jueves, 15 de febrero de 2018

El arte de describir


   

Eran ya las diez de la noche en la ciudad ” chacrense” alejada de la “De los Gamos”. Entraba gran cantidad de individuos al bar, cada uno era portador de un rostro peculiar y alegre. Cada cara parecía reflejar gran emoción al saber que no tenían hora de partida. Tan alegres se encontraban aquellos que parecía que el cantinero se había olvidado de cobrarle un par de  pintas. Todo el clima que se respiraba en “el bar del Fader” era de alegría- falsa alegría-, libertad-libertinaje- y agresión- egoísmo-. Pero justo en una esquina sur de la posada, frente a la ventana que parecía traída de la comarca por tener marcos redondos y de madera, se encontraba un sujeto de mediana altura, flaco con una boina color bordó como vino tinto “syrah” del 2003, gran reserva, que adornaba su cabeza. -Ah! Casi me olvido de un detalle, aquél sujeto poseedor de una gran y espesa barba se llamaba Don Calixto Medina.
¿Se encontraba sólo? Tristemente así era, pero esa situación no duró mucho tiempo porque luego de unos instantes, y después de un par de cigarros se sentó junto a él un hombre robusto, de hombros anchos y dueño de una majestuosa barba. Y dando un golpe sobre la mesa con el puño exclamó: Don Calixto, el medina, el poeta!¿me reconoce?- Y dando un salto como cuando un niño es asustado por la espalda, se puso en pie el Calixto. Y clavando sus ojos en el otro sujeto dijo:  No lo creo!¿en… en… en verdad es usted? ¡Que agradable sorpresa Emigrante, o don Pelayo! Siéntese, siéntese por favor- Y mientras los dos se acomodaban en sus asientos, don Calixto se encargó que trajeran un Whiskey escocés para que disfrutaran mejor de tan agradable encuentro.
Pues dígame, ¿qué lo trae por aquí?- preguntó ansioso Don Calixto.
Y encendiéndose un habano cubano, respondió con altura el Emigrante- “el amor”. El amor a mi patria, a los amigos, al folclore, la literatura, las montañas, a Cristo… - Se quedó un instante en silencio mirando cómo la joven mesera servía aquella bebida espirituosa, y luego de unos segundos sentenció- ¡pero vale tío! No vengo a hablar de mí, vengo a retarlo a un duelo, un desafío.
Un desa….?- y antes de que pudiera terminar la pregunta, el emigrante dijo: nono, olvídalo, es absurdo.
Hombre, ¿por qué se ha tirado para atrás?- preguntó el medina con gran incertidumbre.
Porque lo he pensado mejor- dijo el robusto que ya iba por la mitad de su habano.
¡Se equivoca!- dijo medina mientras lo señalaba con el dedo- usted arrojó la piedra y ha escondido su mano…
Está bien, tiene razón. Lo que yo quería ver era qué tan alta era su capacidad descriptiva- respondió el quasiespañol sirviéndole un poco mas de Whiskey a su compañero de conversación para que no se enoje. Ambos se miraron durante unos segundos cuando Calixto mientras encendía un cigarro dijo- a ver… expláyese un poco mas…- 
Pues bien, mire esta imagen tan simple y hágame la descripción más bella que pueda de ella- dijo el ex –pelayo.

Yo creo que se pone a prueba uno describiendo cosas pequeñas y cotidianas, igual no especialmente bellas, pero que las palabras logran hacer emerger esa belleza latente en las cosas- añadió el Emigrante como si fuera un catedrático profesor.
Creo que entiendo cuál es su punto- dijo el melancólico por naturaleza mientras entibiada su garganta con aquél liquido importado.
Si la Belleza es un trascendental del Ser, todo cuanto es, tiene algo de bello- exclamó el hombre grande- incluso las cucarachas.
¿¿Las cucarachas?? No puede ser, ellas junto a las arañas son intrínsecamente malas y no tienen nada de bello- dijo el medina apretando los dientes.
Jaja, me hace reír cumpa! –Expresó entre risas el Nostálgico- pues le retruco, le daré una oportunidad mas, le voy a dar otra imagen para que describa. Si se atreve, claro.
Don Calixto sabía que el tono de la voz de su compañero se había tornado un poco sospechosa y pícara, como si estuviera tramando una trampa- pues claro que acepto, muéstreme la foto!- sentenció.
Esta es su imagen, le deseo suerte- dijo el fumador de habanos.

No! Usted es diabólico, sabe que no tolero esas cosas. Es imposible. Me doy por perdido.- dijo Calixto decepcionado- lo único bueno que tienen es que fueron creadas por Dios- agregó entre risas.
Hábleme de la cucaracha, descríbala, haga lo que sea para convencerme de que tiene cierta belleza, y de que es digna de compasión- afirmó con voz ronca su amigo- luego usted me dará una imagen a mí.
Don Calixto pensaba para sus adentros que sería imposible describir bellamente una creatura horrenda y menos en tan poco tiempo y bajo presión. A pesar de eso, hizo silencio y tomando un lápiz y papel que llevaba en su bolso empezó a escribir. Luego de unos minutos expresó haciendo referencia a la despreciable cucaracha:
“Marrón oscura, como si quisiera imitar el tímido y llamativo color que de las montañas de los Andes se puede ver, es aquella creatura que todavía cree en el amor, en el amor fecundo que cree en la generatividad de la que habló Erikson ( procrear y velar por el bien de los suyos). Es aquella que a simple vista uno tiende a espantarse, sorprenderse -¡¡pobre de estos incultos!!- nada saben de éste bello animal que sin dudar trata de esconderse, de no ser visto, pues quieren practicar la humildad a toda costa, es decir, ir por lo bajo con la cabeza gacha pero siempre mirando a Dios...”
¡Bravísimo, buenísimo! Muy bueno!!- alardeaba el nostalgioso- es todo un reto esto, está bien para ejercitar la descripción, son pequeños trucos que le enseño.
Bien, ahora es su turno- dijo con voz atrevida el medina- aquí está su foto- y se la dio convencido de que no iba a poder decir cosa bella sobre ella:

Perfecto! – y encendiendo otro habano empezó a escribir el Emigrante. Pasaron varios minutos, mientras salpicaba el papel con sus palabras parecía que estuviera iluminado por los ángeles. Cuando terminó de escribir, alzó la mirada y dijo:
“Esas bolsas con fragante olor punzante que duelen al sentido, pero son delicias para la voluntad, pues nos ejercita en virtud.
Pero pobres bolsas, ellas no tienen la culpa de ser lo que son, su esencia vino determinada por otro, y obran lo mejor que pueden dentro de sus límites. Y es que nos enseñan que, a pesar de ser despreciadas por toda la sociedad, y echadas a un vertedero, siguen desprendiendo, a su medida, una fragancia al cielo, con los medios de que disponen por naturaleza. A cada cual se le pedirá según sus capacidades...
Aún así, difícil era distinguir si había bolsas de basura, o más bien eran las miserias del hombre amontonadas. Había de todos los colores y formas, enfermos mentales, verdes, paralíticos, rojas, mancos, grandes, leprosos, con comida podrida, cojos, rotas, ciegos, malolientes, mudos... Toda esa miseria física era poca comparada con la miseria espiritual que había debajo de esa material. Toda amontonada, toda desesperada. Efectivamente, esa basura me recordaba a la miseria humana que era fruto del pecado, y que no tenía redención.
Pero, así como un basurero con amor, dolor y paciencia va cargando esas bolsas para dejar limpio el suelo, así nuestro Dios vino al mundo para cargar nuestras miserias y dejarnos limpios. ¡Con qué amor nos cargaba Dios!, ¡con qué cariño a pesar de nuestros desprecios! Veamos la similitud del humilde basurero con la del humilde Niño Dios, cómo es una profesión que nos enseña a renunciar a nosotros mismos, a sufrir con paciencia, a ser otros Cristo, y abrazar con amor cada bolsa de basura, sea verde, negra o roja; grande, mediana o chica; maloliente, esté rota o abierta.
Qué Amor tan infinito el de Dios, que nos amó siendo nosotros miseria. Y siendo aquello bolsas de basura, el basurero qué grande amor que tiene."
Don Calixto lo miró a los ojos, le dio un apretón de manos a su querido amigo y se marchó, pues no era digno de estar sentado en la misma mesa con aquél hombre, que era un mago en el arte de describir.
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Don Calixto Medina

miércoles, 14 de febrero de 2018

Investigación Confidencial

Eran pasadas las dos de la mañana. La sala permanecía en penumbras. Solo brillaba una lámpara que colgaba del techo de aquel sótano hasta una altura baja, justo por encima de la mesa, repleta de papeles y pergaminos, de modo tal que los que se alejaban de la mesa, casi ni se veían. Allí se encontraban tres gallardos, en silencio. El primero, Don Ojota, estaba sentado en una sobria silla de madera. Pasaba su mano por la barbilla, o se rascaba el pelo pensativo, como tratando de asimilar algo. En mano tenía una copa de cristal con un cabernet franc 2002 elaborado en Alta Mira, al pie de la cordillera. El segundo, Don Virula, caminaba nervioso de aquí para allá, fumando un habano cubano entre sus dientes, mientras bebía un whiskey irlandés. Su mirada trataba de penetrar algún misterio inconcluso. El tercero, el reverendísimo Dom Abbuba, permanecía quieto en su gran sillón, inmutable.Fumaba de su enorme narguile de metro y medio, y el carbón crispiante iluminaba a la par que succionaba, su rostro severo. Parecía que aquel sujeto era de piedra, que no se movería por nada el mundo. Bebía un licor extraño de las altas alcurnias de Oriente, cuya composición desconocían, pero era una mezcla de varias hierbas típicas de allí, maceradas en alcohol al 95%, con una estancia en barrica de 16 años.  Allí estaban, en la cámara mas profunda y secreta de las anchas tierras de Los Gamos.


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- ¿Por qué se demora?- murmuraba Virula entre los dientes, sin soltar el habano.
-Paz, filio mío- respondió gravemente el Staretz -ya llegará. Y siguió Don Virula sin detener sus pasos:
-¿Será él?, ¿Acaso se han atrevido a romper las reglas?, ¿De dónde ha salido?-
No hubo respuesta, nadie quiso volver a romper la tensión de aquel bunquer lleno de extrañas siluetas de humo. De pronto, oyeron los pasos que esperaban, una puerta a lo lejos se cerró, y las pisadas fueron creciendo en la escalera, era él, no había duda. Rápidamente abrió la puerta Don Virula para recibir a aquel sujeto, que agachándose para pasar por la puerta, entró en la sala. Tras él, se cerró la puerta y se dispuso el cerrojo de cobre. Rápidamente todos se sentaron en sus lugares, excepto Virula, que dijo que prefería estar parado para pensar mejor. Todos besaron el anillo que tenía en la mano el recién llegado, anillo de las potestades del Godoy,  y se dispusieron a comenzar. El Marques, poniéndose de pie, dijo:
-Caballeros, en primer lugar, mis disculpas por las demoras, me resulta difícil llegar aquí sin generar sospechas, ya que mis feudos conocen bien mi rostro. En segundo lugar, el protocolo me obliga a recordarles que esta investigación es de índole confidencial, y nada de lo que aquí oyereis, podrá ser contado ni al mismísimo director espiritual. Nuestras vidas corren peligro de ser contrario.-
-Que así sea- respondieron todos al unísono. Don Virula exclamó:
-Mi señor, ¿qué desea tomar?- a lo que el Marques respondió:
-Traedme Whiskey, del sur de Inglaterra, que sea entre el año 86 y 88 por favor- Su vaso fue llenado enseguida. Siguió diciendo entonces:
- En esta novena reunión de esta investigación, quisiera hoy que Don Ojota comience relatando lo ocurrido.- Don Ojota, se para consternado, y encendiendo su pipa, explica:
-Yo me encontraba en San Martín y Arizu. Estaba solo, a las 4:43am. El destino me había jugado una mala pasada, y esperaba poder subirme a algún colectivo que me llevara a Los Gamos. Rezaba para mis adentros las letanías al 42, eso me hacía sentir esperanzado. Ocurre que como bien sabemos, en las proximidades habita la gente del Bombal, cuya frontera norte es la calle Morón, que bordea el sanjón. Sabida es también las múltiples guerras que han habido entre estos y la gente del Gauyma, a causa de la contaminación del agua cristalina que este sanjón posee, y que desemboca en el Cacique Guaymallén, también llamado el Támesis del Sur. Es por esto que la presencia mía, oriundo de allí, es tomada como una ofensa para esta gente. De modo que sabía que si me advertían vendrían por mi, para colgarme soga al cuello en el puente de hierro. Y había advertido un par de miradas que me despreciaron y fueron a dar alarma. Pocos minutos transcurrieron cuando comencé a escuchar que una muchedumbre se acercaba, cubriendo las calles desde los cuatro puntos cardinales. Me habían descubierto, y no tenía escapatoria. Portaban antorchas y tridentes, y gritaban cosas horribles sobre mi familia y mi pago. Nada podía hacer, el miedo invadió mis nervios y mi mente se nubló, casi pierdo el equilibrio. Fue en ese estado confuso, en que de pronto lo... de pronto lo vi, vi a...-
-¡No lo digas!- gritó furioso el marqués,- aún no estamos seguros- Y Fonsé continuó:
 Fue como si la realidad se desdibujara en un agujero en la calle, y como saliendo de la nada, del espacio sideral, apareció un colectivo, cerrándose tras sí, aquel portal místico. Pude ver que vestía los colores de los carruajes de mi pago. Sin que le indicara nada, frenó ante mi, y abriendo su puerta, el chofer me invitó a subir. Este tenía un cuerpo tres veces más grande que el de un hombre normal y su rostro era bello y anciano. Poseía cabellos grises muy largos, y su barba se extendía desde sus labios hasta el fondo del colectivo. En sus ojos brillaba la luz de las estrellas. Estaba yo muy confundido, la gente ahí era muy extraña, aunque parecieron no notar mi presencia. No recuerdo bien cuánto tiempo transcurrió, solo se que me bajé en mi destino, y al poner los pies sobre la calle, simplemente no lo vi más.-

Todos permanecieron en silencio un buen rato. Don Ojota se volvió a sentar. El Marqués, haciéndole una seña a Don Virula, lo invitó a hablar. Este, de pié dijo:
- Señores, ayer mismo terminé las inspecciones a todos los controles de todas las líneas que pasan por estas tierras. Aquel colectivo no figura en ningún recorrido, nadie sabe de el. Pensaba que algún pícaro, con la intención de ganar más dinero, había violado las reglas y había estado incursionando ilegalmente en territorio nuestro. Sin embargo, nuestros guardias de seguridad afirman no haber dejado pasar a nadie. Durante cuatro semanas contraté agentes especiales para vigilar las paradas mencionadas, y nadie vio absolutamente nada extraño. Fue entonces cuando decidí ir a visitar a Carlitos Lopez, dueño de la línea 9, El Cacique. Le pedí inspeccionar su estación, a lo cual accedió sin ningún problema. Tuve que pagarle 800 libras para que me deje leer los archivos secretos de allí, mas, no encontré algo relacionado al tema. Sin darme por vencido, pedí los antecedentes de todos los choferes, y ninguno se asemejaba al chofer descripto. ¿Cuál es mi opinión? Aquí pasa algo raro, y estoy seguro de que se trata una conspiración del Guayma, están buscando una excusa para inducirnos a una guerra, y tener pretéritos para robar las riquezas de nuestras tierras, y raptar nuestras mujeres....-
-Ya, ya, Don Virula, tranquilízate- Cortó en seco Don Ojota, y siguió:
-Ya sabes que eso no es así, mi gente jamás provocaría eso, hemos vivido en armonía desde hace 57 años, gracias al tratado del Unimev.-
Se sienta Don Virula, tratando de contenerse. ¡Denme whiskey! gritó.
El Marques, pensativo, se prende un cigarrillo, y dice dubitativo:
-Existe la posibilidad señores, aunque me cueste creerlo, de que sea aquel de que nos hablaron los profetas. Existe la posibilidad de que las profecías de los últimos tiempos se estén cumpliendo.-
-¿Cómo?- Exclaman exaltados Don Virula y Don Fonsé -De qué nos hablas, ¿qué profecías?-
El Marques, turbado, continuó diciendo:
Existe en los archivos secretos del Godoy, un pergamino muy antiguo, que habla sobre la presencia de un carruaje sin caballo, más rápido que cualquier corsel, que aparece y desaparece, socorriendo a los que están en banda- Los otros dos quedaron boquiabiertos. El del Godoy, continuó diciendo:
- Dom Abbuba, llegó el momento- Todos se dieron vuelta para mirarlo, permanecía igual que siempre. Este levantando levemente su mirada, dijo con voz de trueno en la montaña:
-Cuenta la tradición, de un carruaje misterioso, que transita a través del tiempo y el espacio, socorriendo a los más necesitados. En mi viaje al Oriente, estuve buscando información en Egipto. En antiguos archivos, encontré una pintura, donde se ve un faraón, al cual quisieron matar por convertirse a la Fe de los hebreos. Justo antes de su captura, cuenta la historia que los dioses le enviaron un carruaje sin caballos, color verde y mostaza, como los trigales del Nilo. Nunca más se lo vio. En otra ocasión, logré leer el diario íntimo de Nostradamus, allí hace mención a un extraño vehículo de índoles similares. En Grecia, bajo el Parthenón, en una excavación, se vislumbra una roca con un dibujo, donde se ve un colectivo bajando del cielo, trayendo a los astrónomos noticias del espacio. Hubieron varios rabinos que lo relacionaban con el carruaje de Elías, y aquí los mismos Incas dibujaron en las cavernas andinas, un vehículo grande de iguales colores, llevando a las momias al cielo. En Minas Tirith logré leer en un pergamino sobre cómo un misterioso carruaje salvó al Rey de una emboscada. Aquí tienen las pruebas- Y abriendo los papeles en la mesa, les mostró las evidencias. No había duda, era de la línea 9.
El Marques del Godoy, llamando al silencio habló:
-Os he ocultado estas cosas, para no alarmarlos, y porque las pruebas eran insuficientes. Conocía algunas leyendas, es por eso que Dom Abbuba estuvo ausente 38 años. Y creo que ha hecho un gran trabajo. Por otra parte, comencé a preocuparme cuando mis espías detectaron agentes de la Nasa buscando pistas interestelares. Creo que Donald Trump quiere retornar a la luna, parece ser que divisaron un bondi en un crater, con personas adentro.- Y suspirando siguió:
-El asunto es que yo mismo comprobé en Roma, de que se trata todo esto, es una larga historia, pero sepan... sepan que es señal del final de los días, temo a la rebelión del clero mendocino, donde pueda desatarse la última batalla librada en estas tierras. Mañana pondré al tanto a Evilio el confesor. Al parecer señores, no es más ni menos que....- Todos callaron. -Que el 151, auxilio de los desamparados, aquel que nadie se lo toma, aquel que a nadie deja por su casa, aquel que únicamente pasa cuando más lo necesitas. Nadie sabe de dónde viene ni a dónde va, no figura en ningún registro, nadie conoce a la gente que se lo toma, es el gran 151, el salvador de papas.
Todos seguían en silencio. De pronto Don Virula exclama:
- Pero, ¿Desde cuándo se sabe de él? ¿de quién es?, ¿para qué fue forjado?- Inmediatamente miró a Dom Abubba, experto como nadie en leyendas y tradiciones antiguas. Este, sabiendo que la noche iba a ser larga, fondeó su trago, se sirvió más y comenzó:
-Todo comenzó en el antiguo reino sobre la montaña....

Su historia continuó hasta muchas, muchas horas después, sobre la antigua leyenda del glorioso 151, línea 9, del cacique S.A.

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Don Virulana de los Gamos

1. Cavilaciones: Resurrección

Carísimos gallardos, hace mas de un año opté por crear una sección dentro de mi carpeta de escritos, que no son muchos, que fuera para ensayos o textos sobre diversos temas que urgieran en mi alma escritora. Así fue que cree esta sección para que no dejara nunca de oír a la muza redactora, y poder robarle así todos los versos, frases, oraciones y demás que se le escaparan cerca de mi oído. Es así que lo llamé "Cavilaciones" pues son, justamente, pequeñas reflexiones, ensayos, etc. sobre temas variados, a veces son sólo "contemplación por escrito" (si se me permite la frase); a veces extensas reflexiones, a veces cortas, pues eso depende de la muza que me inspira a escribir y de la claridad que tenga sobre el tema en cuestión; a veces poéticas, otras un poco prosaicas; a veces científicas, o humorísticas, o quizá todo al mismo tiempo. Decidí que podían ser de gran fruto compartirlas con ustedes, mis queridos compañeros de pluma, y hasta pensé que fuera bueno que aportaran con sus comentarios, no felicitaciones ni halagos, sino aportes para hacer más acabado el tema en caso de faltarle contenido, o más esclarecedor para quien lo lee, poniendo críticas, objeciones, detalles, y todo tipo de aporte que sume como ya bien dije. 

Dicho el preámbulo, que ya en las próximas no será necesario hacer, comenzaré con la primera de mis Cavilaciones.

1. Cavilaciones: Resurrección

Aunque les parezca paradójico, hoy Miércoles de Ceniza, inicio del tiempo penitencial y preparatorio de Cuaresma, les quería hablar sobre la Resurrección. Es sumamente corta, ya que hay un mar gigante de tinta y de ideas para escribir sobre este tema, por eso esta vez solo quise decir unas pocas palabras que me brotaron en las Pascuas anteriores. Sencillo y humilde, no pretendo sermonear.
Ya adentrándonos un poco, me parece que muchas veces caemos en lo que llamo "La Cuaresma por la Cuaresma", esto es, vivir una Cuaresma sacrificada y virtuosa pero desatendiendo el fin por el cual hacemos toda nuestra preparación,  porque justamente, como su nombre indica, es una preparación. ¿Y para qué nos preparamos?, pues eso todos deberían saberlo, nos preparamos para la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Pero principalmente, a mi entender, para la Resurrección. Por eso hoy quise que fuera de la Resurrección, para que tengamos presente durante estos 40 días el verdadero fin de la Cuaresma, y teniendo eso ya en mente, prepararnos de la mejor manera.
Sin más, aquí va lo que escribí en Pascuas del año anterior:

¡Verdaderamente ha resucitado!. Las puertas del Cielo son abiertas ante la multitud que se agolpaba contra ellas. El Ángel del Señor da permiso pues Él mismo en persona viene coronado de Gloria a reabrir las puertas que antaño habían sido cerradas por el pecado, el primero y mayor de todos. Así, el Verbo divino empuja de par en par los dorados fierros y una gran muchedumbre entra con un gran cántico de júbilo al Reino celestial, a la Jerusalén prometida, cantando al unísono: "¡Cristo resucitó, verdaderamente resucitó!", "¡Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios del universo!". Desde Adán hasta el Buen Ladrón Dimas, todos los justos han sido liberados del infierno que los cautivaba para ser llevados por las manos mismísimas que crearon el Cielo, la Tierra y todo lo que existe, es, fue y será;
todos los "benditos de mi Padre" se sientan al banquete y así lo repiten todas las Pascuas de Resurrección, a la mesa del Dueño, el Hospitalario, el Amo, el Señor, el Hijo de Dios que se sienta a la diestra del Padre junto con el Santo Espíritu a la cabecera del Gran Tablón de oro preparado por los mismísimos querubines y serafines para todos los justos de ese día y de los días venideros. La Madre siempre es la última en sentarse, pues atiende sin descanso las necesidades de "los que aún no han venido" dispensando gracias por toda la tierra como el rocío del campo que todo lo cubre y todo lo fecunda. Sabe que el Hijo se irá pronto y volverá de la mano una segunda vez trayendo consigo hasta el último invitado; y ahí la mesa quedará llena, la fiesta será eterna, el gozo y la alegría perfectos, y la puerta ya no será necesaria, pues el trigo y la cizaña ya habrán sido separados por siempre.

Aquel día en que Él venga aquí lo estaré esperando "más que el centinela a la aurora". Dios quiera que junto a mi señora y fiel compañera lo veamos con dicha en los ojos venir a buscarnos, y ojalá aquél día no se cumpla el famoso "hasta que la muerte los separe" pues al irnos juntos de la mano con la mano del Señor y su Madre, no nos separemos en el Cielo donde esperaremos el reencuentro de nuestros hijos y amigos. Quiera Dios que sentados, así como ahora mismo estoy, mirando mi jardín y las nubes, lo recibamos con presteza y en seguida, cuando Él disponga que el día triunfal ha llegado para los dos. Y resucitando con Él volvamos a nuestros asientos donde viviremos felices eternamente mateando y guitarreando con la visión beatífica del misterio trinitario que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un sólo Dios y Señor del orbe todo.
Dios quiera y espero que así sea.


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Don Camilo di Benedetto

Un Regreso Anticipado


"Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión". Ps 136

Volves José? Pregunto el cura al relatarme la trágica noticia.
Ya era domingo. Al amanecer, luego de haber orado con incertidumbre de los hechos la noche anterior, di la respuesta: vuelvo. Antes de partir se me fue ordenado preparar el bolso, no estaba preparado para ordenar, menos para retornar. Cumpliendo ordenes por mera inercia, prepare los ropajes, cargue todo a la "traveller, peugeot" y partimos.

Fue un día distinto, sin ánimos de conocer, sin ánimos de hablar, de reír, sin ánimos de nada. Visitamos aquel día unas ermitas de monjes, a pocos kilómetros de Viccio, mas mi alma no estaba allí, estaba junto con mi amada sufriente. Luego del almuerzo, los deliciosos sanguchitos, arribamos a la magnífica Florencia, pero esta vez no fue para adentrar en sus calles y plazas, sino para el principio del fin.

Me aconsejaron caminar hacia la cúpula, aquella gran estructura denominada stazione. Rápidamente los viejos compañeros de peregrinación y nuevos amigos, comenzaron a saludarme, no hice mas que corresponder esos abrazos sin saber lo que significaban, claro! costo días entender que eran un adiós, hasta pronto! Valija en mano, mochila al hombro comencé a caminar, era una nueva peregrinación, escucho a lo lejos un saludo final del hermano del Young Writer, me di vuelta y le extendí la mano.

Ahora si, estaba solo, completamente solo. Camine hacia el lugar indicado, tome el primer tren hacia la ciudad eterna hablando un idioma nuevo: español-italiano-ingles. Algunas horas mas tarde, baje del transporte en Termini y salí a las calles romanas. Decidí pasar la noche en la posada mas económica de la zona, y habiéndome acomodado, salí a caminar. Me fue difícil deleitar mi alma por aquella ciudad, estaba inquieto, sufría no poder acompañar allá mismo a mi doncella, sufría no encontrar al Dios vivo dentro de una capella abierta, era de noche ya. Recorrí hasta cruzarme con una monumental obra construida en piedra de miles de años, la llamaban el coliseo, empapado con la sangre de los mártires. Pero mi alma no descansaba, me pedía a gritos dar fin al viaje y volver a la patria. Retome al paradero y logre descansar, al menos físicamente.

Sonó la alarma, estaba amaneciendo y era un día largo, había que partir. Pidiendo algo de ayuda en el idioma ya mencionado llegue al aeropuerto. Fue una mañana totalmente agotadora, entre tramites y demás pase por la capella de Fiumiccino a pedir fuerzas y alguna explicación a todo lo sucedido, donde únicamente recibí insultos de una señora de habla inglesa. Tomando el vuelo hacia la tierra de Isabel y Fernando, logre apreciar una de las bellezas del Padre, la isla de Córcega. Arribe al país donde vive el emigrante, pero esta vez no fue para cantar tonadas y zambas con wiskys y habanos, sino fue una visita fugaz sin siquiera poder abrazar al gallardo.

La historia se repite, solo, desamparado, con la mente en la mujer que robo mi corazón. Tramites, esperas, recorrer aquel inmenso paradero de los cóndores automatizados y como no puede faltar, una visita a Aquel que me dio todo, Aquel que fue mi único compañero en aquellas andanzas fugaces e inesperadas. Todo se asentó en un corto instante, retomaría a la ansiada Patria por la mañana siguiente en un cóndor denominado airEurope. De a poco mi alma comenzó a cobrar vida por la mera idea de reencontrarme con ella, ya no era yo, sino el ansia que habitaba en mi lo que me movía, el motor para trasladarme a la puerta indicada en el instante previsto.
Aquella noche no pude dormir, no por la incomodidad de los sillones que moran dentro del ave sino porque el corazón latia muy fuerte de solo pensar en pisar la tierra de mis padres luego de todo un ciclo entero lunar.

Al descender del cóndor, pasando por largas filas de burocracia y poder salir al exterior, recibí un golpe en el pecho, una ola de calor me penetró hasta lo mas hondo pero ya nada importaba, estaba en la extensa argentum y cada vez mas cerca de mi tierra pequeña, la que asoma desde Lavalle a Malargüe, desde la majestuosa Aconcagua al eterno arco desagüadero.


Largas horas espere por el siguiente cóndor, de nombre AA. El corazón no podía mas, el sentimiento experimentado se asemejaba al de una pieza de música clásica, llegaba a su fin, sonaban tambores y cítaras, clarinetes y flautas, violines y violonchelos, el director movía sus brazos como olas embravecidas, todo se terminaba pero todavía faltaba. 13 D era el sillón que me llevaría, el mas reconfortable de todos porque daría el silencio definitivo a la obra, volaría directo a la katarsis.
Era de noche, todo estaba oscuro salvo algunas luces muy dispersas en el suelo. No podía leer, no podía escuchar, ni podía mirar la pantalla frente a mis ojos. Decidí terminar la peregrinación como empecé, dando gracias al Padre por todo lo recibido, y fue allí, sumergido entre salmos cuando ore con el profeta: "nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión". Levante la mirada y me desplome, vi a lo lejos, pero mas cerca que nunca a mi querida Sión, mi patria chica, mi Mendoza.

Don José del Alba

Corazón Cautivado





En una tarde de verano, se encontraba el Maleante con su gran amigo Oscuro, contemplando la caída de la tarde, la cual, los sorprendía en una suerte de duda inquietante. Inquietante en el sentido más estricto de la palabra, debido a que al Oscuro le habían llegado relatos de travesías, en extremo peligrosas, que llevaba a cabo el individuo que tenía sentado, a su lado, estupefacto, contemplando la caída del sol.
-¿No siente miedo? – irrumpió con firmeza el morocho.
-Ciertamente, muchas veces lo tengo, ciertamente… – respondió el otro con tono preocupado, pero como quien  no encuentra salida a semejante situación.
Los dos contemplaban, absortos, el atardecer. Los rodeaba un miedo gigantesco, a querer perturbar tal escena, que se les mostraba  imponente.
El Negro mirando a su amigo y recordando ese extracto, salido de boca del apóstol, reflexionó. “Más el mal que no quiero, ese hago”  y decidió callar.
-Pero ¿qué se puede hacer? – comentaba el malhechor, en un arrebato de arrepentimiento.
-Por lo pronto, no quedarse sin aliento. El quedarse sin aliento es lo que quiere esta gente perversa, a la cual usted está sometido –exclamó en una suerte de queja, como quien escupe un improperio.
-¡No se deje vencer! - dijo en un tono enojado el mismo muchacho que segundos antes pedía por su insistencia.
El Maleante, contemplaba a su amigo. Sabía que tenía razón, pero los gustos que habían llegado a deleitar en tales suburbios, lo habían dejado en tal posición que ya no tenía la voluntad de responder. El muchacho se encontraba arrepentido, en su interior, no en sus obras. La sensación, en su persona, era estrepitosa. Analizó su vida, en tan solo unos segundos y llegó a su cabeza la única certeza de su vida… “VIVO SUJETO A UNA VIDA SIN EMOCIONES”.
-Triste momento padece, compadre. Por ahora solo contemple, la Verdad reposa en ese ocaso del Sol- pronunció con profunda serenidad el Oscuro, mientras una lágrima brotaba de sus ojos.
En ese instante el muchacho, que había contemplado los confines del mal, desvaneció ante la imagen que contemplaban sus ojos, y el Genio, eternamente resplandeciente, potente y verdadero, lo había aplastado con su certeza.
Todo lo que no había visto hasta aquel día sino solo en personas santas, que se ocultaba en la mentira de su vida, que presentía y temía, todo eso, brillaba ante su cara necia, que no quería reconocer como la Luz es luz y las tinieblas son tinieblas.
La saeta lo había traspasado y fue mortal. El golpe fue mortal. Quería escapar, pero no tenía dónde.
Finalmente, encandilado ante tremenda luz, exclamó empapado en un mar de lágrimas ante su amigo:
-¡Gracias por saber callar en momento tan oportuno!
Su compañero lo miró y tiró una sonrisa un tanto picaresca y le dijo en tono apacible:
-Este momento es digno de un vino- con la intención de que su amigo empezara a deleitar cosas dignas.
En ese instante, los muchachos se levantaron y fueron en búsqueda de un lugar donde pudieran retozar, para que el ladrón probara por primera vez tal elixir.


El Maleante Arrepentido

martes, 13 de febrero de 2018

Relato de un corazón encandilado

Fue Zaqueus en busca de Isabella, según lo planeado, un miércoles a la tarde. Como cada una de las veces anteriores, su pulso iba acelerando a medida que caminaba dispuesto a llamar a la puerta de su hogar. Por quinta vez tocó el timbre y cuando salió ella, tuvo que disimular lo impresionado que estaba de su belleza, pues no salió sola, sino que a su lado venía una de sus hermanas para controlar que el de la Guerma no fuese un peligro para Isabella. Luego de un saludo cordial y de una corta serie de preguntas pudieron marcharse juntos, como lo habían planeado. En ese momento pudo Zaqueus mirar detalladamente el atuendo de aquella bella niña, su corto conocimiento en vestimentas hace imposible poder usar nombres propios de prendas, pero sin lugar a dudas podemos asegurar que ella lucía realmente hermosa con su vestido azul, que había escogido para deleitar al sensible hombre. Abrumado por su presencia, él condujo hasta un lugar conocido por el nombre de "El Rosedal" y allí, luego de preparar un pequeño "campamento" en el suelo, le entregó un obsequio: Una bolsa de cartón cargada de dulces (sabía que a ella le gustaban), y en medio de estos, elevandose hasta llegar más alto que la misma bolsa, una rosa blanca con tintes rosados en los pétalos, bella como su dueña.



 En aquella flor de la bolsa se identificaba Zaqueus, pues también su corazón sentiase elevado cuando los ojos de ella lo envolvían entero como escrutando cada detalle del pequeño hombrecillo que, lleno de gozo por su mirada y anonadado por tal regalo, permanecía silente dejando que ella recorra con la vista su corazón. ¡Oh,sí que es raro pensar que alguien pueda ver corazones! Pero quien comparta una mirada con Isa la Bella sabrá que estoy en lo cierto.

Luego de algunas horas de charla, Zaqueus se dispuso a tocar la guitarra, confiando en el poderoso cortejo que ofrecen las zambas, preparó la garganta, pero cuando levantó la mirada sucedió algo inesperado. Había llegado la hora del día en que la temperatura comienza a bajar acompañada de una fresca brisa, y las cosas bellas del mundo comienzan a brillar con fuerza sabiendo que en pocos minutos su luz morirá con el día para dar lugar a la noche oscura. Pues bien, en ese contexto destacaba Isabella brillando con una elegancia desbordante, los últimos rayos de luz del día caían sobre sus hombros descubiertos dibujando así una silueta que separaba los rayos de luz que caían inertes sobre el suelo de los que volvían a cobrar vida sobre su piel, haciéndola brillar como nunca antes. La fresca brisa cargada de su perfume calentaba los pulmones de Zaqueus, y la misma hacía bailar sus cabellos castaños que iban tomando el color anaranjado propio del sol poniente. Con esa imagen de frente quiso cantarle, pero se le olvidaba la letra, presa del nerviosismo, y cuando esto no ocurría notaba que estaba cantando en una tonalidad errada y no era capaz de corregirla. Luego de unos minutos pudo entender que Isabella es una elfa, y que ese ser abrumado por su mera presencia ocurriría cada vez que se vieran. Sin perder el asombro por estar cara a cara con una elfa, logró acomodar su voz y cantar otra linda canción para ella y, por primera vez, pudo comprender al enamorado Don Camilo, pues extasiado pensaba "Realmente es así, sería capaz de cantar todita la noche pa verla bailar".



Cuando ya el sol se puso detrás de las lejanas montañas, fueron a cenar a una acogedora y romántica estancia. Ella entró con su elegancia aplastante y, como si no supiera que había una decena de ojos clavados sobre ella, sonriendo a Zaqueus caminó hasta un rincón apartado. Separados por una pequeña mesa comieron, rieron y charlaron mirándose a los ojos y, al terminar, el camarero retiró los platos dejando libre la superficie de mesa que los separaba. Él vio la oportunidad y cerrando los ojos con pavor, tomó su mano de un sólo movimiento rápido y certero. El tacto con su piel hizo recorrer una sensación electrificante por todo su cuerpo, con miedo abrió los ojos para mirarla y ella le regaló una sonrisa que borró todos sus temores. Luego de unos minutos, mientras charlaban tomados de la mano, ella comenzó a pasar lentamente sus dedos por el brazo de Zaqueus ¿Podría el cariño vencer a la biología, es posible? ¿Acaso es el amor más fuerte que la naturaleza? Pues él podría jurar que la sangre que corría por sus venas en ese momento frenó su movimiento natural y comenzó a seguir perfectamente el "subir y bajar" de la mano de Isabella. Luego de unos minutos, consciente de toda la verdad que nacía en su corazón, emocionado tomó sus manos y mirandola a los ojos, !Oh esos ojos!, dijo: "Te quiero niña"

Escritos como whisky; Gallardos como barrica

Estaba pronta su partida; la de don Pelayo, digo. Pues tornaba ya de vuelta a la tierra del Cid Campeador. Larga había sido su estancia en la Patria, gallardas amistades había trabado. Pero volvía a su condición de Emigrante, muy a su pesar.

Hicieron una juntada en los Gamos, a modo de despedida de este Gallardo Errante. Pocos eran los elementos necesarios para hacer un evento como Dios manda: carne, alcohol y guitarras. Y así se hizo. Ya estaba todo dispuesto en dicha casa. Y caí yo el primero, por charlar con estos hermanos de los Gamos (¿gamusinos?). ¡Qué hombres hechos y rectos!. El mayor, era el Princeps de los Gallardos sin Gala; y el menor, el de los Domingueros Literarios. Cada cual más magnánimo que el otro. Y, estando con ellos, surgió la preocupación por las publicaciones en el Blog.

-Yo pienso que no hay mucho movimiento en el Blog –sentenciaba don Camilo.

-Es cierto, o al menos no tanto como hace unos meses atrás. Ya pocos son los que comentan, y menos los que escriben –dije yo con exageración.

Don Virula sacando su pipa de entre las muelas dijo parándonos los pies a estos dos jóvenes impulsivos:

-¡A ver, a ver! ¡No sean dramáticos! El Blog marcha bien, creo yo. Simplemente que estamos todos un poco dormidos por el verano, ahora que ya ha transcurrido un tiempo considerable de vacaciones, empezarán a llover escritos con las experiencias vividas por cada gallardo.

Los venerables rulos de don Virula parecían los cuernos de sabiduría del Moisés de Miguel Ángel. O así me los imaginé yo. Ciertamente tenía razón, estábamos exagerando un poco, y no adecuándonos a las circunstancias. Y se lo reconocimos. Nos quedamos en silencio fumador los tres, pensando. Hasta que habló don Camilo:

-Pero, ¿no cree, don Virula, que es bueno fomentar que se publique más? Es que sé de muchos que escriben pero no se atreven a publicar…

-Si… También conozco varios casos... -dijo triste el venerable ruludo- Pero, ¿por qué es importante publicar y comentar? Esa es la pregunta que tenemos que hacernos y respondernos.

Llegó en eso don Calixto de Medina, vino en mano. Y nos paramos a saludar. ¡Qué tipo tan interesante ese Calixto!, tiene bastante potencial.

Después de descorchar el vino y servirnos en nuestras respectivas copas, volvimos a tomar asiento y, mientras don Calixto cortaba el queso por mí traído en la mesa, el resto lo acompañábamos con nuestra charla. Y decidí volver al tema anterior, pues obviamente no se había agotado:

-Yo pienso, si me permiten, que la importancia de publicar y comentar es muchísima. El Blog se inició con el objetivo de salvar al mundo… ¿No dijo Dostoievski que la belleza salvaría al mundo? Entonces, ¿qué hacemos que no escribimos cosas bellas? ¡El mundo se va al pique y nosotros de brazos cruzados!

Dije esto último tirando el corcho del vino, medio enojado. Ya era conocida y tolerada por los gallardos mi falta de templanza. Pero tenía que corregirme en eso, por ello me callé, para cortar en seco ese mal carácter. Notando esto, el bueno de don Calixto tomó la palabra para continuar hablando mientras cortaba el queso y quitar la atención de mi tan vistoso vicio:

-Coincido en lo que ha dicho, Don Pelayo. Y aporto un argumento más, si me permiten, con una metáfora. Conciban los relatos, ensayos, poesías y fábulas como un whisky recién destilado del corazón del escritor en cuestión. Un whisky recién destilado es feísimo, no tiene apenas sabor ni color, es casi puro alcohol. Ese whisky necesita de una barrica añeja de roble, con un poco de madera de naranjo, e incluso algo de miel (el Cardhu de 12 años tiene estos elementos además de otros, es exquisito). Pienso que para ese relato o poesía, su barrica es el Blog. Digamos que la entrada o publicación del escrito es el whisky en la barrica, y los comentarios son los distintos sabores y matices, olores y colores que va agarrando el escrito, a base de críticas, reflexiones o felicitaciones. Por esto creo que es necesario no guardarse los escritos, pero tampoco tirarlos a los cuatro vientos, sino darlos a conocer a unos pocos que tengan similares criterios, gustos y sensibilidades, para que puedan los escritos ir tomando robustez y forma.

Los otros tres estábamos atónitos ante tan excelente exposición. Teníamos sed de más, queríamos que siguiese exprimiendo esa metáfora tan exacta. Pero don Calixto había cerrado ya su boca, y la llegada del resto de gallardos había dado por terminado el tema.

Y fue así que pasamos el día comiendo, chupando y cantando. Ese es el día que más gratamente recuerdo de mi estancia en la Patria, y el que conservo con mayor cariño. Pues los gallardos son una compañía exquisita, y porque aquel día aprendí que los escritos son como el whisky, y los gallados como barrica.



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Emigrante Nostálgico.

lunes, 12 de febrero de 2018

Acerca del Godoy y su calle más bella

Volvía el Marqués del Godoy de una visita por sus dominios. Las fronteras siempre hay que cuidarlas, y, según se comentaba, había gente del Fuchs que se quería sublevar contra el Señor del feudo godoycruceño, por los altos impuestos y el "ius primae noctis" que últimamente aquel exigía a sus vasallos cuando se desposaban. Y es que, no por ser Marqués, dejaba de ser humano. (Valga recordar que aun así, por la gran amistad que los unía, había eximido del derecho a la primera noche a Dom Abbuba, el Staret del Violín, y a Don Virula de los Gamos).

Cansado así como estaba, el Marqués invitó a cenar al Ojota, su gran amigo del histórico Guaymallén- departamento que el Marqués despreciaba en apariencia, pero estimaba en verdad-. Así pues, pasadas las 10 llegó Don Fonsé en su siempre digno de admiración Halcón Milenario, recién lavado por cierto. No venía sólo. Había traído de pasada al gran Staret y al de los Gamos, el mayor.

Y así arrancó la noche, sentados a la mesa, con toda clase de manjares alrededor, y doncellas bailando al compás de un muy templado y contrapuntístico Bach. Como no podía ser de otra manera, la conversación pronto decantó en lo que probablemente más amaban aquellos hombres (exceptuando tal vez-sólo tal vez- a las damas): las calles y avenidas de la querida Mendoza.

-"No se que opinarán los presentes, pero sin dudas la Cervantes es la joya más importante de estos feudos."- acotó Don Virula de pronto-"Los follajes de los árboles extendiéndose por kilómetros sobre la vía, asemejándose a un túnel del Espacio-Tiempo (también conocido como Agujero de Gusano) es como un elixir que alimenta mi asombro e ilusión de que quizás todavía hay belleza en las cosas."


"¡Te equivocas amigo mío!"-soltó bruscamente Dom Abbuba-"Es en verdad muy bella la mentada calle, más hay una aún más bella, y sobretodo más querida al pueblo del Marqués. Claro está que hablo de la gran Perito Moreno. Modesta en belleza, pero más colosal en importancia y en historia que cualquier otra del feudo. Desde la Gran Plaza Municipal hasta la punta de la Puntilla, valga la redundancia, no se interrumpe, siempre fiel. Además, en ella vive Evilio, el Confesor de almas, que adivina los pecados abriendo los corazones de los hombres con las llaves de San Pedro, el pescador".


Don Ojota, riendo entre dientes, miró con soslayo a sus amigos y dijo finalmente:
"Se equivoca Don Virula y se equivoca Don Abubba. La perla entre las perlas, más fina que la seda y más brillante que el sol naciente, no es ninguna de las nobles calles que nombraron. En verdad se escurre por Chacras hasta entrar en el Godoy como en un estuario. Es el pasadizo secreto, el atajo bendito que sólo los sabios utilizan para escapar a las maldades de los semáforos y el tránsito. De la gran Álzaga hablo."

El Marqués, que hasta entonces había escuchado a sus amigos atentamente, irguió su larga figura sobre la mesa y pidió el cese de la danza y el silencio de la música.
"¡Ea! Maravillosas palabras han sido pronunciadas por boca de ustedes. Gratificante es en verdad oír los halagos con que cubren a mis pagos. Y gran alegría me da no sólo que vengan de sus habitantes- dijo inclinando la cabeza en señal de aprobación a Dom Abbuba y Don Virula- sino también que los hijos del Cacique sepan apreciar la belleza con que la Trinidad quiso adornar estas pocas hectáreas.

Y de pronto, con mirada taciturna y gesto imperturbable, el Marqués soltó en alta voz:
"Mas errados están los tres, debo decir. Pero no tienen porque lamentarse, ya que hasta hace poco habría yo mismo opinado como uno de ustedes. Las joyas mencionadas, a pesar de su resplandeciente virtud, son tuertas. El misticismo que Cervantes tiene, ni Perito ni Álzaga lo poseen. La virginidad de ésta última, las otras dos no la tienen. Y el amor en mi pueblo por ésta última es sin dudas superior a las otras dos."

Fonsé, con agitada expectación y un poco de incredulidad, inquirió:
"¿Cuál es entonces, pues, la más gloriosa de todas las calles y avenidas de este Marquesado?"
El marqués respondió:
"Hace poco no más que la he adquirido, y bastante he tenido que dar a cambio, ya que tuve que entregar todo el barrio bancario. Sin embargo, una ganga considero que ha sido. Si el dueño realmente hubiera entendido de lo que se estaba desprendiendo, probablemente me hubiera quintuplicado su precio. O ni siquiera me lo habría vendido."

La expectación crecía dentro del salón. Intrigadas miradas iban de aquí para allá, oteando la situación. Finalmente, continuó el noble:

"Italia tuvo sus terruños en la lejana África, España en Ámerica, e Inglaterra en todo el orbe. Ésta última nación, sabiendo que quien domina los mares domina el mundo, se hizo ni más ni menos que del Peñón de Gibraltar, lugar que probablemente nuestro camarada Don Pelayo conozca mejor que cualquiera de nosotros. Pues bien, el Godoy también desde hace escasas semanas tiene su peñón de Gibraltar: he adquirido el cóndor de Mendoza."

Don Abbuba estalló en una carcajada: "¿De modo que nos has hecho esperar con tanta ansiedad para decirnos que compraste el cóndor?¿ La intersección entre el acceso Sur y el acceso Este?"
Los demás también rieron con sorna. Sin embargo, el Marqués, tomando tranquilamente la palabra dijo:
"Esa es exactamente la reacción que tuvo el Intendente de Guaymallén cuando oyó mi propuesta. A pesar de ello, intentaré iluminarlos. El cóndor de la ciudad de Mendoza no es más que el verdadero centro del mundo terrestre. Y esto en el más estricto sentido."

"¿A qué vas Marqués, de una buena vez?", interrumpió súbitamente Don Ojota.

"Saben bien que el centro del mundo ha sido fijado arbitramiente por dos líneas: el Ecuador, y el meridiano de Greenwich. Más ello no ha sido más que un capricho masón para dejar al Tercer Mundo lejos de los eventos importantes de la tierra. El verdadero origen del sistema de coordenadas terrestres-latitud y longitud-debe estar en ese cóndor. He aquí el motivo: el viejo acceso Este no es más que la Ruta 7, que va desde el mismísimo puerto del Buen Ayre hasta el pie del Aconcagua. Por otro lado, el acceso Sur es la Ruta 40, que extiende sus brazos desde la Quiaca hasta Ushuaia. Así pues, éstos dos caminos, los más importantes de nuestra Patria y por lo tanto del mundo (nadie dudaba en aquella mesa de la superioridad de la Argentina) se interceptan en un único y particularísimo punto, el cual desde hace poco me pertenece. Y ese nudo, ese empalme, tiene el misticismo cósmico de Cervantes, la importancia histórica de Perito Moreno, y esconde el secreto bendito de Álzaga."

Los demás, perplejos al descubrir tamaña verdad, quedaron boquiabiertos. El primer en romper el silencio fue Don Virula:

"Ahora así hablas con claridad y en verdad vemos la grandeza de tu adquisición. Quiera Dios que los topógrafos del mundo quieran reestablecer el origen del cosmos adonde pertenece, al inconmensurable cóndor."

Con un chasquido de dedos del dueño de casa, la música volvió a escucharse y las doncellas volvieron a agitar pañuelos. Y los amigos reunidos brindaron con el whisky en mano, y pasaron a otro asunto.




Corazón contrito y humillado

                       






Una gran pena me aqueja
mi alma no está serena,
perdón te pido, Dios mío,
por sentir tan gélido frío.

Porque se ha apagado Señor
la ardiente llama de tu amor,
pues este mísero corazón
se desvela ansioso de perdón.

Y en esta humilde oración
que del corazón me brota,
al Rey quisiera impetrar:

Aparta de mí este peso,
pero si me lleva a tu Amor,
que se cumpla tu Voluntad, Señor.

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Don Calixto Medina

Historia de una Amistad


Él fue quien me escribió primero. Me escribió para pedirme el libro "Salmos y Cánticos" de Luis Alonso Schökel. Empezó diciendo: "Don Pelayo, ¿cómo está? No nos conocemos, pero soy amigo de don Virula y don Hilario...". Suficit.

Ahí empezó nuestra amistad. No conocía yo a Schökel, pero debió ser un buen tipo, porque gracias a que escribió ese libro, The Young Writer me contactó para comprarlo, y se inició nuestra amistad.
Me dijo que estaría de viaje por la Cristiandad, y que pasaría los primeros días en la capital de los Austrias. Entonces le comenté que podíamos vernos el 31 de diciembre. Y así quedamos.

La fecha se iba acercando, y mi alma se estaba impacientando. Quería conocer a aquel gallardo de quien tanto me hablara don Hilario en su estancia por esta tierra de conquistadores, quería sellar nuestras almas trenzando unas palabras, conocer su alma a través de su honesta mirada, saber de su hombría en un viril y gallardo apretón de manos.

Cada gallardo que pisa estas tierras en que habito es para mí como una bocanada de aire fresco es para una persona fatigada de trabajo, es como un poco de oxígeno para una persona que se ahoga. Y es que estoy en la soledad propia de quien, anhelante de su Patria celeste, no puede gozar del consuelo de su Patria terrestre. Así que tenía que ver a ese gallardo que llegaba.

Y hete aquí que llegó el día señalado. Cenaba yo con mi familia, como es justo hacerlo en ese día, y entonces se me dieron las indicaciones: "nos vemos a las 00:40 en la Parroquia de Nuestra Señora de Europa, calle Nágera. Allí estamos alojados, te espero en las escaleras de la parroquia".

Llegó la hora de salir para allá. Agarré un whisky que tenía a mano en casa y salí. Iba en auto. Mi corazón palpitaba rápido, es inútil negarlo, pero la batalla estaba en la cabeza: "¿y si no lo reconozco?", "¿y si no sé de qué hablar?", "no voy a conocer a nadie". Pero se esparcieron estos pensamientos como culebras serpeantes y cobardes cuando me dije convencido: "es un gallardo; ya es amigo, nada hay que temer".

Y llegué a las escaleras de la interminable iglesia, y allí había dos personas, uno con boina, y el otro no. Estaba oscuro, no se veía mucho. Bajé. Me fui acercando, y reconocí a uno de los dos: era don José del Alba, gran amigo gallardo de la infancia. Y es que no había cambiado en absoluto, sólo en virtud, hacia mejor. Le planté un abrazo como Dios prescribe que debe hacerse. Y entonces, dijo el de la boina: "yo soy The Young Writer, don Pelayo". Como dije, portaba una boina, color vino. Vestía pantalón claro y campera azul. Algo de barba asomaba por su faz. Sonreía con sinceridad. Su mirar era efectivamente honrado, caballeresco, noble y puro. No había en él doblez, ni siquiera un pliegue. Y me plantó el mismo abrazo, pues no sólo Dios prescribe dar un buen abrazo a los amigos del pasado, sino también a los del porvenir. Y ambos teníamos esa certeza, éramos gallardos, y una amistad se acababa de fundar.

Después de estar charlando un rato breve lo tres muy efusivos, pasamos adentro. Mientras íbamos camino de la sala donde se encontraban todos desenvainé el whisky que traía, un Red Label, y me lanzaron una mirada cómplice. Y es que el whisky une. Pasamos con la gente, y los cuatro ensotanados sacerdotes que allí había, amable y diligentemente se acercaron para saludarme, y gritaron al resto anunciando que había venido con whisky. Hubo alegría, y mucha. Estaban todos sentados en círculo, guitarreando. Nosotros tres nos colocamos juntos, para poder charlar. Ya sabíamos que no se debía hablar mientras se guitarreaba pero, entiéndannos, era una causa justificadísima. Estábamos ávidos por recordar, por reconocernos.

Ahí tuve la ocasión de conocer al hermano del Young Writer, del mismo corte noble que él. Los Writer son gente gaucha, de eso no hay duda. Y también tuve el placer de conocer al recitador supremo, al gran Don Rionnes. Guitarreamos hasta las 3:00 a.m., y hubo algunos que bailaron. No me corresponde como sobrino del Tío Niebla hacer este comentario, pero había un ángel en aquella sala que cantaba como un serafín, tenía el carácter del Arcángel San Miguel, y la dulzura del Arcángel San Gabriel, y la prudencia del Arcángel San Rafael. Una mujer realmente bella y virtuosa. Quiera Dios que el hermano del Young Writer la haya conquistado para ángel de la guarda.

Al terminar la guitarreada salimos, guitarra en mano, por las calles de la ciudad, en busca de una taberna que ofreciera pan líquido. Y la encontramos. Simplemente cambiamos la guitarreada de lugar. Había gentes de otros países que se acercaban a escuchar la belleza de la poesía y la armonía de la musicalidad del folclore argentino. Se cantó un buen rato, con algo de frío, pero la calidez del ambiente atemperaba la frialdad de la noche. Se me mandó incluso que tocara algo de flamenco, para que uno de los expedicionarios que había venido pudiese bailar con una española el baile tan típico aquí. Hice lo que pude.

Ya a la vuelta, cuentan las musas y susurran los duendes que The Young Writer conquistó a una francesa, que quedó con el corazón fraccionado al marchar su galante caballero por las Uropas en busca de travesías dignas de ser contadas. Esto ya no lo cuentan, sino que lo vi yo mismo, y es que TYW incluso enseñó a bailar a dicha afrancesada señorita un baile típico nuestro: la chacarera. Ese momento fue memorable. Sabe Dios si se verán en un futuro, lo que sí sabemos todos es que en el corazón de aquella jovencita plantó nuestro amigo la semilla del amor.

Ya volviendo a la parroquia, a eso de las 5:00 a.m., se retiraron todos a dormir, salvo nosotros tres: el don José del Alba, TYW y yo. Preparamos un mate, y nos sentamos a charlar. Se habló de cosas elevadas, como de la cerveza de trigo, de la añoranza de la Patria y de las Sagradas Escrituras. Estuvimos poniéndonos al día con nuestras respectivas vidas. Y ya a las 6:00 a.m. tuvimos que clausurar, más que nada porque nuestros ojos estaban precisamente clausurando sin nuestro permiso. Me acompañaron a las suntuosas escaleras de la parroquia, y allí nos despedimos, con dolor en el alma, pero con gozo en el espíritu, tres almas habían crecido en amistad.

Doy gracias al Altísimo por esa noche. Pues Él me cuida en mi exilio, regalándome pequeños consuelos para el alma sufriente. Esa noche, un bálsamo fragante había inundado mi nostalgiosa soledad. Así como Gauvain en un día se juró amistad perpetua con Perceval, así yo me juro amistad fiel con mi querido gallardo.

Ahora ya ni el tiempo ni la distancia truncará esta amistad surgida entre The Young Writer y yo, don Pelayo. Pues el alma no conoce de tiempos ni de espacios. Pero lo que sí intuye el alma son las almas semejantes. Y yo les digo, gallardos todos, esa noche mi alma encontró a una semejante.


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Don Pelayo.

domingo, 11 de febrero de 2018

La Matina

Sonó el despertador a las 6:00 de la mañana. No crean que por arte de magia, sino porque don Pelayo se había propuesto levantarse a esa hora, a pesar de que tardase poco en ir a la facultad, que empezaba a las 8:50. Y es que se había hecho un propósito de rezar tranquilamente por la mañana.

Al sonar el despertador llovieron las tentaciones, casi pareciera que el despertador es la campanita que hay en las puertas de los quioscos, esas que avisan de la llegada del cliente. En este caso, avisaba la alarma de la llegada de la tentación. Y se sucedieron una tras otra. Primero, que si mejor levantarse cinco minutos después; luego que si lo importante es llegar puntual a la facultad, que queda tiempo de sobra para eso, por ello mejor seguir durmiendo y estar descansado; por último que si nadie le ve, nadie se dará cuenta ni le reprochará el no haberse levantado a la hora propuesta, total, la asistencia no es obligatoria, sino opcional.

Y en ese momento de máxima tensión y tentación, vino en auxilio el Señor, con la frase que ya se había aprendido Don Pelayo de memoria para estos casos: "despierta como si este fuera el último día que vas a vivir". Y ahí no más saltó como un resorte don Pelayo. Y es que se le vino a la cabeza el juicio particular, imaginándose a Cristo, Rey del universo diciéndole que no se levantó a la hora ese día, que no cumplió su propósito. Y eso le ruborizó: "¡cómo no levantarme a esta hora y vencer el sueño, si Él se levantó de entre las entrañas de la Tierra venciendo al Sueño al tercer día, por redimirnos!".

Esa frase era infalible. Tenía don Pelayo una para la mañana, para despertarse, y otra para la noche, para acostarse. La de la noche le servía para no acostarse sin estar en paz con todos, pero sobre todo con Dios. Pues, ¿y si moría esa noche?

En fin, lo dicho, don Pelayo se levantó. Y tenia por propósito el, nada más despertarse, sentarse en el suelo, prender la vela de su pequeño oratorio, y rezar las oraciones de la mañana, que unas veces eran Laudes, y otras, otras oraciones. Después preparaba el Evangelio del día, meditaba y seleccionaba un comentario en la Catena Áurea de algún Padre, y enviaba esta selección a un puñado de gente que pacientemente recibía de él estos mensajes, cada día.


Esa mañana le llamó especial atención el cántico evangélico del Benedictus, le dió materia de meditación. Y es que, se quedó meditando largo rato la parte de: "nos visitará el Sol que nace de lo alto". -"¡Qué potencia!" -pensaba- "Verdaderamente Cristo es el Sol que nace de lo alto. Ese Sol del mediodía, ese Sol que no nace de ningún Levante, ni se pone sobre ningún Poniente, porque es un Sol que no surgió en un principio, ni se pondrá en un final, sino que procede de lo Alto, siempre estuvo en lo Alto, allí fue engendrado."

Estas cosas pensaba. Hay que detenerse en este punto, porque verdaderamente tiene jugo la frase del Benedictus que tocó el alma de nuestro gallardo. Y es que lo que caracteriza al sol del mediodía es que no proyecta sombras, como sí lo hace a otras horas del día, cuando está naciendo o muriendo. Pero cuando está en lo alto, su luz desciende rectamente sobre las cosas, no proyectando sombras más que sobre aquellas cosas que están torcidas. Sin embargo, en las cosas rectas no hay sombra a los ojos de este Sol del mediodía. Y estar rectos es estar orientados verticalmente a este Sol. Dios nos conceda la gracia de enderezarnos, para no tener sombras, para orientarnos al Sol que nace de lo Alto, y que éste Sol no vea sombras en nosotros.

Después, don Pelayo se duchó, vistió, desayunó, se lavó los dientes y partió a la facultad. Pensando en el trayecto que, si no se hubiese despertado, no habría podido meditar sobre ese Sol que nace de lo Alto. Y daba gracias a Dios por haberle concedido la gracia de despertarse. Y así, ese día lo empezó orientándose al Sol, y sólo Dios sabe cómo lo terminó.

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Don Pelayo.

miércoles, 7 de febrero de 2018

"Delirios de un corazón herido pero contento"

“Estimados gallardos y poetas del domingo literario, disfrute todo un año, gozando sus rimas, rumiando hermosos escritos y disfrutando de cuentos, que me sentí en deuda al no compartir nunca mis escritos o mis versos.

Si algún día Don Hilario lee esto, se pondrá contento, porque cumplí con mi palabra de subir algo de lo que tengo…

Al igual que ustedes escribo demasiado aunque casi no muestro, pero tenía que hacerlo y tal vez se sorprendan porque lo que hoy publico, No va dirigido a ustedes, no tendrían ni siquiera porque saberlo, pero cuando hace unos días termine de escribir la siguiente carta, a quien iba dirigida ya no podrá leerlo, no conoce de nosotros y ya no hay motivos para mostrársela.

Sin más explicaciones, ni pretextos les dejo lo último que broto de mi pecho…
Mi siempre estimada Estefanía, no podía dejar de contarte que sigo siendo el mismo loco pero cuerdo, estando sereno pero en el fondo inquieto, polos que me tienen abrumado en desconciertos, paradoja que me mantiene siempre sonriendo…

Todavía te recuerdo, tu mirada enamorada, tus frases y el consejo en tus silencios, fue poco tiempo pero tan intenso, que el pensarlo me hace creer que compartimos demasiado momentos. Mi intención fue amarte a cualquier precio, incluso cuando la gente se reía de mi intento, y aunque dicen que fracasamos, para mí, para mí fue un verdadero éxito…

Porque de nada me arrepiento, a pesar del dolor de la nostalgia y los malos tragos del recuerdo, porque vivimos bien, dando lo mejor, regalándonos hermosos gestos.

Y cuando hablo de amor, ya tengo fundamento, fuiste el primero, porque contigo descubrí que un beso puede ser puro y bello, descubrí que tomarse de la mano, nos recuerda que existe un cielo y descubrí que una sonrisa tuya refleja esperanza de un mundo bello y que el amor ordena las pasiones y da motivos en cada momento.

Todavía recuerdo, tu mirada encantadora, demostrando que estaba yo, encabezando la lista de cosas raras que te enamoraban, ahí figuraba, religioso trabajador y contento, cuando decidiste entrometerte en mi vida, sin pedir permiso ni dar argumentos.
Y aunque la gente no lo entienda, de nada me lamento, porque me enseñaste lo que no encontraba en los manuales, mostraste mis virtudes y supiste encausar y ordenar mis dramáticos y rebuscados pensamientos ciertos.

 Gracias, mujer y niña, por compartirme tu historia, regalarme tu tiempo y principalmente por amarme desde tu corazón sincero. 
Lograste  sacarme del club de las tinieblas y me diste fundamentos para ayudar a quienes requieren un consejo.

Gracias a ti, viví la misericordia, penetre un poco más el evangelio, fuiste el puntapié a nuevos pensamientos, lograste que rezara más profundamente, y me dejaste en claro que tengo que ser mensajero de la Palabra, día y noche, en todo momento…

Hoy cierro los ojos, recordando tus latidos y tus labios dándome un delicado beso, con tus mejillas enrojecidas buscabas esconder tu mirada, mientras yo acariciaba tu pelo suelto y así todo, reconociendo que te extraño, se que tenía que dar un paso al costado y el tiempo tiene sus caminos, y el destino providente se encargara de mostrar la luz a nuestro futuro incierto.  

En nuestra lucha, dimos lo mejor y no llores al extrañar nuestro afecto, mira para atrás y sonríe agradecida de dejarnos enseñanzas y de haber aprendido tantas maravillas.  Que vuelva la alegría a nuestros rostros!!! Y que sea Dios quien disponga de nosotros, dejemos que nos lleven sus caminos, destapemos nuestros oídos para escuchar sus consejos, que te aseguro que así vivirás segura, feliz y sonriendo…

Jamás dejes de procurar el bien, acepta la verdad sin ponerle impedimentos y  que disfrutes siempre de lo bello. No dejes de robar flores en el mercadito, perfumando lo que escribes, encerrando en fotos hermosos colores y sentimientos, dale a quien te acompañe tu cariño, llena el mundo de color amarillo y si algo te molesta, devuélvele un buen gesto. Sonríe aunque sé que en las mañanas te cuesta, pero todo esfuerzo vale, con tal de sobrellevar la lucha que llevamos por dentro, pues lograras paz, felicidad y amor sincero.

Mi deseo es que ojala tu luz, brille en la retina de los que te conocen. De mi parte, sabes que siempre te deseo lo mejor y manten la esperanza, llegaras a buen puerto, y seguro será mejor que yo...

 Perdón por mi cuerda locura, de quererte tanto y dejar de lado lo nuestro, no vayas a pensar que soy melodramático o trágico, porque tu sabes que en el océano de mi corazón, necesito navegar solo mar adentro…

“Duc in Altum”


P.D.: Ama a todos lo que te rodean, porque el que ama, no cansa, no se cansa, ni descansa…


Atte Don Eutrapelio Cozzetti.