuestión. Un whisky recién destilado es feísimo, no tiene apenas sabor ni color, es casi puro alcohol. Ese whisky necesita de una barrica añeja de roble, con un poco de madera de naranjo, e incluso algo de miel (el Cardhu de 12 años tiene estos elementos además de otros, es exquisito). Pienso que para ese relato o poesía, su barrica es el Blog. Digamos que la entrada o publicación del escrito es el whisky en la barrica, y los comentarios son los distintos sabores y matices, olores y colores que va agarrando el escrito, a base de críticas, reflexiones o felicitaciones. Por esto creo que es necesario no guardarse los escritos, pero tampoco tirarlos a los cuatro vientos, sino darlos a conocer a unos pocos que tengan similares criterios, gustos y sensibilidades, para que puedan los escritos ir tomando robustez y forma.

Los otros tres estábamos atónitos ante tan excelente exposición. Teníamos sed de más, queríamos que siguiese exprimiendo esa metáfora tan exacta. Pero don Calixto había cerrado ya su boca, y la llegada del resto de gallardos había dado por terminado el tema.

Y fue así que pasamos el día comiendo, chupando y cantando. Ese es el día que más gratamente recuerdo de mi estancia en la Patria, y el que conservo con mayor cariño. Pues los gallardos son una compañía exquisita, y porque aquel día aprendí que los escritos son como el whisky, y los gallados como barrica.



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Emigrante Nostálgico.